EL MUSEO DE LA PLATA VISTO POR HENRY
A. WARD |
Inmediatamente, al entrar, la visita se encuentra en una
gran rotonda, que se abre en elevada cúpula por medio de una galería sostenida por
estriadas columnas de hierro. La ornamentación de esta rotonda es sumamente artística.
Entre cada una de las muchas puertas que desde aquí conducen a las diversas partes del
edificio, están cubiertos los espacios de las paredes por grandes pinturas al fresco, que
representan escenas de los pasados períodos geológicos de la actual República
Argentina. En estas pinturas se halla el hombre primitivo, el argentino prehistórico, en
presencia de los animales del período cuaternaria, formando cuadras realistas que suelen
parecer audaces en su concepción, pero que no son, en realidad, sino una exposición de
los hechos adquiridos por la ciencia. Otras de estas pinturas representan escenas
características de la geología y la geografía física argentinas, de naturaleza
gráfico, y perfectamente calculada para entusiasmar a la visita e inspirarle interés en
las colecciones que debe estudiar. Estas son de mineralogía, geología, osteología
comparativo, zoología, paleontología y arqueología. Pero más que todo, este es
estrictamente un museo argentino; y es este distintivo característico lo que hace que
esta colección tenga especial interés para el extranjero que visita el país, como que
también constituye su principal importancia para este pueblo. Todo cuanto contiene el
museo, con pocos excepciones, pertenece a la gran República Argentina, cuya historia
natural, desde los tiempos más remotos hasta el día de hoy expresa e ilustra. Es de
sentirse que en nuestro museo nacional de Washington, no se haya adoptado este plan, que
nos habría dado un museo verdadero y distintivamente nacional. En la disposición de los
salones, como en lo clasificación de las diversas colecciones, el señor don Francisco P.
Moreno, fundador y director del museo, ha adoptado la teoría de la evolución, como la
que mejor ilustra el desarrollo gradual de las faunas que han vivido en la extremidad sud
del continente americano. Por este método puede empezar el que visite el museo con el
estudio de las formas de vida que pertenecían a las primeras épocas geológicas, y,
pasando de fauna en fauna, llegar hasta la época actual.
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FIG.3 Y 4 : PLANTAS DEL MUSEO DE LA PLATA 1890
ESTAS ILUSTRACION SON DEL TOMO 1, 1890-1 DE LA REVISTA DEL MUSEO |
El departamento paleontológico del Museo de La Plata constituye su principal gloria. A
mí me causó este departamento inmensa sorpresa -fue todo una revelación- tan poco
preparado me hallaba para encontrarme en esta parte del mundo con colecciones semejantes.
Aquí hallé ocho anchos salones, de una longitud total de 155 metros, completamente
llenos de series de fósiles que ilustran las sucesivas formas de vida en las épocas
geológicos pasadas, empezando con los moluscos y trilobites de la formación siluriano, y
siguiendo por cada período sucesivo hasta los grandes mamíferos de los períodos
terciarios y cuaternarios. Aquí se exhiben a los que estudian la ciencia y que quieren
ser los biógrafos del mundo, millares de formas extintos, y con esta procesión de la
vida animal a través de los siglos, quedan llenados muchos de los claros de la ciencia.
Bien puede afirmarse que, con el Museo de La Plata, ha contribuido América del Sud con un
valioso contingente a la historia geológica del hemisferio austral demostrando una
riqueza infinitamente superior a la de las contribuciones de Australia y Africa del Sud.
(Ward, 1890-1891.) |
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