EL TRASLADO DEL ARCHIVO GENERAL DE LA NACIÓNUna
lectora nos envió los comentarios que siguen, relacionados con la mesa redonda, de la que
dio cuenta en el nùmero anterior, sobre El triste estado del Archivo General de la
Naciòn: Resulta ilustrativo comparar la suerte del Archivo General de la Nación
con la del archivo nacional norteamericano.
Hacia fines de los años sesenta, se había colmado el edificio del National Archives
de los Estados Unidos, en Washington. Los documentos, generados a razón de miles por
día, debían derivarse a locales carentes de las condiciones establecidas por el National
Institute of Standards and Technology.
El archivo norteamericano conserva menos del 5% de los documentos producidos por el
gobierno federal, pero para ello requiere cinco millones de cajas que contienen un cuarto
de millón de series archivísticas diferentes. Entre las piezas de la colección se
cuentan, por ejemplo, las grabaciones del juicio de Nürnberg, fotografías de la guerra
civil y material sobre la Depresión, la esclavitud, los indígenas, la Inmigración y
cuestiones sociales. Los documentos originales de la declaración de la independencia, la
constitución y la BIII of Ríghts conviven con objetos de museo, mapas, planos,
filmes, videos, discos de pasta y todo otro material que el gobierno considere importante.
A la variedad de los fondos corresponde una enorme diversidad de materiales: distintos
tipos de papel, cuero, pergamino, tela, adhesivos, tintas, cintas magnéticas, emulsiones
fotográficas, vidrio, productos sintéticos, plásticos, etc., que reaccionan de manera
diferente a las condiciones del ambiente.
Luego de veinte años de reclamos, en los años ochenta, el Congreso norteamericano
destinó fondos a un nuevo edificio, conocido familiarmente por Archives II, proyectado
y construido con participación del personal del archivo, quien - entre otras cosas -
definió las condiciones ambientales adecuadas para el depósito de los distintos tipos de
documentos, determinó qué materiales no debían ser utilizados en la construcción por
ser nocivos para las colecciones, discutió acerca de los distintos sistemas de
prevención y control de incendios y colaboró en el diseño de laboratorios y en la
elección del equipamiento y del mobiliario.

ARCHIVES I |

ARCHIVES II
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Inaugurado en 1994, Archives II está ubicado en College Park, Maryland, a
20 km del centro de Washington. Tiene capacidad, ampliable en el futuro, de almacenar casi
sesenta mil metros cúbicos de documentos y un equipamiento que permite el control activo
de temperatura y humedad, el filtrado del aire (para evitar que partículas y gases
contaminantes, que deterioran los materiales, entren en contacto con la colección) y la
prevención y control de incendios (mediante detectores de humo y calor, alarmas y
regadores automáticos). Todas las fuentes de luz natural y artificial poseen filtros para
detener los rayos ultravioletas, que decoloran papeles y fotografías. Para garantizar la
seguridad, el edificio mantiene al público general (incluyendo los investigadores)
separado del personal y de las áreas de depósito de las colecciones. Por circuitos
internos de televisión, es posible supervisar a quien concurre a las salas de consulta,
en las que las mesas tienen superficies suaves y bordes redondeados para evitar el
deterioro accidental de las piezas.
En el trabajo diario del personal se advierte. también, el cuidado por la
conservación. Los documentos son transportados en carritos y guardados en cajas hechas
con materiales libres de ácido (acid-free) que constituyen. a la vez, unidades
organízativas y de protección. Los archiveros velan por el cuidado y limpieza de las
piezas, además de clasificarlas y guardarlas.
La mudanza de las colecciones al nuevo edificio se programó durante cinco años y su
ejecución constituyó el mayor traslado de material de archivo del que se tiene noticia.
El esfuerzo permitió recuperar el control intelectual y físico de un enorme conjunto de
piezas dispersas e incluyó la limpieza y el reacondicionamiento masivos de los
documentos, generalmente por medio de técnicas sencillas de limpieza mecánica y
superficial y el uso de carpetas. sobres y cajas de formatos y tamaños estandarizados,
confeccionados con materiales químicamente estables y físicamente resistentes.
A su vez, los archiveros trabajaron en ubicar ordenadamente la colección. para lo que
la agruparon por grandes series de temas, denominadas clusters, cada una de las cuales se
trató como una unidad de mudanza desde las anteriores sedes y de ubicación en el nuevo
edificio. La previsión de documentos a incorporar a los distintos clusters constituye la
base para determinar las necesidades futuras de espacio. La reubicación del material y
los cuidados que se le dieron permitieron una revisión profunda del estado de la
colección, que hubiera sido imposible en otras circunstancias.
Para realizar el traslado se adoptaron notables precauciones. Por ejemplo, los
materiales no convencionales, como máscaras mortuorias, relojes y otros artefactos, se
acondicionaron en cajas y bandejas construidas a medida según un diseño básico
modificado o adaptado para cada caso. Las placas de vidrio se mudaron en carritos de
madera forrados internamente con espuma de goma y montados sobre neumáticos. Los
documentos encuadernados se envolvieron al vacío con plástico y los rollos de película.
cassettes, cintas magnéticas y discos se acondicionaron en diferentes tipos de envases
plásticos. compartimentados o no, de tamaños y pesos transportables por el hombre. Los
métodos y los materiales utilizados se probaron antes de usarlos y la comodidad y
seguridad de los operarios se cuidó mediante la provisión de guantes, guardapolvos.
máscaras y hasta fajas. El personal que ejecutó la mudanza fue instruido en el
conocimiento básico de los elementos a trasladar y de las normas de su manipulación por
medio de un video y de sesiones de entrenamiento práctico. La unidad de transporte
utilizada para el traslado fue una especie de biblioteca rodante de madera. En todo
contenedor o envase se colocaron etiquetas con el número identificatorio de la nueva
ubicación y se redactó un detalladísimo manual de especificaciones y métodos del
traslado.
Se calculó que la mudanza llevaría tres años, de los que van cumplidos uno y medio,
durante los cuales un mismo grupo de empleados realizó de manera regular las tareas.
Diariamente, camiones efectúan entre siete y diez viajes desde las distintas sedes hacia
Archives II, El ciclo de traslado dura dos días: el primero se emplea para vaciar la
vieja estanteria, cargar las cajas con documentos en la biblioteca rodante y transportarla
al nuevo edificio; el segundo, para ubicar las cajas en las estanterías nuevas, en el
orden preasignado. Un archivero (denominado escort) acompaña cada ciclo para supervisar y
guiar a los mudadores. Hasta el momento no se registró accidente, rotura o daño de
materiales; más bien sucedió lo contrarío: la mudanza permitiò encontrar documentos
que se creían perdidos.
El caso argentino contrasta drásticamente con la historia precedente. La situación de
desastre funcional, edilicio y de conservación de los documentos en que se encuentra el
Archivo General de la Nación llevó a que, en 1991, el ministerio del Interior encargara
a UBATEC el proyecto de remodelación de un edificio sin uso perteneciente al estado (en
Bouchard 710, del viejo diario Democracia) para mudar el archivo.
El equipo de arquitectos, asesorados por consultores en diseño bioclimático,
estructuras, seguridad, sistemas inteligentes. conservación de papel, electricidad e
iluminación entendió el concepto básico de la preservación. a saber, que determinadas
características ambientales constituyen el principal agente de deterioro. Diseñó, en
consecuencia, un edificio con gran inercia térmica y bien aislado, cualidades esenciales
para cumplir con especificaciones técnicas mínimas en materia de temperatura. humedad
del aire, iluminación, seguridad contra incendios, daños por agua, calidad y
circulación de aire y control de plagas, además de tener consumo de energía. costo de
mantenimiento y riesgo bajos. El proyecto fue examinado por especialistas del archivo
norteamericano, quienes aprobaron el diseño y los estándares de conservación elegidos.
En el marco del presupuesto para 1995. el Congreso de la Nación asignó recursos para
dar comienzo a las obras. A fines de 1994, se terminó la demolición del interior del
edificio de Bouchard. para adecuarlo a la remodelación. Hoy la obra ha sido paralizada y,
al parecer, abandonada.
Marìa Esteva