
| QUINA |
La quina es la corteza
desecada de algunas especies de plantas de género Cinchona (familia de rubiáceas). Sus
propiedades terapéuticas eran conocidas por los incas y lo que determinó su ingreso a
las farmacopeas de Europa occidental fue la cura, mediante su utilización, del paludismo
de la condesa de Chinchón. La corteza de la chinchona, desecada y pulverizada, fue
introducida en España por los jesuitas: se la conoció como polvo de los jesuitas o,
polvo de la condesa y, entre 1640 y 1660, fue difundida en España, Francia, Italia e
Inglaterra. En este último país fue utilizada para combatir el paludismo (una de las
enfermedades de más gravitación en ese momento) -por Thomas Sydenham (1624-1689), famoso
médico que actuó como capitán de Cromwell y fue amigo de Boyle y Locke-. Sydenham
(quien tuvo que vencer sus escrúpulos puritanos para utilizar un medicamento difundido
por los jesuitas españoles), sostenía la teoría (originada en Paracelso) de la
existencia de enfermedades especificas, que debían ser curadas con remedios específicos
(es decir, que para cada enfermedad existiría un remedio particular). Esta concepción se
oponía al punto de vista dominante (basado en Galeno), que concebía la enfermedad como
un desbalance inespecifico de las cualidades o humores del cuerpo humano, resultado de la
acción de diversas causas ambientales, que debía ser tratado mediante la administración
de medicamentos que poseyeran las cualidades contrarias a la que se hallaban en exceso en
el organismo, o mediante la evacuación de humores nocivos (sangría). Quien utilizó la
quina para diferenciar definitivamente el paludismo de las demás fiebres fue Richard
Morton (1635-1698) -por esa época la fiebre no era considerada un síntoma sino una
enfermedad en sí misma-. Así, la introducción de la quina no sólo fue un
importantísimo avance en la cura de una de las enfermedades más difundidas, sino que
constituyó un significativo paso en la transición del galenismo tardío del siglo XVII
hacía concepciones médicas que veían a la enfermedad como una entidad susceptible de
caracterización y tratamiento específico.
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| COCA |
La cocaína es un alcaloide que se extrae de la hoja
desecada de la Erythroxylon coca. Fue Sigmund Freud (1856-1939) quien descubrió
los efectos anestésicos de la coca sobre piel y mucosas. El creador del psicoanálisis
comenzó a interesarse por esta droga pensando que podría ser utilizada para aliviar
problemas cardíacos y en la cura de desmorfinización (Freud tenía en vista la adicción
a la morfina de su amigo el electrofisiólogo Ernst Fleisch von Marxov y llegó a redactar
una monografía (Sobre la coca), que fue publicada en julio de 1884 y que era una
descripción de algunas propiedades de la substancia y, a la vez, una entusiasta apología
de su uso. Freud, al administrar cocaína a un paciente que sufría de dolores
intestinales, halló que la droga producía anestesia de la mucosa bucal. En ese momento
estaba presente Carl Koller (1857-1944), oftalmólogo vienés que por primera vez utilizó
la droga en una operación quirúrgica, en septiembre de 1884 (mientras Freud visitaba a
su novia, Martha Bernays), y comunicó luego sus resultadas a la sociedad oftalmológica
de Heidelberg. Pronto la coca fue usada como anestésico en operaciones
otorrinolaringológicas. Freud conocía las propiedades estimulantes de la cocaína, la
tomaba él mismo (lo hizo hasta mediados de la década del 1890) y llegó a enviarle dosis
a Martha. Su amigo Fleisch von Marxow, a la larga, terminó convirtiéndose en adicto.
Freud guardó amarga memoria de haber perdido la posibilidad de pasar a la historia como
el descrubridor de las propiedades anestésicas de la cocaína, así como de la muerte de
su amigo. Este último remordimiento aparecerá en uno de los sueños (La inyección de
Irma) relatado en su obra La interpretación de los sueños (1900).
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