Volumen 6 - Nš33 - 1996

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

CIENCIA EN EL MUNDO

Fármacos Naturales

PLANTAS CON HISTORIA

Miguel de Asua

QUINA
La quina es la corteza desecada de algunas especies de plantas de género Cinchona (familia de rubiáceas). Sus propiedades terapéuticas eran conocidas por los incas y lo que determinó su ingreso a las farmacopeas de Europa occidental fue la cura, mediante su utilización, del paludismo de la condesa de Chinchón. La corteza de la chinchona, desecada y pulverizada, fue introducida en España por los jesuitas: se la conoció como polvo de los jesuitas o, polvo de la condesa y, entre 1640 y 1660, fue difundida en España, Francia, Italia e Inglaterra. En este último país fue utilizada para combatir el paludismo (una de las enfermedades de más gravitación en ese momento) -por Thomas Sydenham (1624-1689), famoso médico que actuó como capitán de Cromwell y fue amigo de Boyle y Locke-. Sydenham (quien tuvo que vencer sus escrúpulos puritanos para utilizar un medicamento difundido por los jesuitas españoles), sostenía la teoría (originada en Paracelso) de la existencia de enfermedades especificas, que debían ser curadas con remedios específicos (es decir, que para cada enfermedad existiría un remedio particular). Esta concepción se oponía al punto de vista dominante (basado en Galeno), que concebía la enfermedad como un desbalance inespecifico de las cualidades o humores del cuerpo humano, resultado de la acción de diversas causas ambientales, que debía ser tratado mediante la administración de medicamentos que poseyeran las cualidades contrarias a la que se hallaban en exceso en el organismo, o mediante la evacuación de humores nocivos (sangría). Quien utilizó la quina para diferenciar definitivamente el paludismo de las demás fiebres fue Richard Morton (1635-1698) -por esa época la fiebre no era considerada un síntoma sino una enfermedad en sí misma-. Así, la introducción de la quina no sólo fue un importantísimo avance en la cura de una de las enfermedades más difundidas, sino que constituyó un significativo paso en la transición del galenismo tardío del siglo XVII hacía concepciones médicas que veían a la enfermedad como una entidad susceptible de caracterización y tratamiento específico.

 

 

COCA
La cocaína es un alcaloide que se extrae de la hoja desecada de la Erythroxylon coca. Fue Sigmund Freud (1856-1939) quien descubrió los efectos anestésicos de la coca sobre piel y mucosas. El creador del psicoanálisis comenzó a interesarse por esta droga pensando que podría ser utilizada para aliviar problemas cardíacos y en la cura de desmorfinización (Freud tenía en vista la adicción a la morfina de su amigo el electrofisiólogo Ernst Fleisch von Marxov y llegó a redactar una monografía (Sobre la coca), que fue publicada en julio de 1884 y que era una descripción de algunas propiedades de la substancia y, a la vez, una entusiasta apología de su uso. Freud, al administrar cocaína a un paciente que sufría de dolores intestinales, halló que la droga producía anestesia de la mucosa bucal. En ese momento estaba presente Carl Koller (1857-1944), oftalmólogo vienés que por primera vez utilizó la droga en una operación quirúrgica, en septiembre de 1884 (mientras Freud visitaba a su novia, Martha Bernays), y comunicó luego sus resultadas a la sociedad oftalmológica de Heidelberg. Pronto la coca fue usada como anestésico en operaciones otorrinolaringológicas. Freud conocía las propiedades estimulantes de la cocaína, la tomaba él mismo (lo hizo hasta mediados de la década del 1890) y llegó a enviarle dosis a Martha. Su amigo Fleisch von Marxow, a la larga, terminó convirtiéndose en adicto. Freud guardó amarga memoria de haber perdido la posibilidad de pasar a la historia como el descrubridor de las propiedades anestésicas de la cocaína, así como de la muerte de su amigo. Este último remordimiento aparecerá en uno de los sueños (La inyección de Irma) relatado en su obra La interpretación de los sueños (1900).