Volumen 6 - Nš34 - 1996

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

ARTICULO

Tambopata
Un refugio de Vida Silvestre en las Selvas del Perú

En el corazón de la reserva se encuentra el centro de investigaciones de Tambopata, creado con el fin de estudiar la biodiversidad de la región, tarea que lleva a cabo con la colaboración de la New York Zoological Society y la WildIife Conservation Saciety (WCS), también de Nueva York. El centro está equipado para albergar a investigadores que trabajen en diferentes proyectos. Su edificación principal consiste en una plataforma de 300m2, con sanitarios, cocina, comedor y un laboratorio, y su arquitectura sigue las líneas de las malocas, las moradas de los nativos de la zona, abiertas a los costados para permitir un contacto directo con la selva y la vida silvestre circundante. En torno al centro, además, se han abierto 25km de senderos, que recorren gran parte de los hábitat de la zona. Desde 1990, se lleva a cabo allí una investigación sobre ciertos loros de la región, los guacamayos -también conocidos por aras o papagayos (en inglés, macaws)-, que tiene por objeto el cónocimiento y manejo de poblaciones silvestres de esas aves. El proyecto está a cargo de científicos peruanos de la Universidad Agraria La Molina, bajo la supervisión de la WCS. Los fondos para su financimiento provienen, principalmente, de fuentes privadas peruanas, en especial, la industria.

El centro de investigaciones de Tambopata ofrece a los científicos la posibilidad de realiar estudios relacionados con el ambiente natural y su conservación.

Dos especies de Guacamays: Ara Macao (centro) y A. Chloroptea. La primera se caracteriza, entre otras cosas, por una leve coloración amarilla en el plumaje de la cabeza. La segunda presenta un estriamiento de color rojo debajo de los ojos.


Existen dieciséis especies de guacamayos que habitan las selvas tropicales y subtropicales del continente sudamericano, distribuidas desde el centro de México hasta el norte de la Argentina. Están incluidas en tres géneros: Anodorhynchus, Cynanospitta y Ara (orden Psittaciformes, familia Psittacidae). Los guacamayos se diferencian del resto de las 340 especies de loros que hay en el mundo por sus largas colas y grandes picos, cuya fuerza posiblemente no sea superada por ninguna otra ave. Ocho de las dieciséis especies son de gran tamaño: los adultos pueden medir más de un metro, de la cabeza a la cola. Tienen plumajes con coloraciones muy vistosas y, entre las aves, su inteligencia es comparable a la del chimpancé entre los primates. Sin embargo, estan desapareciendo, debido a la destrucción en gran escala de las selvas y a su captura para mascotas. De hecho, diez especies de guacamayos se encuentran actualmente en peligro de extinción.

En Madre de Dios viven ocho diferentes especies de guacamayos, las que todavía son relativamente abundantes. Sin embargo, muchos aspectos de su biologla aún se presentan bajo signos de interrogación, sobre todo lo que respecta a su alimentación (no se sabe bien por qué, en ciertas épocas del año, comen la tierra arcillosa de ciertos acantilados), reproducción y estructura social. El estudio de los guacamayos de Tambopata se propone desentrañar algunos de esos misterios. Se ha inspirado en una antigua costumbre de los machiguengas, nativos que habitan el río Manu, situado a unos 400km al noroeste, quienes crían guacamayos desde su nacimiento, como si fueran mascotas, pero, al alcanzar las aves la edad adulta, las liberan para que se reintegren a las poblaciones naturales. Sin embargo, luego de haber aprendido a interactuar con el hombre desde sus primeros días de vida, los guacamayos regresan a diario en busca de comida y afecto, a pesar de verse en absoluta libertad.

Ara Ararauna a los cinco dias de nacido. Los pichones eclosionados en incubadora deben conservarse en condiciones cotroladas de temperatura y humedad y alimentarse cada sesenta minutos.

Ara Macao a los treinta dias, con plumaje en pleno desarrollo.


Siguiendo las técnicas de los machiguengas, en una primera etapa los científicos identificaron los nidos naturales de guacamayos en los alrededores del centro de investigaciones y sumaron a ellos varios nidos artificiales. Su trabajo se centró principalmente en las tres especies de mayor tamaño: el guacamayo escarlata (Ara macao), el rojo (A. chloroptero) y el azul y amarillo (A. ararauna). Los dos primeros anidan en cavidades naturales de las eritrinas (Erythrina sp.) -el mismo género que el ceibo de la cuenca del Plata- y otros árboles, en el dosel alto del bosque, a una altura entre los 10m y los 50m del suelo. El tercero prefiere los tallos muertos de algunas palmeras, como el aguaje (Mauritia flexuosa).

La información obtenida durante los primeros tres años de estudio sugiere que, de cien parejas de guacamayos, sólo entre diez y veinte intentarán aparearse en un año determinado y, de estas, sólo entre seis y catorce tendrán éxito. El macho y la hembra son idénticos en apariencia (técnicamente, son especies sin dimorfismo sexual), por lo que sólo es posible identificar el sexo de un individuo mediante la observación directa de su comportamiento. La época de reproducción comienza en diciembre y la hembra pone dos huevos, que incuba durante cuatro semanas. Si los huevos sobreviven a las vicisitudes climáticas y los depredadores (tucanes y hurones o tayras), los pichones nacerán en enero, con no muchos días de diferencia. El primogénito gozará de mayores ventajas competitivas, por ser alimentado siempre en primer lugar por la madre, por lo que el otro no sobrevivirá sino en raras oportunidades. Cuando el pichón alcanza los tres o cuatro meses comienza a aprender el arte de volar, con ayuda de los padres.