Volumen 6 - Nš33 - 1996

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

CIENCIA EN EL MUNDO

Fármacos Naturales


THOMAS EISNER

Department Of Neurobiology And Behavior, Cornell University
HERMANN M. NIEMEYER
Facultad De Ciencias, Universidad De Chile

 

Las substancias químicas presentes en plantas y animales han sido y son
una fuente importonte de medicamentos y de productos usados en la agricultura.
Formas novedosas de cooperación entre los sectores académico e industrial
permitirían generar los recursos para investigar compuestos y, al mismo tiempo,
proteger la diversidad de la naturaleza.


Desde tiempos inmemoriales, el hombre ha explorado la naturaleza en pos de compuestos químicos útiles (véase el recuadro "Plantas con Historia"). Tal búsqueda, que puede llamarse prospección química, ha resultado tremendamente exitosa, particularmente en lo que se refiere al descubrimiento de substancias aplicables a la medicina. Muchas de las más importantes drogas con efecto terapéutico provienen de la naturaleza o son sintetizadas por el hombre imitando productos naturales. Una considerable cantidad de estos productos fue hallada siguiendo pistas dejadas hace mucho por pueblos que descubrieron las propiedades benéficas de plantas y animales.

Hoy, se tiende a pensar que la medicina sólo progresará por el camino de la innovación biotecnológica. Sin duda, se pueden depositar grandes esperanzas en la creación de drogas o pesticidas por medio de diseños racionales, pero ello, sin embargo, no podrá reemplazar a la prospección química. Innumerables productos naturales están aún por ser descubiertos; entre ellos, compuestos con estructuras moleculares que no podrían haber sido predichas, como lo son las de algunas de las substancias medicinales más recientes. Por ejemplo, la ivermectina, aislada de un hongo del Japón, es uno de los antihelmínticos (de -hélminthos-, lombriz, substancias que destruyen o expulsan los gusanos parásitos, causantes de infecciones en seres humanos y animales) más eficaces que existen y que genera ventas por alrededor de mil millones de dólares anuales a la compañía que la produce. Su estructura química no hubiese podido ser diseñada a partir de los conocimientos actuales acerca de compuestos bioactivos. Lo mismo vale para la ciclosporina y para el FK 506, substancias provenientes de hongos que suprimen la respuesta inmune (véase "Química orgánica y transplante de órganos" Ciencia Hoy, 5:74, 1990), utilizadas para evitar el rechazo de órganos transplantados, y para el taxol, conocido agente antitumoral extraído de un árbol del noroeste de los Estados Unidos, el tejo (Taxus baccata). No existen maneras de predecir lo que encontrará la prospección química, pero se tiene la certeza de que la búsqueda rendirá sus frutos, ya que la mayor parte de las especies nunca ha sido estudiada quimicamente.

Sin embargo, en estos días el panorama de la prospección química se ensombrece porque la variedad de los seres vivientes del planeta está disminuyendo. La destrucción del ambiente acontece cada vez a mayor velocidad en todo el mundo, y ecosistemas completos, con gran parte de su riqueza biótica, están desapareciendo. Las especies se están extinguiendo más rápido de lo que pueden ser examinadas químicamente, lo cual, importante en todo el mundo, es particularmente grave en los trópicos, porque allí la diversidad de ellas es más grande y porque conjuntos mayoritarios de organismos tropicales aún no han sido descriptos. Tales realidades reclaman intensificar en forma conjunta la prospección química y de conservación, tareas que se encuentran entrelazadas en los términos expresados por la figura 1.

Fig 1
Esquema del circuito financiero de la prospección química y la conservacióm.


Las ventas farmacéuticas mundiales ascienden a una cifra del orden de los cien mil millones de dólares anuales. Si se invirtiera en conservación una modesta fracción de ese valor, se daría una ayuda substancial a los esfuerzos de preservación del ambiente. Ello conduce a preguntarse si se podría inducir a la industria farmacéutica a que apoye dichos esfuerzos y se haga responsable, en alguna medida, de su costo. Los hechos han demostrado que, en ciertas condiciones, la respuesta seria positiva.

El marco en el cual lo anterior podría acontecer incluye que, a cambio de realizar aportes financieros para la conservación ambiental, la industria obtenga determinados derechos sobre la explotación de los recursos bióticos que dichos aportes ayuden a preservar. En términos prácticos, lo afirmado significa buscar una forma de materializar el circuito esquematizado en la figura 1, seguramente mediante acuerdos contractuales entre países o regiones que busquen preservar sus recursos, e industrias que se propongan encontrar compuestos químicos que pudiesen ser utilizados.

Un ejemplo concreto de tal modus aperandi data de 1989 y tuvo lugar en Costa Rica, con la intervención de la firma farmacéutica Merck. El país había resuelto que un cuarto de su superficie -es decir, unos doce mil kilómetros cuadrados- seria destinado a la conservación y, para ocuparse de ella, creó el Instituto Nacional de Biodiversidad (INBIO). Se suponía que, debido a su ubicación tropical, esa importante extensión contendría una enorme riqueza biótica, la cual se estimó en más de medio millón de especies. El INBIO se propuso la enorme tarea de indexar tal biodiversidad que, como suele suceder en los trópicos, normalmente por falta de medios y de incentivos, no había sido catalogada. Los equipos científicos reunidos por el INBIO, integrados en su mayor parte por biólogos, comenzaron a determinar qué organismos alberga Costa Rica, cómo están asociados y distribuidos en la naturaleza, y cómo se comportan, interactúan y sobreviven. La información obtenida, ordenada en bases de datos, es de gran importancia intrínseca, así como de considerable valor para la industria. Lo último fue comprendido por Merck, que acordó proporcionar fondos al INBIO a cambio del derecho a servirse de los recursos de Costa Rica para explotar compuestos químicos. Después de discusiones en las que participaron científicos de la universidad de Cornell y del INBIO, Merck se comprometió a proporcionar inicialmente un millón de dólares y a ceder, en concepto de regalías, una parte de las ganancias obtenidas con cualquier producto que resultare de los esfuerzos de exploración. Ya que los beneficios económicos pueden demorar años en materializarse, el pago inicial resultaba imprescindible para los costarricenses. El contrato estableció que 10% de dicho pago y 50% de los posteriores deben ser invertidos específicamente en la protección y conservación de la biodiversidad, lo que significa un importante precedente.

La iniciativa INBIO-Merck puede considerarse una experiencia piloto; tuvo marcada repercusión, incluyendo apoyo político en diversos medios, y estimuló a numerosas industrias y países a explorar las posibilidades de firmar acuerdos similares. La prospección química se ha vuelto internacionalmente más atractiva y desembocó en un programa, establecido en Washington en diciembre de 1993, por los denominados Grupos Internacionales para la Cooperación en Biodiversidad, con el propósito especifico de financiar asociaciones de investigación entre instituciones públicas y privadas de varios países y compañías farmacéuticas.

La intención del programa es promover la investigación de compuestos medicinales en todo el mundo, y asegurar el retorno de una fracción de los beneficios a los paises de origen de los productos y su empleo para la conservación. El programa fue financiado, principalmente, por tres entidades norteamericanas, los National Institutes of Health, la National Science Foundation y la Agency for International Development. Los países que son parte del primer conjunto de proyectos financiados por el programa incluyen a Camerún, Nigeria, Surinam, México, Costa Rica, Perú, Chile y la Argentina. Entre las instituciones participantes se cuentan universidades, jardines botánicos, museos, organizaciones de conservación y diversas industrias, como American Cyanamid Co., Bristol-Myers-Squibb, Monsanto y Shaman Pharmaceuticals.

Otro esfuerzo, que centró su atención en compuestos bioactivos de fuentes naturales regionales, es el de la Red Latinoamericana para la Investigación de Compuestos Naturales Bioactivos (LANBIO), iniciado en 1991 con el apoyo del International Programme in the Chemical Sciences de la universidad de Uppsala y de la International Foundation for Science. LANBIO es un sistema constituido por investigadores de diversas disciplinas interesados en productos de origen natural y dispuestos a complementar sus recursos y conocimientos. Su propósito es encontrar compuestos y actividades biológicas que, además de tener interés académico, puedan proporcionar un retorno económico a la región. Los miembros de LANBIO llevan a cabo investigación conjunta, entrenamiento de estudiantes, intercambio de científicos y otras actividades académicas. También han establecido convenios con instituciones de otras regiones que ofrecen recursos y experiencias complementarias, como el Strathclyde Institute for Drug Research, en Escocia, el cual, además de participar en investigaciones colaborativas, actuaría como agente ante compañías farmacéuticas y agroquimicas y oficinas de patentes.

Los científicos que participan en LANBIO están en condiciones de actuar en una gama de tareas, que incluyen obtener e identificar el material biológico; aislar e identificar los compuestos provenientes de este, y definir, en una amplia variedad de sistemas, la actividad biológica de los compuestos aislados. Por ello, LANBIO es un socio interesante para las compañías farmacéuticas y agroquímicas que busquen acceder a recursos naturales de la región que ya hayan sido identificados y algunas de cuyas actividades biológicas estén definidas.