Volumen 6 - Nº31 |
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Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
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ARTICULOS BIODIVERSIDAD EN LA ANTARDIDA |
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Desde 1989, el grupo de
invest¡gacíón que integran los autores analíza el ecosistema terrestre de punta
Cierva, con el fin de conocer la relación entre los condicionantes ambientales y la
abundancia y distribución de la flora y la fauna. Se trata de un estudio de sumo
interés, entre otras razones, porque permite comparar un ecosistema terrestre antártico
muy diversificado y en condiciones casi pristinas con otros alterados por años de
ocupación humana. Los datos que se están obteniendo permitirán elaborar estrategias
para la conservación del área, cuyo valor como reserva de biodiversidad no sólo está
dado por la representatividad de sus especies vegetales y animales sino, también, porque
el impacto de la acción humana ha sido limitado. La zona ha sido declarada, en el marco
del tratado antártico, sitio de especial interés científico, lo que significa que se ha
formulado un plan de investigación y se han establecido restricciones de acceso, limitado
a la actividad científica; por esta condición, el turismo se encuentra excluido.
Mucho se ha avanzado en el conocimiento de la biodiversidad del ecosistema antártico desde que, en 1843, el médico y botánico británico Joseph Dalton Hooker, que tomó parte de la expedición de James Ross a esa región del planeta, confeccionara una corta lista de especies vegetales, que incluía nueve líquenes, cinco musgos y cuatro algas. Hoy se reconoce la importancia de los lugares cuyas características ambientales permiten la existencia de una gran diversidad biótica, lo que fue tomado en cuenta en el tratado antártico por las disposiciones orientadas a la conservación de la flora y la fauna, en especial, por la creación de las figuras de sitios de especial interés científico y zonas especialmente protegidas.
El problema que se plantea es qué estrategia elegir para lograr, en el largo plazo, la conservación de las áreas protegidas mediante dichas figuras jurídicas. Los planes que se tracen deberían tener en cuenta varias consideraciones. Por una parte, el posible aislamiento biogeográfico de los ecosistemas terrestres antárticos podría influir sobre los procesos de recolonización de especies. Además, si bien actualmente existe alguna controversia acerca de cuán frágiles serian tales ecosistemas, no se puede desconocer que son sensibles a acciones que los disturben y que, efectivamente, están alterados por la presencia humana. Por ejemplo, la construcción de la base Primavera, a fines de los años 50, podría haber causado la desaparición o disminución de algunas colonias de aves de punta Cierva, como las de petreles gigantes (Macronectes giganteus) y gaviotines antárticos (Sterna vittata), y la retracción de los sitios de nidificación de pingüinos. Además, los sistemas antárticos tienen baja capacidad de recuperación luego de un disturbio. Estudios realizados en la Antártida marítima demostraron que la formación de una capa de musgo de pocos centímetros de espesor demanda cientos de años. De ahí la conveniencia de que toda actividad que deba tener lugar en la Antártida esté precedida por un análisis de sus efectos sobre el medio natural, habitualmente llamado estudio de impacto ambiental, que determine los costos para el ambiente y considere alternativas.
PALOMA ANTARTICA Es ciertamente aconsejable definir nuevos sitios de especial interés científico, similares a punta Cierva, porque sólo con un conjunto de sitios protegidos podrá asegurarse la preservación de los ecosistemas, a los cuales, según el pensamiento más reciente, debe apuntar una estrategia efectiva para conservar la biodiversidad, y no a las especies tomadas en forma aislada, pues, en última instancia, sólo así se garantizaría la preservación de estas. Por otro lado, los esfuerzos que se hagan por reducir pérdidas de biodiversidad serían más eficaces si, sobre todo, apuntaran a mantener la resiliencia del ecosistema ante disturbios. Es, en conclusión, importante analizar las relaciones funcionales entre diversidad la biológica y la capacidad de persistencia en los ecosistemas antárticos, con el fin de asegurarse de que, en el largo plazo, la calidad ambiental se mantenga en el continente que ha sido menos afectado por la acción del hombre. |