Volumen 5 - Nº30

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

CARTA DE LECTORES

 

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OMISIONES

La autora del comentario Análisis del ADN de camélidos sudamericanos, que acompaña el artículo La brava reserva de Laguna Brava, aparecido en el número anterior, solicita que se rectifiquen dos omisiones, lo que los editores hacemos con gusto, además de presentar las excusas del caso.

Dice la doctora Semorile:
En primer término, mis lugares de trabajo son dos: el departamento de Ciencia y Tecnología de la Universidad de Quilmes y el instituto de Bioquimica y Biología Molecular (IBBM), en la facultad de Ciencias Exactas de la UNLP. Por otra parte, los datos aportados son parte de mi trabajo de tesis de doctorado, realizada en el IMBICE, La Plata, bajo la dirección de la doctora L. Vidal Rioja.

Liliana Semorile

 


Benévolamente juzgó el buen lector unos desaciertos que causaron no poco fastidio a los editores. El error no fue del diseñador sino de la imprenta, que prometió enmendarse. Imprimir la revista en Chile tiene sus ventajas pero dificulta el control.

Los editores.

 
ASOCIACIÓN PROCIENCIA DE ROSARIO

Los doctores Edmundo Rúveda y Marcelo Cabada nos escribieron, con pedido de publicadón, sobre la constitución de la Asocioción Prociencia de Rosario, producto de la inquietud de un grupo de investigadores de dicha ciudad, alarmados por el creciente deterioro científico y académico del país y, particularmente, del área de influencia de la UN de Rosario. Las autoridades de la entidad son: Edmundo Rúveda, presidente: Mario Castagnino. vicepresidente; Marcelo Cabada, secretario; Tulio Ceconi, tesorero, y Emilio Rodríguez Garay, Juan P. Lewis, Alicia Omar y Jorge Fuegueas, vocales; su dirección, IQUIOS, C. correo 991, 2000 Rosario; teléfono, 041-370346; fax, 041-370477.

Los fines que alentaron a la creación de Prociencia no difieren mucho de los que movieron a Bemardo Houssay, en la década de los treinta, a fundar la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias. Una de las principales preocupaciones de los investigadores rosarinos proviene de la creciente dificultad para dedicarse plenamente a la ciencia encontrada por los jóvenes con vocación y talento para ella. Entre los obstáculos que los detienen están las inciertas políticas de las instituciones que deben alentar la investigación y el creciente ahogo económico de esta.

La asociación se propone entrevistar a las autoridades de la universidad local, de la provincia y de reparticiones nacionales, y a las fuerzas vivas de la región, para dar a conocer los puntos de vista de los investigadores; también dará conferencias y difundirá su pensamiento por los medios, para que la sociedad rosarina conozca las actividades científicas que tienen lugar en la ciudad y ayude a mantenerlas.

MAS SOBRE EL DISEÑO GRAFICO DE CIENCIA HOY

Comentando el número 28, se nos señala que ...aun estamos cerca de una era de ciudades inhabitables -diseñadas por urbanistas- y de casas invivibles -proyectadas por arquitectos de moda-; y no hay sala de espera sin revistas con textos prescindibles y, en todo caso, ilegibles. Pero CIENCIA HOY debe tomar una postura razonable: lejos de Moria y lo más cerca posible de Sofia, o del sentido común y de lo que sabemos todos, animales ópticos, sujetos a leyes de percepción visual.

Vuelvan, críticamente, a las páginas impares del excelente articulo firmado por Miguel de Asúa: las ojivas y los floripondios del fondo entorpecen la lectura. El caso es más grave, aún, en esa maleza óptica en que se desdibujan. Las plantas y el frío. Mejor le fue a Laplace y los geómetras: las manchas purpúreas, que hubieran arruinado la reputación de cualquier editor, sólo alcanzan a dificultar la lectura de los epigrafes.

Antonio Pérez Prado

¡OH LA ORTOGRAFÍA!

Cuando comencé a recorrer las páginas del número 29 me detuve horrorizada: el texto estaba inundado de faltas de ortografia! Debido a un reflejo adquirido en mi formación (o deformación) docente, comencé a corregirlas. A las dos o tres páginas me di cuenta de lo que sucedia: faltaban acentos en las palabras este, ese y aquel utilizadas como pronombres (o, como me enseñaron, cuando pueden ser reemplazadas por el sustantivo al que hacen referencia).

Hace mucho que leo CIENCIA HOY. Un atributo que me atrae es la fluidez y corrección de sus textos. No puedo creer que la falta de acentos sea involuntaria. Debe de haber alguna norma que ignoro. ¿Podrían aclararme la cuestión?.

Alicia Iribarren

En A Dictionary of Modem English Usage, Henry Fowler señaló, hacia principios de siglo, que quien escribiese debía ser muy cuidadoso con las palabras que usara, porque abundaba entre el público lector un personaje que, con más admiración que molestia, llamó that pestilent fellow, the critical reader (calificativo coloquial que no significa lo que sugiere su transposición literal al castellano

-apestado o maloliente- sino, más bien, molesto o cargoso). Evidentemente, Fowler hubiese estado encantado de recibir una carta como la de la lectora Iribarren, igual que lo están estos menos eruditos editores. Y, de paso, gracias por lo de lo fluidez y correción de los textos, que buen trabajo nos dan, así como algunos disgustos a los autores, a quienes solemos enmendar la idiomática plana en pos de esos atributos (aprovechemos también, entonces, para pedir disculpas y paciencia a los autores, y para reafirmar que la buena artesanía del idioma es un objetivo que CIENCiA HOY desea perseguir).

En cuanto a los benditos acentos, los editores han resuelto, efectivamente, suprimirlos, principalmente porque los consideran inútiles y poco elegantes. No entraremos en el complejo debate acerca de si tiene sentido que alguien establezca normas idiomáticas, dado que, en última instancia, como no se cansaba de señalar Emesto Sábato, el público usará la lengua como se le antoje y las academias siempre correrán detrás de la gente para decretar que se debe hacer lo que descubrieron que ya se está haciendo. De todos modos, las academias (y los editores) pueden someter los usos a una crítica sensata y aconsejar o implantar cambios. Así, los acentos en ciertos pronombres demostrativos eran considerados necesarios (como dice Maria Moliner en su Diccionario de uso del español) hasta lo promulgación de las nuevas normas de la Real Academia, que autorizan su supresión si no cabe anfibologia. Las mencionadas normas fueron dadas a conocer por la Academia el 1° de enero de 1959.

Como se aprecia, la académica bendición a nuestros supuestos pecadillos ortográficos cumplió treinta y seis saludables años, edad que nos pareció suficiente para concluir que no seria insensato aceptarla. Seguramente sucederá en este caso lo que ya aconteció con los acentos en monosilabos como fue, vio, dio o fe, que fueron obligatorios, luego optativos y, por último, pasaron ser incorrectos.

El caso anfibológico (o de significado equivoco) es sumamente raro, y puede ser evitado con facilidad (o, en el peor de los casos, acentuado). La decimonovena edición, de 1970, del diccionario de la Real Academia (ya salió la vigésimo primera) es la última que busca -o mejor habría que poner rebusca- dar un ejemplo. Si escribiéramos los niños eligieron a su gusto: estos pasteles y aquellos bombones, habría que poner acento en el caso de que, en vez de indicar unos pasteles y unos bombones, los demostrativos tuviesen el propósito de hablar de dos grupos de niños. A nuestro juicio, sin embargo, sería mejor poner comas luego de estos y aquellos, en vez de los acentos. En las dos ediciones siguientes el ejemplo fue suprimido.

Los editores