Volumen 6 - Nē34 - 1996

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

CIENCIA Y SOCIEDAD

Priones y Vacas Locas
UNA CURIOSIDAD CIENTIFICA QUE SE CONVIRTIĶ EN
NOTICIA DE PRIMERA PLANA

A partir de 1989, el gobierno británico tomó medidas para terminar con la epidemia de EEB y evitar la posibilidad ya entonces oficialmente considerada "remota y teórica", de que se pudiese transmitir a humanos. Primero hizo obligatorios la denuncia de los casos sospechosos y el sacrificio e incineración de los animales enfermos. En 1989, prohibió el uso de restos de ovejas y vacas en alimentos para ovinos y vacunos destinados al consumo humano, y el empleo de derivados de cerebro, medula espinal, bazo, timo, amígdalas e intestino de bovinos en la alimentación humana y en fertilizantes (esto, a pesar de que sólo el cerebro y la médula espinal han demostrado ser infectantes); en 1994, esa prohibición se extendió al uso de dichos órganos en alimentos para animales. En 1995, prohibió que alimentos destinados al consumo humano se fabriquen con músculos vecinos a la columna vertebral, obtenidos por ciertos procedimientos mecánicos -porque pueden estar contaminados con fragmentos de la médula espinal- o con cualquier parte de la cabeza. Las medidas causaron la progresiva disminución de la EEB, pero no su extinción.

Como se advierte, entre la aparición de la EEB y la prohibición de emplear materiales potencialmente contaminados transcurrieron algunos años, durante los cuales los consumidores estuvieron expuestos a eventual contagio. Es probable que algunos criadores hayan vendido animales con EEB aun luego de las prohibiciones, ya que al principio el gobierno indemnizaba a los propietarios de hacienda enferma con sólo la mitad del precio de mercado del ganado sano. Y, hasta que no se elimine la epidemia de EEB, será difícil evitar que productos de animales infectados pero sin manifestaciones clínicas de la enfermedad ingresen en la cadena alimentaria humana.

En 1988 se creó el Spongiform Encefalitis Advisory Committe (SEAC) -un cuerpo científico independiente con funciones de asesoría- y en 1990 se constituyó en el Western General Hospital de Edimburgo la National Creutzfeldt-Jakob Disease Surveillance unit, con la misión de alertar al ministro de Salud y al SEAC sobre cualquier cambio en las características de la ECJ que pudiera sugerir la transmisión de la EEB a humanos. Así se detectaron diez casos de un variedad antes desconocida de ECJ, con manifestaciones clínicas y patología bien definidas. Luego de analizar la historia médica de cada paciente, los estudios genéticos y otras posibles causas de la enfermedad, el SEAC informó al gobierno: A pesar de que, en los datos disponibles, no haya evidencia directa de un vínculo, en ausencia de una alternativa verosímil la explicación más probable al presente es que esos casos están vinculados con la exposición a la EEB antes de la prohibición en 1989 del uso de determinados restos de bovinos. La información no proporciona evidencia directa de que se transmita la EEB al hombre, lo cual sólo se podrá tener por demostrado sí se identifican priones similares a los que causan la EEB en el cerebro de victimas.

Lo anterior obligó al gobierno británico a dar un giro de 180 grados en la posición que había sostenido por años, e informar al parlamento, el 20 de marzo de 1996, de la aparición de una variante del ECJ que, quizá, estuviera vinculada con la EEB. La difusión de la noticia dio lugar a la conocida -y ampliamente comentada por la prensa mundial- caída brusca del consumo de productos de origen vacuno en el Reino Unido y a la prohibición -por parte de muchos países, incluyendo a los socios de Gran Bretaña en la Unión Europea- de importarlos de él. El 16 de abril, el gobierno británico anunció que destinaría 550 millones de libras esterlinas a sacrificar e incinerar todo bovino mayor de 30 meses, para sacarlo del circuito de la alimentación. Por otro lado, un conjunto de expertos convocados a Ginebra el 2 y 3 de abril por la Organización Mundial de la Salud arribó a conclusiones similares a las de los especialistas británicos. Reconoció que había aparecido una variante desconocida de la ECJ, que llamó ECJ-V, recomendó a todos los países con EEB hacer obligatoria la notificación de los casos de animales enfermos y sugirió que, incluso donde no exista la enfermedad, se evite el uso de restos de rumiantes en suplementos alimentarios.

La nueva ECJ es de difícil diagnóstico, por sus grandes diferencias con la forma conocida de la enfermeded. Se declara mucho antes (a los 27,6 años en promedio, con un mínimo de 18 y un de 41) y tiene una evolución rnásprolongada (entre siete y veinticuato meses) que la forma clásica, la cual suele manifestarse en la sexta o séptima década de la vida y producir la muerte antes de los nueve meses. Otra diferencia es que se inicia con síntomas predominantemente psiquiátricos, como ansiedad, depresión y cambios de conducta (casi todos los pacientes fueron inicialmente encaminados a psiquiatras), mientras la variedad ya conocida comienza con alteraciones de las funciones mentales superiores. Semanas o meses después de los primeros síntomas, apárecen en la ECJ-V manifestaciones de daño del cerebelo (tras-tornos en la marcha y en la coordinación muscular) que, por lo general, están ausentes en la ECJ clásica. En sus etapas finales ambas enfermedades producen demencia y muerte. La ECJ-v no ocasiona en el electroencefaIograma los cambios típicos de la variante común y, en la necropsia de enfermos muertos a causa de la primera, se encuentran de modo consistente llamativas y abundantes placas amiloides en el cerebro y cerebelo; usualmente ausentes en la forma clásica del mal.

Se ha señalado que, en la Gran Bretaña, los trastornos emocionales y de conducta, propios del inicio de la ECJ-V, podrían dar lugar a que cientos o miles de personas con síntomas psicológicos difusos desborden los servicios hospitalarios especializados, ante la sospecha de padecer la enfermedad. Ello resalta la necesidad hallar un método de diagnóstico rapido, que por ahora no existe, si bien se espera encontrarlo pronto, sobre la base de analizar el liquido cefalorraquídeo.