Volumen 6 - Nº31 |
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Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
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ARTICULOS ¿BUENOS AIRES EN BUENOS AIRES? |
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PEDRO F.ARAMENDÍA, ROBERTO FERNÁNDEZ PRINI Y GABRIEL GORDILLO INQUIMAE, FCEyN (UBA)
Es cierto que en su fantasía también se hallaban presentes los sueños de enriquecimiento, cuyos rastros se advierten en el nombre de un río, en verdad, tan poco argentino. A la larga, con la inexistente plata no sólo fluvialmente entronizada sino, también, en compensación, consagrada para siempre en la denominación nacional, y con la corte celeste - tal vez por su ubicuidad toponímica - olvidada en el nombre urbano, los buenos aires pasaron a designar definitivamente a la ciudad. Y no sin razón, pues Buenos Aires es una ciudad emplazada en una gran planicie abierta, sin barreras a la circulación del aire, en la cual los vientos de cualquier cuadrante limpian fácilmente la atmósfera, o, para decirlo de modo más preciso, impiden la acumulación de contaminantes en el aire. Por otro lado, el clima se caracteriza por la alternancia de diferentes vientos, que cumplen esa función descontaminante. No cabe duda de que las condiciones naturales de Buenos Aires son, en este sentido, más favorables que las de otras ciudades americanas, como Santiago de Chile o México, cuya topografía y meteorología tienden a dificultar la limpieza de la atmósfera. En estos tiempos, sin embargo, si se observa la ciudad desde un punto alejado, por ejemplo, volando en un avión o desde el río, se constata que, durante muchos días por año, está cubierta por una apreciable bruma no natural y quizá tóxica (Fig. 1), impresión que concuerda con la de quienes transitan por determinadas calles a ciertas horas, pues perciben la presencia de humos y gases provenientes, al parecer; de vehículos. ¿Debemos concluir que se han perdido los buenos aires? ¿O se trata de una impresión infundada? Si lo primero fuese cierto, ¿cuán grave es la situación? Fig.1 LA CONTAMINACION ATMOSFERICA SE PERCIBE, SI SE MIRA A BUENOS AIRESDESDE EL RÍO, COMO UNA BRUMA QUE MUCHOS DÍAS ENVUELVE LA CIUDAD.
Para contestar estas preguntas hace falta información sistemática sobre la calidad del aire de la ciudad, de la que no disponemos, pues, con la excepción de un estudio parcial publicado en 1974 (ver Lecturas sugeridas), no se han recogido datos que abarquen períodos prolongados. Sólo tenemos diversos indicios, de los que deducimos que, al presente, los buenos aires no parecen tan buenos; todo indica, más bien, que están muy lejos de ser los deseados. Como se sabe, el fenómeno no es exclusivo del Plata. Desde hace años, en distintos países, se ha hecho necesario controlar la calidad del aire de ciudades densamente pobladas. Casos paradigmáticos fueron los de Londres y Los Angeles: en el primero, su famosa niebla se constituyó en el símbolo de la ciudad, y en el segundo, el smog era una preocupación cotidiana. Era apreciable la relación entre los días de niebla espesa y el aumento de los trastornos respiratorios de los londinenses. En todo el mundo la contaminación atmosférica produce una disminución del bienestar y la capacidad de los ciudadanos y, llegada a ciertos límites, desemboca en padecimientos, más o menos difundidos y graves, de las vías respiratorias. Además del sufrimiento de la gente, lleva a que disminuya la producción (lo cual, en términos económicos, es un costo - llamado técnicamente costo de oportunidad - que paga la sociedad) y ocasiona gastos de tratamiento médico, así como otros efectos económicos. Daña los objetos y materiales expuestos a la atmósfera urbana: los metales se corroen, las construcciones y los monumentos se deterioran, las telas y los papeles se arruinan irreversiblemente. Los gastos de mantenimiento, reparación y reposición que se suscitan son considerables. Los contaminantes atmosféricos más importantes son gases: monóxido de carbono (CO), óxidos de nitrógeno (NO X, denominación genérica que designa al óxido nítrico -NO- y al dióxido de nitrógeno -N02-), dióxido de azufre (S02), ozono (O3) e hidrocarburos volátiles 2, También desempeñan un papel destacado los aerosoles (nombre que, en este contexto, se da a una suspensión de partículas en el aire), como los humos, que pueden contener substancias tóxicas del tipo del plomo.
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