Volumen 5 - Nº30

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

ARTICULO

PROCESOS ELECTORALES Y CULTURA POLÍTICA:
BUENOS AIRES 1810-1850

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JOSÉ CARLOS CHIARAMONTE1 y MARCELA TERNAVASIO2
1Instituto Emilio Ravignani (FFYL, UBA) 2Consejo de Investigaciones (UNR)

¿Qué interés tienen, para el historiador las elecciones anteriores a la ley Sáenz Peña?
¿Pueden considerarse legitimadoras del poder político, dados los mecanismos de fraude, que las alejaban de los comportamientos políticos ideales?

    
Analizar las elecciones que tenían lugar durante los primeros años de vida independiente del país requiere, ante todo, librarse de ciertos prejuicios, a los cuales quizás adhiera el lector, igual que lo hacia, hasta no hace muchos años, una historiografía empeñada en construir un estereotipo del sufragio. Para tal concepción, esas elecciones constituían un asunto poco digno de estudio, pues no respondían al modelo ideal de comportamiento de una ciudadanía y estaban viciadas por el fraude y la corrupción; habrían sido una simple escenificación, mediante la cual las elites criollas intentaron legitimar el poder que asumieron luego de la Revolución de Mayo.

La idea más generalizada acerca de las elecciones presenta su evolución mediante un esquema cronológico simple. Tomando como punto de partida el régimen representativo actual - fundado en un sistema de partidos políticos modernos -, busca en el pasado el itinerario seguido por sus distintas formas, así como las tergiversaciones que habría sufrido la práctica electoral. La ley Sáenz Peña, de 1912, que tuvo el propósito de garantizar la pureza del sufragio, representó un punto de inflexión. Las elecciones anteriores a esa fecha suelen ser menospreciadas como tema de estudio porque no pueden consíderarse legitimadoras del poder; dados los mecanismos de fraude implantados, que las alejaban de los modelos ideales de comportamiento político.

PERDURACIÓN DE CRITERIOS ESTAMENTALES EN LA PRÁCTICA ELECTORAL
En los comicios para electores de diputados al congreso de Tucumán, la mesa electoral de Arrecifes alteró el resultado de las elecciones por entender que ciertos votos, por la calidad social de sus emisores, valían más que los de otros sufragantes. Los integrantes de la mesa se preguntaban ...cuál pluralidad, si la de número o la de Calidad y otras circunstancias debía decidirnos para el nombramiento de Electores acordamos anteponer entre los de mayar número que tuviese a su favor; la mejor calidad de sufragantes o la notoriedad de pureza y Iibertad... Por tal razón, considerando que veinte de esos sufragios de mejor calidad representarían en realidad cerca de doscientos, habida cuenta de las personas de los hijos, dependientes y asalariados de esos votantes, resolvieron dar por electos a dos candidatos que, en las actas, no aparecían con el mayor número de votos. Pues los votos que ellos recibieron forman la más juiciosa mayoría y verdadera pluralidad de todos las votos reconocidos...

Facultad de Filosofía y Letras, 1917, "Sesiones de la Junta Eledoral de Buenos Aires (1815-1820) - Arrecifes, Areco, Pergamino y Salto", acta del lº de agosto de 1815:14, Documentos para la Historia Argentina, VIII, Buenos Aires.


Hace algunos años, sin embargo, nuevas visiones hístoriográficas comenzaron a poner en duda esta concepción, que juzgaba a los procedimientos electorales según su distancia del modelo ideal. Se plantearon interrogantes sobre otras dimensiones del proceso y se intentó descifrar el significado del sufragio en sociedades muy diversas. Corruptas o no, las elecciones de la primera mitad del siglo pasado requieren ser vistas a la luz de esos nuevos interrogantes, atendiendo a su funcionalídad para con las transformaciones generales que trajo el abandono del régimen colonial.

Para apreciar el cambio que tuvo lugar con la ruptura de los lazos coloniales y la instauración de un régimen representatívo, basta imaginar al hombre común de entonces - para quien la potestad del rey o del virrey había sido tan forza como un hecho de la naturaleza- convocado a elegir nuevas autoridades y sometído a ser espectador de un debate que parecía borrar todas las certezas sobre las que habia basado su existencia. Las nuevas ideas y experiencias que, por entonces, comenzaron a manífestarse - entre las que se destaca la novedosa práctica del voto - acompañaron las transformaciones sociales y políticas que se produjeron en el Rio de la Plata. Es el momento en que comenzó a construirse un espacio político, pues la política como actividad diferenciada de la sociedad era, hasta entonces, inexistente.

El proceso, en la visión tradicional señalada, respondía a una imagen estereotipada: en la primera mitad del siglo XIX, la presencia de fuertes caudillos provincíales habría impedido la organización nacional, que se supone haber estado en germen. Esas fuerzas centrífugas no habrían basado su autoridad en la institucionalización del poder, sino, simplemente, en su capacidad de movilizar huestes e imponerse por la fuerza de las armas. La anterior argumentación se mantuvo vigente por mucho tiempo y dificultó comprender por qué no existió un Estado nacional hasta 1853; también contribuyó a oscurecer las características de otras entidades soberanas, como las ciudades o - en el lenguaje de la época - los pueblos, congregadas en la Primera Junta de gobierno y protagonistas, por intermedio de sus cabildos, de la mayor parte de lo ocurrido en la primera década revolucionaria ("Origenes de la nacionalidad argentina", CIENCIA HOY, 2:8-10). Estas soberanías de ciudad se conformarian luego como provincias, que en realidad no serian otra cosa que Estados soberanos, sujetos de derecho internacional, como proclamaron hacia 1830.

En el Estado de Buenos Aires, que nos ocupa en este artículo, les cupo a la representación y al sufragio una función crucial. El análisis de los procesos electorales que tuvieron lugar entre 1810 y 1850 demuestra hasta qué punto la institucionalización de la autoridad acompañó al caudillismo. La búsqueda de una legitimación del poder por el ordenamiento legal del voto estuvo en la base de la experiencia posterior a 1810 e, incluso, en el periodo de J.M. de Rosas.

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PUEBLOS DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES QUE VOTARON EN LAS ELECCIONES
DE DIPUTADOS AL CONGRESO DE TUCUMÁN, 1815

En realidad, los procesos electorales hispanoamericanos datan de antes de la Independencia. Por disposición de las autoridades peninsulares, se comenzaron a realizar elecciones en 1809, fecha en que se convocaron las de diputados a las Cortes españolas, luego de la invasión napoleónica de 1808; a partir de entonces, una vez desatado el proceso de la Independencia, no se interrumpió la serie de votaciones periódicas- para designar juntas gubernativas, diputados constituyentes, gobernadores, intendentes, miembros de cabildos, etc.-; es por demás significativo constatar que el sufragio conservó la mayor parte de los rasgos del sistema electoral hispano.

Durante los primeros diez años de vida independiente, la guerra contra la metrópoli y la imposibilidad de constituir una autoridad central que impusiera orden en los territorios del ex virreinato ocasionaron una rápida y desordenada sucesión de autoridades municipales, provinciales y centrales, y la rápida convocatoria a congresos, de los cuales, los que llegaron a reunirse, como el de Tucumán en 1816 o la Asamblea del año XIII, dictaron normas y estatutos de efímera vida. Las elecciones tenían determinadas características comunes, fijadas por los decretos convocantes.