¡OH LA ORTOGRAFÍA!Cuando comencé
a recorrer las páginas del número 29 me detuve horrorizada: el texto estaba inundado de
faltas de ortografia! Debido a un reflejo adquirido en mi formación (o deformación)
docente, comencé a corregirlas. A las dos o tres páginas me di cuenta de lo que sucedia:
faltaban acentos en las palabras este, ese y aquel utilizadas como pronombres (o, como me
enseñaron, cuando pueden ser reemplazadas por el sustantivo al que hacen referencia).
Hace mucho que leo CIENCIA HOY. Un atributo que me atrae es la fluidez y corrección de
sus textos. No puedo creer que la falta de acentos sea involuntaria. Debe de haber alguna
norma que ignoro. ¿Podrían aclararme la cuestión?.
Alicia Iribarren
En A Dictionary of Modem English Usage, Henry Fowler señaló, hacia principios de
siglo, que quien escribiese debía ser muy cuidadoso con las palabras que usara, porque
abundaba entre el público lector un personaje que, con más admiración que molestia,
llamó that pestilent fellow, the critical reader (calificativo coloquial que no significa
lo que sugiere su transposición literal al castellano
-apestado o maloliente- sino, más bien, molesto o cargoso). Evidentemente, Fowler
hubiese estado encantado de recibir una carta como la de la lectora Iribarren, igual que
lo están estos menos eruditos editores. Y, de paso, gracias por lo de lo fluidez y
correción de los textos, que buen trabajo nos dan, así como algunos disgustos a los
autores, a quienes solemos enmendar la idiomática plana en pos de esos atributos
(aprovechemos también, entonces, para pedir disculpas y paciencia a los autores, y para
reafirmar que la buena artesanía del idioma es un objetivo que CIENCiA HOY desea
perseguir).
En cuanto a los benditos acentos, los editores han resuelto, efectivamente,
suprimirlos, principalmente porque los consideran inútiles y poco elegantes. No
entraremos en el complejo debate acerca de si tiene sentido que alguien establezca normas
idiomáticas, dado que, en última instancia, como no se cansaba de señalar Emesto
Sábato, el público usará la lengua como se le antoje y las academias siempre correrán
detrás de la gente para decretar que se debe hacer lo que descubrieron que ya se está
haciendo. De todos modos, las academias (y los editores) pueden someter los usos a una
crítica sensata y aconsejar o implantar cambios. Así, los acentos en ciertos pronombres
demostrativos eran considerados necesarios (como dice Maria Moliner en su Diccionario de
uso del español) hasta lo promulgación de las nuevas normas de la Real Academia, que
autorizan su supresión si no cabe anfibologia. Las mencionadas normas fueron dadas a
conocer por la Academia el 1° de enero de 1959.
Como se aprecia, la académica bendición a nuestros supuestos pecadillos ortográficos
cumplió treinta y seis saludables años, edad que nos pareció suficiente para concluir
que no seria insensato aceptarla. Seguramente sucederá en este caso lo que ya aconteció
con los acentos en monosilabos como fue, vio, dio o fe, que fueron obligatorios, luego
optativos y, por último, pasaron ser incorrectos.
El caso anfibológico (o de significado equivoco) es sumamente raro, y puede ser
evitado con facilidad (o, en el peor de los casos, acentuado). La decimonovena edición,
de 1970, del diccionario de la Real Academia (ya salió la vigésimo primera) es la
última que busca -o mejor habría que poner rebusca- dar un ejemplo. Si escribiéramos
los niños eligieron a su gusto: estos pasteles y aquellos bombones, habría que poner
acento en el caso de que, en vez de indicar unos pasteles y unos bombones, los
demostrativos tuviesen el propósito de hablar de dos grupos de niños. A nuestro juicio,
sin embargo, sería mejor poner comas luego de estos y aquellos, en vez de los acentos. En
las dos ediciones siguientes el ejemplo fue suprimido.