
MOZARTS Y SALIERES
| A
propósito de la nota de humor del número 31 de Ciencia Hoy, Fernando J. Peliche, médico
del hospital regional de Río Gallegos, que escribe como SALIERI DE LA PERIFERIA, dice: La
Guía para Salieris de M. de Asúa, excelente. No creo
que jamás me haya reído tanto leyendo una revista científica. Séanme permitidas unas
reflexiones de Salieri de la periferia (¿o Salieri al cubo?). Coincido con Asúa en lo
estéril de las recetas para combatir el drama: no funcionan. Es peor: si cayéramos en
argumentaciones psicoanalíticas o en locas especulaciones supuestamente
interdisciplinarias, seriamos malos y no mediocres, y that is the question. Los
condicionales falsos y la argumentación genética tampoco funcionan. Haydn era hijo de un
campesino analfabeto y Mozart lo admiró como a nadie: hoy se lo considera uno de los
cinco más grandes músicos de la historia.
Sugiero otros consuelos. Uno, musical, diría que Salieri, el real, no el de la ópera
de Rimski-Korsakov ni el de la obra de Schaffer que motivó el film Amadeus, no era
tan mediocre. Se mantuvo 36 años como Hofkapellmeister en la Viena imperial. Tuvo
fama de intrigante, pero también éxito musical. Su ópera Tarare (O Axur en
versión italiana) fue más aclamada por el público que Don Giovanni, lo que habla
de la terrible mediocridad... del público. Pero Salieri también fue maestro de
contrapunto de Beethoven, quien le dedicó después sus sonatas para violín op. 12. La
historia lo absuelve de las acusaciones sugeridas en el film, y la crítica musical lo
considera un continuador de Glück, que mantuvo en cierta forma la tradición de la ópera
italiana en Viena. También dejó Salieri algunos conciertos importantes, entre ellos uno
en do mayor para flauta, oboe y orquesta (hay versión de los solistas de Zagreb, 1972).
Un consuelo científico seria pensar que la cultura y la ciencia son obra de un gran
equipo universal, integrado por algunos genios y por el resto, cuya presencia también es
importante; que, además de los Mozart y de los Einstein, la ciencia normal (sin
implicancias kuhnianas) nos necesita a todos y, como dice el editorial de la revista, si
estamos en compañía de los hombres y mujeres educados, y además pensamos claramente,
tenemos una comprensión crítica, profundizamos algún campo del saber y tenemos una
mente abierta, aunque no hayamos escrito La flauta mágica o descubierto la
relatividad, igual valdrá la pena. Ánimo: no todos los biólogos pueden o deben ser
Braun Menéndez, ni todos los músicos primer violín.
Habiendo escrito lo anterior, descubro, a la Dr. Pangloss, que estoy plagiando la
fórmula anti Salieri de M. de Asúa: escribirle a Ciencia Hoy. Lo cual es un placer y un
honor. Un abrazo científico-musical. |

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| Sobre el mismo tema, Nora Font, del Instituto
de Artes y Oficios de Buenos Aires, se refiere a saber llegar EL MOZARTISMO GESTIONAL, en los
siguientes términos: Enjugadas mis lágrimas tras la lectura de Guía para Salieris
al borde del suicidio, intentaré agregar algo a la reflexión haciendo notar una
categoría de Mozarts ausente del artículo: junto al Mozart brillante, creativo y
auténticamente formado existen los que llamaré Mozarts gestionales. Hacen
gestión no sólo los administradores sino los que vinculan grupos, convocan gente
inquieta, animan jornadas, concretan convenios y obtienen subsidios. Son los que a la
pregunta ¿qué estás haciendo? no responden con una lista de sustantivos - es
decir, de temas de estudio - sino de verbos: armando un seminario, conversando
sobre un encuentro, organizando un foro, diagramando un plan de actividades, configurando
una estrategia, negociando un paquete de algo, atando cabos y fortaleciendo nodos. Algo
estudian y leen, sin embargo, entre fax y fax. Hacen ciencia, pero ciencia pertinente: con
la aerodinámica fresca que los caracteriza, navegan entre análisis filosóficos
tentativos, planteos políticos sui generis y enfoques sociológicos creativos, amén
de razonamientos estadísticos silvestres. Y venden todo. Al ambiente solitario del
laboratorio o la biblioteca prefieren la reunión. Allí impresionan hablando en
siglas: la OCDE dice, el MIT sugiere, el CALTECH propone. Es cierto que estas constituyen
su único vocabulario en inglés, pero eso no les impide - virtuosismo mediante - aparecer
como conectados a algún circuito de punta.
Son, de todos modos, mediocres, se me dirá. Y no: más allá de su producción está,
imperturbable, la calidad de su gestión. Basta ver la velocidad de su doctorado, el
crecimiento del departamento que integran, la cantidad de charlas que dan. Si desde cierta
moral se me acusa de estar describiendo a un oportunista, diré que no necesariamente
roban, copian o estafan intelectualmente a nadie. Como el músico que escribía obras
sublimes sin esfuerzo, no tejen planes maquiavélicos para oponérsenos: lo diabólico
surge de nuestra propia ineptitud para la estrategia profesional. Descartemos el flaco
consuelo de que tienen suerte: poco científico es. Salieri al fin, mi análisis tiene un
punto débil. La poca seriedad de la comunidad local hace que lo que en un ambiente de
excelencia sería un estigma aquí deviene un talento. Allí, si, vale el otro talento, el
demostrado en los papeles (me refiero a los papers publicados y no a los
anteproyectos de proyectos sobre análisis interdisciplinario de los proyectos sobre los
programas). Cuando estos personajes enfrentan objeciones, dicen sonrientes: Esta
variabie no está dentro de mi marco teórico.
Su know how se hace patente cuando los gestionadores, al crecer, se tornan
gestionólogos. Es así como, en deslumbrante pirueta, se dedican a estudiar la gestión
en sí misma. La de los demás, al principio. La propia, ya consagrados. El investigador,
reflexionando sobre su propia praxis -gestional-, se pregunta: ¿cómo he caído en mi
propia red ?. Y lo peor para nosotros, pobres Salieris, es que se responde, y lo hace
en un ensayo que se pelean por financiar varias instituciones, el cual, resumido, será un
articulo; remozado, constituirá una tesis doctoral; con algún ítem, la fundamentación
teórica de un nuevo programa interdisciplinario, y sumado a una módica lista
bibliográfica, un libro.
¿Se tratará de un Mozart gestional recubriendo a un Salieri intelectual? Yo, dice el
Salieri, soy en realidad un Mozart intelectual, pero mi torpeza para las relaciones
públicas me convierte en un Salieri gestional. Este es un argumento claramente
salierístico y, como tal, impráctico: mientras los Salieris elucubramos planteos
tranquilizadores, los gestionólogos preparan su próximo viaje. |
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| EFECTO INVERNADERO Y
POBLACIÓN MUNDIAL Jorge Zavatti, de la univensidad nacional San Juan Bosco, en
Puerto Madryn, escribió:
En la última década, la sociedad ha incorporado a su bagaje de conocimientos el
concepto de que el ecosistema global (aire, suelo, mares, lagos, ríos, bosques, etc.) es limitado.
Ello se debe a la constante difusión que reciben, en todos los medios masivos, las
consecuencias de la emisión a la atmósfera de gases como el bióxido de carbono (C02),
el metano (CH4), los clorofluorcarbonos (CLnFnCn),
el bióxido de azufre (S02) y los óxidos de nitrógeno (NOx), los
que provocan los fenómenos conocidos como efecto invernadero, deterioro de la capa de
ozono y lluvia ácida, que afectan al ecosistema mundial y son motivo de
análisis en diferentes foros internacionales, en especial en la conferencia de las
Naciones Unidas sobre ambiente y desarrollo, celebrada en Brasil, en junio de 1992.
El efecto invernadero, causado mayoritariamente por el incremento de la concentración
de C02 en la atmósfera, que limita la pérdida por radiación del calor de la
Tierra, en los próximos sesenta años provocará un ascenso de 1,6ºC en la temperatura
media de la superficie del planeta, sin considerar la contribución indirecta a ese
incremento realizada por el deterioro de la capa de ozono (cuyo origen son las emisiones
de ClnFnCn) y por la lluvia ácida (debida a los S02
y NOx que se descargan en la atmósfera), pues afectan la capacidad de
los vegetales para fijar el C02 atmosférico (véase Ciencia Hoy, 9:28-23, 1990).
El
uso indiscriminado de energía, en particular la que proviene de combustibles fósiles
(que ocasiona la emisión de C02, S02 y NOx), así como
el desarrollo industrial basado en aquella, están hoy bajo la lupa de países y
organismos internacionales. Es conocida la relación entre demanda de energía fósil y
concentración de C02 en la atmósfera (Fig.1). Parece que actuar sobre esta
ecuación fuera, hoy por hoy, la única alternativa para estabilizar y controlar el efecto
invernadero. Sin embargo, el consumo de energía fósil está impulsado por la presión
que provocan el crecimiento de la población mundial y las aspiraciones al desarrollo
sostenido. Es un error no considerar el primer factor entre las variables
determinantes del incremento reciente de la
concentración de C02 en la atmósfera, puesto que la relación entre ambas
variables es significativa desde el punto de vista estadístico (Fig.2).
FIG 1
Demanda de energía fósil y concentración de CO2 en la atmósfera. |
FIG 2
Proyecciones de población mundial y concentración de CO2 en la
atmósfera. |
Ambas figuras muestran dos aspectos del mismo problema: que la
concentración de C02 en la atmósfera se duplicará entre los años 1850 y
2060. Con una mirada parcial, el incremento de la concentración de los gases que provocan
el efecto invernadero se debe a las emisiones provenientes de los combustibles fósiles
empleados en el fabuloso y caótico desarrollo industrial de este siglo. Pero, con una
mirada más amplia, es el (descontrolado, ¿por qué no?) crecimiento de la población
mundial -que impulsa la demanda de alimentos, transporte, comunicación, etc., satisfecha
por el subsidio energético que proviene de los combustibles fósiles, sobre todo del
petróleo- el que realmente provocó dicho aumento de la concentración de C02 en
la atmósfera.
Luego, ¿es el desarrollo industrial el responsable final y único del efecto
invernadero y de otros fenómenos que afectan al ecosistema global? O, en la disminución
y control de estos inconvenientes, ¿existe, por lo menos, una responsabilidad compartida
por los dirigentes políticos y religiosos de la sociedad con el sector productivo de
bienes y servicios?
En una economía de mercado se produce lo que tiene demanda; la industria del mundo se
mueve en el marco de tales reglas de juego. ¿Cómo será posible responder a las demandas
de la creciente población mundial (que se duplicó entre los años 1930 y 1980, y aumenta
a un ritmo de tres individuos por segundo) sin recurrir a algún subsidio energético? Y
en tal caso, provenga este subsidio de energía fósil, atómica o alguna otra, ¿cómo
evitar postergar los inconvenientes causados al medio, asociados a la utilización de esa
energía?
Es necesario minimizar las emisiones gaseosas a la atmósfera, para lo que la
tecnología tiene respuestas. Pero también urge estabilizar el número de habitantes de
este planeta, con el fin de alcanzar un desarrollo que esté en equilibrio con el medio.
¿Será posible lograrlo? Las metas que se acuerden en las próximas conferencias cumbre
de las Naciones Unidas, sobre ambiente, desarrollo social o población mundial,
¿contendrán alguna pauta concreta en este sentido?
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| SOBRE LA ANTÁRTIDA Los artículos
que publica Ciencia Hoy son revisados y, casi siempre, reescritos, para corregir y
unificar su estilo y hacerlos accesibles al lector no especializado. Esta tarea es la que
más tiempo de trabajo voluntario insume a los editores. Las modificaciones sólo se
incorporan a la versión final si cuentan con la aprobación de los autores, cosa que, en
sucesivas versiones, ocurrió con Biodiversidod en lo Antártida (Ciencia Hoy, 31:37-43). Rubén J. Quintana y Luis C. Borgo, dos de sus autores, escribieron para
manifestar que no les llegaron las últimas pruebas, cosa que les impidió detectar los
errores conceptuales que, según ellos, se habrian deslizado en el texto que se publicó.
Sirva esta nota de pública disculpa por la involuntaria omisión de la consulta final. Se
reproducen, a modo de reparación, los pasajes del texto de marras que causaron el
malestar de los autores.
Para los nombrados, el antepenúltimo párrafo de la versión publicada ...es
sumamente confuso ... Los cambios ocurridos, que en modo aparente son de forma, terminan
afectando el contenido. La versión del texto escrita por ellos rezaba
literalmente: Es ciertamente aconsejable definir nuevos sitios de especial interés
científico, similares a punta Cierva, porque sólo un conjunto de sitios protegidos
podrá asegurarse la preservación de los ecosistemas. Tal como ha sido considerado en los
últimos años, la estrategia de conservación de la biodiversidad debe centralizarse en
el ecosistema y no sobre la protección de especies aisladas, ya que sólo así se
gorantizará la preservación de las mismas.
En el glosario, también señalan, el término biodiversidad debería haber sido
definido como riqueza y abundancia de especies animales y vegetales y no
como heterogeneidad biótica. Sostienen que, en lo conceptual, es un error sumamente
grasero, puesto que carece de significado ecológico. Indican que lo escrito a
partir de la segunda oración del quinto párrafo del texto central contiene,
aparentemente, sólo cambios de forma, pero consideramos que terminan afectando el
contenido original del texto. Como ejemplo dicen: ...no es razonable
calificar a los antárticos de ecosistemas relativamente simples, como se ha sugerido
alguna vez, es minimizar una controversia científica que en el ámbito de la ecología
lleva años de discusión en la comunidad científica.
Agregan que, en la versión que vieron, habían quedado eliminados los términos continente
blanco y florecimiento de la vida, a pesar de lo cual aparecen en el texto
publicado. Por último, lamentan que las fotografías que acompañan al texto fueran
publicadas únicamente con los rótulos indentificatorios, sin haber tenido la oportunidad
de colocar las correspondientes leyendas. |
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