Volumen 6 - Nº31

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

ARTICULOS

¿BUENOS AIRES EN BUENOS AIRES?


PEDRO F.ARAMENDÍA, ROBERTO FERNÁNDEZ PRINI
Y GABRIEL GORDILLO
INQUIMAE, FCEyN (UBA)


La contaminación del aire de la ciudad, causada sobre todo por los motores de vehículos,
ya parece superar, en ciertos momentos y lugares, los umbrales del peligro.


El nombre de Santa María de los Buenos Aires, la pequeña aldea que fundaron en el siglo XVI los colonizadores españoles en la margen occidental del mar dulce - luego, entre otras cosas, cabeza del virreinato del Río de la Plata, del estado independiente que tomó de ella su denominación y de la nación que se llamó como el río -, ha hecho suponer que, en la entonces inmensidad vacía formada por los pastizales de la pampa y las aguas barrosas del estuario, la bondad del aire fue el rasgo natural que más cautivó la imaginación de los fundadores Sin embargo, los historiadores se inclinan por creer que la toponimia fundacional, que también incluía a la Santísima Trinidad, estaba más relacionada con el culto celestial, que para ellos venía primero, que con la apreciación meteorológica1

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1PIÉNSASE QUE EL HOMBRE PUESTO AL PUERTO Y LA CIUDAD EN SU PRIMERA FUNDACIÓN SE PUDO INSPIRAR EN SANTA MARÍA DEL BUEN AIRE,PROTECTORA DE LOS NAVEGANTES, CUYA IMAGEN DE BULTO ESTABA EN LA CASA DE CONTRATACIÓN   DE SEVILLA,E EN SANTA MARÍA DE BONARIA, UNA ANTIGUA VIRGEN DEL S. XV VENERADA EN CERDEÑA, PERTENECIENTE DESDE EL S. XIV  A LA CORONA DE ARAGÓN. LO DE BUEN AIRE ALUDE A LOS VIENTOS FAVORABLES A LOS BARCOS DE VELA. LA SEGUNDA IMAGEN ERA DEL TIPO VIRGEN DE LA CANDELARIA, ES DECIR, ENTRE SUS ATRIBUTOS SE CONTABAN CANDELAS O VELAS, TAL DETALLE HA HECHO PENSAR QUE FUE ELEGIDA, DADO QUE LA CIUDAD SE FUNDÓ POR PRIMERA VEZ EL DÍA DE LA CANDELARÍA, EL 2 DE FEBRERO DE 1536. EN LA SEGUNDA FUNDACIÓN, EN 1580, ESE NOMBRE SE CONSERVÓ PARA EL PUERTO, MIENTRAS LA CIUDAD RECIBIO EL DE LA TRINIDAD, QUE CAYÓ GRADUALMENTE EN EL OLVIDO (NOTA DE LOS EDITORES)

Es cierto que en su fantasía también se hallaban presentes los sueños de enriquecimiento, cuyos rastros se advierten en el nombre de un río, en verdad, tan poco argentino. A la larga, con la inexistente plata no sólo fluvialmente entronizada sino, también, en compensación, consagrada para siempre en la denominación nacional, y con la corte celeste - tal vez por su ubicuidad toponímica - olvidada en el nombre urbano, los buenos aires pasaron a designar definitivamente a la ciudad.

Y no sin razón, pues Buenos Aires es una ciudad emplazada en una gran planicie abierta, sin barreras a la circulación del aire, en la cual los vientos de cualquier cuadrante limpian fácilmente la atmósfera, o, para decirlo de modo más preciso, impiden la acumulación de contaminantes en el aire. Por otro lado, el clima se caracteriza por la alternancia de diferentes vientos, que cumplen esa función descontaminante. No cabe duda de que las condiciones naturales de Buenos Aires son, en este sentido, más favorables que las de otras ciudades americanas, como Santiago de Chile o México, cuya topografía y meteorología tienden a dificultar la limpieza de la atmósfera.

En estos tiempos, sin embargo, si se observa la ciudad desde un punto alejado, por ejemplo, volando en un avión o desde el río, se constata que, durante muchos días por año, está cubierta por una apreciable bruma no natural y quizá tóxica (Fig. 1), impresión que concuerda con la de quienes transitan por determinadas calles a ciertas horas, pues perciben la presencia de humos y gases provenientes, al parecer; de vehículos. ¿Debemos concluir que se han perdido los buenos aires? ¿O se trata de una impresión infundada? Si lo primero fuese cierto, ¿cuán grave es la situación?

Fig.1 LA CONTAMINACION ATMOSFERICA SE PERCIBE, SI SE MIRA A BUENOS AIRES
DESDE EL RÍO, COMO UNA BRUMA QUE MUCHOS DÍAS ENVUELVE LA CIUDAD.

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Para contestar estas preguntas hace falta información sistemática sobre la calidad del aire de la ciudad, de la que no disponemos, pues, con la excepción de un estudio parcial publicado en 1974 (ver Lecturas sugeridas), no se han recogido datos que abarquen períodos prolongados. Sólo tenemos diversos indicios, de los que deducimos que, al presente, los buenos aires no parecen tan buenos; todo indica, más bien, que están muy lejos de ser los deseados.

Como se sabe, el fenómeno no es exclusivo del Plata. Desde hace años, en distintos países, se ha hecho necesario controlar la calidad del aire de ciudades densamente pobladas. Casos paradigmáticos fueron los de Londres y Los Angeles: en el primero, su famosa niebla se constituyó en el símbolo de la ciudad, y en el segundo, el smog era una preocupación cotidiana. Era apreciable la relación entre los días de niebla espesa y el aumento de los trastornos respiratorios de los londinenses. En todo el mundo la contaminación atmosférica produce una disminución del bienestar y la capacidad de los ciudadanos y, llegada a ciertos límites, desemboca en padecimientos, más o menos difundidos y graves, de las vías respiratorias. Además del sufrimiento de la gente, lleva a que disminuya la producción (lo cual, en términos económicos, es un costo - llamado técnicamente costo de oportunidad - que paga la sociedad) y ocasiona gastos de tratamiento médico, así como otros efectos económicos. Daña los objetos y materiales expuestos a la atmósfera urbana: los metales se corroen, las construcciones y los monumentos se deterioran, las telas y los papeles se arruinan irreversiblemente. Los gastos de mantenimiento, reparación y reposición que se suscitan son considerables.

Los contaminantes atmosféricos más importantes son gases: monóxido de carbono (CO), óxidos de nitrógeno (NO X, denominación genérica que designa al óxido nítrico -NO- y al dióxido de nitrógeno -N02-), dióxido de azufre (S02), ozono (O3) e hidrocarburos volátiles 2, También desempeñan un papel destacado los aerosoles (nombre que, en este contexto, se da a una suspensión de partículas en el aire), como los humos, que pueden contener substancias tóxicas del tipo del plomo.

2 El término hidrocarburos volátiles designa al conjunto de alcanos (C2H2n+2), alquenos (C2H2n) con n<7, benceno y tolueno. Las fuentes de estas substancias son los motores de explosión y, excepto el metano (CH4), no existen en la atmósfera limpia. Debido a las técnicas de análisis, sus concentraciones se expresan globalmente en partes por millón (ppm) de carbono.