Volumen 6 - Nº31

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

ENTREVISTA

UN ARGENTINO EN ALASKA


MICHELINE NUSSENZSVEIG y CÁSSIO LEITE VIEIRA,
Ciência Hoje, Río de Janeiro

 

Un físico argentino expatriado habla, entre otros cosos, de su carrera, de la situación de la física espacial, de las relaciones ruso-norteamericanos en la era posterior a la guerra fría, de la emigración de científicos rusos, de sus conflictos con los creation scientists y de la política norteamericana para el Ártico

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Cuando, en 1967, el físico Juan Roederer dejó el clima templado de la Argentina y partió rumbo a los Estados Unidos, no imaginaba que diez años después su destino sería el frío de Alaska. El régimen militar de entonces le cerró una puerta y la universidad de Denver, en Colorado, le abrió la primera de muchas que franquearía en su carrera en el extranjero. Permaneció en Colorado, como profesor titular, hasta I 977, cuando se convirtió en director del reconocido instituto de Geofísica de la universidad de Alaska, en Fairbanks.

Entre 1985 y 1991 fue primero vicepresidente y luego presidente de la Comisión de Investigaciones Árticas del gobierno norteamericano. Actualmente, es profesor emérito del mencionado instituto de Geofísica y coordinador internacional del Solar Terrestrial Energy Progrom (STEP), que estudia el espacio entre el Sol y la Tierra. Todavía ocupa varias jefaturas en comités oficiales de los Estados Unidos.

Roederer ha investigado en física espacial y psicoacústica, y se interesa por la política científica. Su libro Físico y psicofísico de la música esta siendo traducido al portugués en el Brasil, por la editorial de la universidad de San Pablo. En medio de sus compromisos científicos, se dedicó con entusiasmo a tocar el órgano y lo hace con destreza.

¿Cómo fue un argentino a parar a Alaska?
Primero es necesario que diga cómo fui a los Estados unidos. En 1966 tuve problemas con el gobierno militar argentino y opté por salir del país. Al año siguiente acepté un cargo de profesor titular en la universidad de Denver en Colorado. Viajé con toda mi familia, incluyendo mis padres, mi suegra y mis cuatro hijos en edad escolar Pasé diez años en Colorado, trabajando en física del espacio, que es el estudio del medio entre el Sol y la Tierra. En Alaska hay un instituto famoso, el de Geofísica de la universidad de Alaska, en Fairbanks, fundado durante la segunda guerra mundial; lo conocía bien desde mis tiempos en la Argentina. Estudia geofísica polar; más específicamente, las auroras polares, denominadas northern lights, que también existen en la Antártida, y tiene un gran número de investigadores y programas de investigación .Uno de sus directores fue el científico británico Sidney Chapmann (1888-1970), padre de la geofísica moderna. En 1976 se abrió un concurso para elegir un nuevo director para Fairbanks, al que me presenté y lo gané, de modo que en 1977 nos mudamos a Alaska. Mi conexión inicial con Alaska fue puramente científica, pero luego descubrimos que es un magnífico lugar para vivir

¿Cómo fue la transición de una universidad argentina a una norteamericana?
Entre 1957 y 1966, hubo una evolución formidable en la Universidad de Buenos Aires o, con más exactitud, en la facultad de Ciencias Exactas, que en ese período se convirtió en un centro de investigaciones de calidad internacional. Por ello la transición a una universidad norteamericana aconteció sin problemas. Diría más, el nivel de los alumnos en Denver era más bajo que el de los de la facultad de Ciencias Exactas de Buenos Aires.

Transcurridos ya casi treinta años ¿cuáles son las consecuencias de esa evasión de cerebros provocada por la dictadura militar argentina?
Obviamente desastrosas. No sólo para la física sino también para las otras ciencias. Se estima que en los Estados Unidos hay unos cien mil profesionales argentinos, muchos de los cuales ocupan hoy posiciones elevadas; si calculamos cuánto costaría formar a cada uno de ellos, una cifra baja sería, tal vez, cincuenta mil dólares, aunque es más probable que el costo real ronde los cien mil; tomando la segunda, serían unos diez mil millones de dólares lo que la Argentina donó a los Estados Unidos. Siempre uso ese argumento con los norteamericanos cuando dicen que Latinoamérica pide continuamente dinero: es la oportunidad de devolver un poco de lo que ya les dimos, sostengo.

¿Cómo llegó a ser director del instituto de Geofísica de Alaska?
En el concurso se buscaba una persona madura, un científico senior con experiencia en, por lo menos, una de las varias áreas en que trabaja un instituto que investiga desde sismología, vulcanología, glaciología y meteorología hasta física solar; física de la atmósfera y física espacial. Se quería encontrar a alguien que entendiese algunos de estos campos y tuviese un panorama general de la geofísica. Como estuve vinculado con organizaciones internacionales que se ocupaban de asuntos similares, tenía una buena experiencia, y el hecho de ser un investigador con una visión internacional resultó, creo, interesante para los selectores.

Usted coordina el STEP ¿Cuáles son las líneas generales de ese programa?
El programa estudia el espacio entre el Sol y la Tierra, formado por la fotosfera, la cromosfera, el viento solar la magnetosfera y la ionosfera, entre otras partes. Todo está vinculado y funciona como una unidad, que el STEP investiga en forma integral, con particular consideración por las interacciones de las partes y la transferencia de energía. Trata también de mejorar la predicción de las perturbaciones que el Sol ocasiona en la Tierra.

¿Qué tipo de perturbaciones?
Hay circunstancias importantes de las que los medios hablan poco, como los problemas que sufren los satélites durante las erupciones solares, o la inducción de corrientes eléctricas en redes de transmisión, que ha causado cortes de luz en los países nórdicos. Otro ejemplo: en Alaska hay un oleoducto, con tubos de 1,2m de diámetro, que va desde Prudhoe Bay a Valdez, una distancia de cerca de 1300 km; tiene ahora serios problemas de corrosión causados por corrientes eléctricas inducidas por otras que tienen lugar en la ionosfera, ignoradas hasta hace muy poco. Como se puede ver es un estudio aplicado muy importante

¿Cuál es la importancia de estos estudios para las telecomunicaciones?

Se conocen bien las llamadas erupciones solares (solar flares), que producen, por ejemplo, el boqueo (blackout) de la transmisión de ondas cortas. Pero hoy en día ya no se usa tanto la onda corta. Hay también problemas con la transmisión de datos vía satélite, lo que llamamos high rate dato tronsmission. Efectos de segundo orden de la perturbación de la ionosfera generan dificultades con esa clase de transmisión digital.

¿Qué se puede decir del efecto de las radiaciones solares sobre los astronautas? Cuando están en órbita, los astronautas están protegidos, por el campo magnético terrestre, especialmente de los protones y los electrones emitidos por el Sol en sus flares. Pero en 1988 y 1989 estos fenómenos ocurrieron en gran escala y fueron emitidas dosis fatales de radiación. En el caso de que hubiese habido astronautas, por ejemplo, en la Luna o en viaje a Marte, esa radiación les hubiese resultado mortal.