 ¿QUÉ SON Y CÓMO FUNCIONAN LOS LÁSERES?
El término láser proviene del acrónimo de light amplification
by stimulated emission of radiation, esto es, amplificación
de luz por emisión estimulada de radiación (el acrónimo castellano, menos atractivo
como denominación pero no poco sugestivo, seria a leer, cosa que invitamos al
lector a hacer con atención). El láser es un dispositivo que emite una luz monocroma,
concentrada, coherente y particularmente intensa. La luz del láser es
estrictamente monocromática porque su longitud de onda varia sólo unas pocas milésimas
de nanómetro (el nanámetro, nm, equivale al millonésimo de milímetro, o a la mil
millonésima parte del metro). La pureza de color de la luz de un láser es varios
órdenes de magnitud superior a la de la luz monocromática de cualquier otro origen,
cualidad que la hace insustituible en aplicaciones como la holografia y en algunos campos
de la interferometría y la espectroscopia. Esa pureza de color es esencial, también, en
ciertos aspectos del empleo de luz para el estudio de reacciones químicas o de procesos
biológicos.
Además, y a diferencia de otras fuentes luminosas, un láser emite luz concentrada, es
decir, la envía en una dirección precisa y con muy escasa dispersión. La luz común
ilumina una superficie cada vez mayor a medida que se aleja de la fuente que la generó
(piénsese, por ejemplo, en el haz de una linterna); en cambio, la superficie iluminada
por la luz de un láser se mantiene casi constante por más que se la aleje de la fuente
-de hecho, su aumento no excede al determinado por un ángulo de unos pocos milirradianes
(un radián es igual a 180/t grados, o unos 57,3°). Esa baja divergencia hace aparecer a
la luz que emiten los láseres como lineas muy nítidas y definidas, lo que dio origen al
término rayo láser y constituye la base de aplicaciones de los láseres en
telemetría, ingeniería, comunicaciones, etc. Por ejemplo, gracias a esta propiedad se
pudo enviar un pulso de luz láser a un reflector dejado en la superficie lunar por una de
las misiones Apolo, recibir la señal reflejada y -midiendo el tiempo- determinar con gran
precisión la distancia la entre la Tierra y la Luna.
Por último, la luz láser tiene un carácter coherente debido a que las ondas que la
constituyen están en fáse: alcanzan los máximos, los mínimos y los puntos de
infíexión al mismo tiempo.
Como consecuencia de sus propiedades, la luz de un láser puede llegar a una alta
intensidad (energía por unidad de tiempo y de superficie iluminada). Por ejemplo, la
intensidad de la luz de una lámpara de filamento de 10 vatios es apenas suficiente para
leer una hoja escrita, mientras que un láser de la misma potencia y situado a la misma
distancia quemaría el papel. La posibilidad de concentrar mucha energía en regiones
pequeñas del espacio es la base del empleo de láseres en aplicaciones industriales, como
cortar metales.
El funcionamiento de los láseres está basado en el principio físico de la emisión
estimulada de radiación. En general, la emisión de radiación electromagnética por un
átomo está asociada a tránsitos entre sus niveles de energía. Para el tipo de
radiación que emiten los láseres, estos tránsitos corresponden -frecuentemente, pero no
siempre- a variaciones en la energía de los electrones del átomo. Por lo tanto, cuando
un átomo pasa de un estado excitado -de mayor energía- a uno de menor energía, la
diferencia de energía puede emitírse en forma de un fotón (es decir, de luz o,
genéricamente, de radiación electromagnética). La energía del fotón viene dada por la
diferencia entre las energías de ambos estados y la emisión puede ocurrir de forma
espontánea o estimulada.
La emisión estimulada, base de la generación de radiación de un láser, se produce
cuando un átomo en estado excitado recibe un estímulo externo que lo lleva a emitir
fotones y así retornar a un estado menos excitado. El estimulo en cuestión proviene de
la llegada de un fotón con energía similar a la diferencia entre la energía los dos
estados. Los fotones así emitidos por el átomo estimulado poseen fase, energía y
dirección similares a las del fotón externo que les dio origen. La emisión estimulada
descripta es la raíz de muchas de las características de la luz láser. No sólo produce
luz coherente y monocroma sino, también, "amplifica" la emisión de luz, ya
que, por cada fotón que incide sobre un átomo excitado, se genera otro fotón.
Para que una parte importante de los átomos de un sistema
emita luz en condiciones estimuladas, es necesario que un porcentaje alto de ellos esté
en estados excitados, situación que contrasta con la distribución espontánea de los
niveles energéticos que caracterizaría al sistema, en la cual la mayoría de los átomos
no estaría en estado excitado. Cuando en un sistema predominan los átomos excitados se
dice que se produjo una inversión de la población, la que se logra suministrando
energía al sistema, proceso que se conoce como bombeo y que se realiza mediante una
descarga eléctrica, una reacción química o absorción de luz.
Las partes fundamentales de un láser son un medio amplificador o medio activo,
sólido, líquido o gaseoso, que produce la emisión estimulada de luz. El medio se coloca
en una cavidad resonante, en general compuesta por dos o más espejos (u otro tipo de
dispositivo reflector) enfrentados uno al otro, que reflejan la luz -inicialmente emitida
por una lámpara de bombeo u otro dispositivo y magnificada por el amplificador- y la
envían una y otra vez a este, que incrementa su intensidad en los sucesivos pasajes a que
da lugar cada reflexión. Así, la intensidad de luz se hace progresivamente más grande y
produce una concentración de energía en determinada dirección: el haz láser emitido
por el dispositivo. Uno de los espejos se fabrica de manera tal que deje pasar parte de la
luz incidente, y esa fracción de luz es, normalmente, la salida del láser. La inversión
de población del medio activo en la cavidad resonante se logra, en algunos dispositivos,
sólo por períodos cortos (láseres pulsados, que emiten la luz en pulsos) y, en
otros, en forma continua (láseres continuos).
La inversión de población hace que muchos de los átomos del medio activo estén en
condiciones de producir emisión estimulada. Los fotones así formados se encuentran con
otros átomos excitados y ocasionan una emisión en cadena. Sólo los fotones que inciden
perpendicularmente al medio reflector participan en la amplificación.
El primer láser funcionó exitosamente en 1960. Su medio activo era un rubí
sintético, constituido por un cristal de zafiro con pequeñas cantidades de cromo (el
proceso de agregar pequeñas impurezas -en este caso cromo- a una substancia se denomina
dopar, y puede dar lugar a cambios radicales de las propiedades de esta). La cavidad
resonante tenía sus extremos plateados y el cristal, de forma cilíndrica, estaba rodeado
por una lámpara de destello helicoidal que producía un pulso de luz muy intenso, similar
al de un flash de fotografía. La luz emitida por la lámpara, absorbida por el cristal,
provocaba tanto la inversión de la población como la emisión estimulada de luz: durante
un tiempo muy corto, el rubí se comportaba como un amplificador de luz y emitía
radiación láser de color rojo profundo. La emisión estimulada de luz era generada por
cambios en los niveles electrónicos del cromo.
A partir de este primer láser se diseñaron otras configuraciones de cavidades
resonantes y se fabricaron otros cristales, capaces de emitir radiación láser con mayor
eficiencia, como el láser del raro metal neodimio con YAG (silicato de ytrio y de
aluminio), el de neodimio en vidrio o el de titanio zafiro. Un tipo de láser muy
difundido es el gaseoso, en el que el amplificador no es un cristal sino un plasma -un
fluido constituido por electrones y átomos ionizados, es decir, que han perdido
electrones- logrado mediante una descarga eléctrica en un gas. Con los láseres en que el
gas es anhídrido carbónico (C02) se consiguen potencias muy grandes (varios
kilovatios); se usan comúnmente para maquinar metales, cortarlos, soldarlos, etc.
Láseres del gas argón (Ar+) son usados en aplicaciones médicas, como soldado
de retina para tratar su desprendimiento, o en espectáculos y proyecciones animadas.
Los láseres semiconductores son los más difundidos en cuanto a sus aplicaciones
tecnológicas. Son los más pequeños: algunos son sólo un poco más grandes que la
cabeza de un alfiler. Pueden también asociarse muchos láseres de este tipo para formar
un arreglo (array) capaz de emitir varios vatios de potencia continua. Se utilizan para
comunicaciones ópticas por fibras, en lectores de discos compactos, en punteros o
indicadores, etc.
La variedad de usos de los láseres es enorme, y el espectro de posibilidades de
utilización se incrementa día a día. El explosivo crecimiento de sus aplicaciones, que
ya incluyen muchos elementos de la vida cotidiana, está asociado a una intensa actividad
de investigación científica en todo el mundo. El láser de rayos X bombeado por descarga
que se presenta en este articulo es ejemplo de ello.
Ciencia Hoy
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