Volumen 5 - Nº30 |
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Revista de Divulgación Científica y
Tecnológica de la |
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ARTICULO PROCESOS ELECTORALES Y
CULTURA POLÍTICA: |
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JOSÉ CARLOS CHIARAMONTE1
y MARCELA TERNAVASIO2 ¿Qué interés tienen, para el
historiador las elecciones anteriores a la ley Sáenz Peña? |
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La idea más generalizada acerca de las elecciones presenta su evolución mediante un esquema cronológico simple. Tomando como punto de partida el régimen representativo actual - fundado en un sistema de partidos políticos modernos -, busca en el pasado el itinerario seguido por sus distintas formas, así como las tergiversaciones que habría sufrido la práctica electoral. La ley Sáenz Peña, de 1912, que tuvo el propósito de garantizar la pureza del sufragio, representó un punto de inflexión. Las elecciones anteriores a esa fecha suelen ser menospreciadas como tema de estudio porque no pueden consíderarse legitimadoras del poder; dados los mecanismos de fraude implantados, que las alejaban de los modelos ideales de comportamiento político.
Para apreciar el cambio que tuvo lugar con la ruptura de los lazos coloniales y la instauración de un régimen representatívo, basta imaginar al hombre común de entonces - para quien la potestad del rey o del virrey había sido tan forza como un hecho de la naturaleza- convocado a elegir nuevas autoridades y sometído a ser espectador de un debate que parecía borrar todas las certezas sobre las que habia basado su existencia. Las nuevas ideas y experiencias que, por entonces, comenzaron a manífestarse - entre las que se destaca la novedosa práctica del voto - acompañaron las transformaciones sociales y políticas que se produjeron en el Rio de la Plata. Es el momento en que comenzó a construirse un espacio político, pues la política como actividad diferenciada de la sociedad era, hasta entonces, inexistente. El proceso, en la visión tradicional señalada, respondía a una imagen estereotipada: en la primera mitad del siglo XIX, la presencia de fuertes caudillos provincíales habría impedido la organización nacional, que se supone haber estado en germen. Esas fuerzas centrífugas no habrían basado su autoridad en la institucionalización del poder, sino, simplemente, en su capacidad de movilizar huestes e imponerse por la fuerza de las armas. La anterior argumentación se mantuvo vigente por mucho tiempo y dificultó comprender por qué no existió un Estado nacional hasta 1853; también contribuyó a oscurecer las características de otras entidades soberanas, como las ciudades o - en el lenguaje de la época - los pueblos, congregadas en la Primera Junta de gobierno y protagonistas, por intermedio de sus cabildos, de la mayor parte de lo ocurrido en la primera década revolucionaria ("Origenes de la nacionalidad argentina", CIENCIA HOY, 2:8-10). Estas soberanías de ciudad se conformarian luego como provincias, que en realidad no serian otra cosa que Estados soberanos, sujetos de derecho internacional, como proclamaron hacia 1830. En el Estado de Buenos Aires, que nos ocupa en este artículo, les cupo a la representación y al sufragio una función crucial. El análisis de los procesos electorales que tuvieron lugar entre 1810 y 1850 demuestra hasta qué punto la institucionalización de la autoridad acompañó al caudillismo. La búsqueda de una legitimación del poder por el ordenamiento legal del voto estuvo en la base de la experiencia posterior a 1810 e, incluso, en el periodo de J.M. de Rosas.
PUEBLOS DE LA
PROVINCIA DE BUENOS AIRES QUE VOTARON EN LAS ELECCIONES En realidad, los procesos electorales hispanoamericanos datan de antes de la Independencia. Por disposición de las autoridades peninsulares, se comenzaron a realizar elecciones en 1809, fecha en que se convocaron las de diputados a las Cortes españolas, luego de la invasión napoleónica de 1808; a partir de entonces, una vez desatado el proceso de la Independencia, no se interrumpió la serie de votaciones periódicas- para designar juntas gubernativas, diputados constituyentes, gobernadores, intendentes, miembros de cabildos, etc.-; es por demás significativo constatar que el sufragio conservó la mayor parte de los rasgos del sistema electoral hispano. Durante los primeros diez años de vida independiente, la guerra contra la metrópoli y la imposibilidad de constituir una autoridad central que impusiera orden en los territorios del ex virreinato ocasionaron una rápida y desordenada sucesión de autoridades municipales, provinciales y centrales, y la rápida convocatoria a congresos, de los cuales, los que llegaron a reunirse, como el de Tucumán en 1816 o la Asamblea del año XIII, dictaron normas y estatutos de efímera vida. Las elecciones tenían determinadas características comunes, fijadas por los decretos convocantes. |
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