Volumen 5 - Nº30

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

ARTICULO

LA SIERRA DE LA VENTANA:UNA ISLA DE BIODIVERSIDAD

Presentan condiciones extremas que los diferencian, especialmente en verano y primavera, de cualquier otro: son muy cálidos y secos, con una fuerte iluminación, dado que las pendientes orientadas al norte reciben la máxima energía solar. En esos sitios, la capacidad evaporante del aire es elevada, y las oscilaciones térmicas diarias y anuales, marcadas. Durante el invierno, es más evidente la ventaja de su orientación para captar la radiación solar, por lo que se trata, en esa época, de los ambientes más asoleados de toda la sierra. Su flora se caracteriza por soportar bien el calor y la sequía (es decir, es xertermófila, de xerós -xhróV -, seco, y termo -qermo -, calor), y exhibe rasgos morfológicos y fisiológicos vinculados con los mecanismos por los que las plantas regulan el agua cuando esta es escasa y toleran altas temperaturas (Fig. 2).
 
 

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FIG 2. EN LOS ROQUEDALES BASALES ORIENTADOS AL NORLE, LAS DISTINTAS ESPECIES POSEEN FORMAS Y COLORACIONES SEMEJANTES, PRUEBA DE QUE SE PRODUJO UNA CONVERGENCIA ADAPTATIVA QUE SE PUEDE EJEMPLIFICAR CON LOS HELECHOS. CHEILANTHES (A) Y NOTHOLAENA BUCHTIENI (B)

La mayoría de las plantas de los roquedales calientes y secos integran las floras austrobrasíleña y andinopampeana, pero algunas especies son exclusivas de estos sitios. Sus adaptaciones a la radiación y evapotranspiración elevadas son diversas. Varias dicotiledóneas y algunos helechos están cubiertos por abundantes pelos muertos y escamas protectoras, que reflejan parte de la radiación incidente; las gramíneas tienen hojas delgadas y no faltan helechos y dicotiledóneas con hojas muy pequeñas (se las llama plantas micrófilas), con poca superficie para recibir radiación y transpirar. Hay helechos que, en ocasiones de sequía, resultan capaces de vivir con una mínima cantidad de agua; sus hojas (llamadas frondes) se desecan parcialmente y se enrollan para reducir su metabolismo, pero, cuando la sequía pasa, se hidratan, recuperan la frescura, aumentan la superficie expuesta e incrementan su metabolismo; se los llama poiquilohidros reviviscentes. Hay plantas que viven en suelos incipientes y en fisuras de las rocas prácticamente desprovistas de materiales sueltos, con escasa capacidad de retención hídrica. Varías especies poseen un metabolismo fotosíntétíco (denominado C4) muy eficiente en el uso del agua, que las torna tolerantes a los sitios cálidos y secos, porque son capaces de fijar dióxído de carbono (C02) con altas temperaturas y elevada radiación solar; otras, como los cactus, tienen el denominado metabolismo ácido de crasas, por el que sólo abren sus estomas de noche para incorporar C02, de suerte que es aún menor la cantidad de agua que requieren por cada unidad de carbono asimilado;"Agua, carbono, luz y vida", CIENCIA HOY 27:41-55.

Los afloramientos rocosos orientados al sur poseen características opuestas a los que miran al norte. Tanto los basales (sitio 2) como los ubicados a mayor altitud (sitio 3) son sombríos la mayor parte del año: sólo reciben insolación directa durante entre dos y cinco horas diarias, en primavera y verano. Son perceptiblemente frescos, especialmente en el suelo que ocupa los intersticios de las rocas, sufren pocas oscilaciones térmicas diarias y anuales, y su aire es de baja capacidad evaporante, aunque en la base de los cerros los extremos térmicos y de humedad son más variables. En primavera, las condiciones climáticas de los roquedales más bajos y más altos se asemejan, pues durante el día hace frío; la caída de temperatura durante la noche es moderada y las marcas mínimas no son extremas; la capacidad evaporante del aíre, con vientos suaves, es reducida, y las condiciones mesoclímáticas se mantienen relativamente constantes durante todo el día. En cuanto a estas últimas condiciones, las máximas diferencias con los demás sítíos rocosos se registran en verano y otoño; en invierno se asemejan a las de los roquedales de las cumbres, con bajas temperaturas, poca variación térmica diaria, aíre húmedo, reducida evapotranspíración y débil iluminación.

Los roquedales que miran al sur y al sudoeste, tanto los basales como los de mayor altitud, están relacionados en materia de vegetación. Pocas de sus especies se cuentan también entre las de afloramientos rocosos con otras exposiciones: sí bien algunas de las basales son más ubicuas, casi todas poseen adaptaciones a hábítats frescos, húmedos y sombríos (Fig. 3). En esas comunidades dominan una gramínea endémica de las sierras bonaerenses (Poa iridifolia) y una umbelífera conocida por carda (Eryngium stenophyllum), que se puede confundir con bromeliáceas terrestres como los caraguatá (Aechmea sp.) del Chaco. También esta el culandrillo (Adiantum chilense), un helecho que ocupa pequeñas cuevas; en ambos lados de sus delgadas frondes tiene cloroplastos (organelas celulares con clorofila) para capturar la escasa luz. Varias especies poseen frondes u hojas ampilas; por ejemplo, el helecho Polystichum elegans y un pasto o gramínea como Poa irídifolia, de hojas planas, rasgo menos frecuente en especies emparentadas de lugares secos y bien asoleados.

fig18.gif (54331 bytes)A fig20.gif (50287 bytes)D
fig19.gif (49351 bytes)B fig22.gif (52679 bytes)E

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FIG.3 POA IRIDIFOLIA, GRAMÍNEA ENDÉMICA DE LAS SIERRAS, ENCONTRADA EN LOS ROQUEDALES QUE MIRAN AL SUR (A). HELECHOS POLYPODIUM ARGENTINUM (B) Y CULANDRILLO O ADIANTUM CHILENSE (C), HALLADOS EN LA ZONA BASAL. BLECHNUM CHILENSE (D), PROPIO DE LOS ROQUEDALES MÁS ALTOS Y DE LOS BOSQUES ANDINO-PATAGÓNICOS. LYCOPODIUM SAURURUS, HELECHO PRIMITIVO QUE VEGETA A GRAN ALTITUD EN LOS ANDES, EN LA SIERRA ESTÁ POR ENCIMA DE LOS 700M (E)

Las diferencias mesoclímátícas que se advierten entre roquedales orientados al sur y sudoeste, ubicados en diferentes altitudes, se ven reflejadas en la composición florística por la presencia de especies estenoicas, esto es, que sólo admiten una variación estrecha en los factores ecológicos para poder vivir. Así, en el roquedal basal es abundante el helecho reviviscente Polypodium argentinum, en tanto que la frecuencia del Polystichum elegans aumenta por encima de los 700m. En los roquedales más altos de la sierra -y sólo allí- se encuentran especies de los fríos bosques andino-patagónicos, como Polystíchum elegans, Blechnum chilense, B. penna marina y Acaena ovalifolia, entre otras, junto con algunas de distribución típícamente andina, como la cola de quirquincho o Lycopodium saururus y L. magellanicum. En latitudes más cercanas a los trópicos, estos helechos viven más alto; en los Andes centrales, por ejemplo, se los encuentra por encima de los 3000m. pero en las sierras de la Ventana ya están presentes a partir de los 700m. En roquedales asoleados que miran al sur, en las altitudes intermedias y con escasísimo suelo, vegeta el mal llamado pino plateado (Plantago bismarcki), bellísimo arbusto sin parentesco con los pinos que, más propiamente, se denomina llantén. Es una especie endémica y un buen ejemplo de la evolución de la flora en esta gran isla rocosa austral.