Volumen 5 - Nº28

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la
Asociación Ciencia Hoy

EDITORIAL

La Investigación Académica

 

I would go even so for as to say that if one were being Machiavellian, one might discern sinister motives among those who try to sell to us the idea of technology transfer without the accompanying  sciencie transfer. There is nothing wich has hurt us in the Third World more than the slogan in the wealthier countries of Relevant Sciencie. Regretfully, this slogan was parroted in most of our countries unthinkingly, to the point of stifling the growth of all sciencie.

Abdus Salam
Premio Nobel de Física 1979

 

A raíz  de recientes y un tanto desmedidas expresiones de un alto   personaje del gobierno, motivadas por la crisis financiera del CONICET, nuestras ciencia ocupó - pero no podríamos decir que preócupo - al periodismo local como nunca lo había hecho en la corta historia de aquella. Tal notoriedad de la ciencia nativa fue, sin embargo, efímera, y a poco esta retornó a habitar los oscuros rincones que lo destinan los medios, sin que ninguna de las causas que la conviertan en noticia haya desaparecido, sin que su pasajera popularidad haya servido demasiado para ilustrar a la ciudadanía. El presente comentario editorial pretende hacer un aporte al debate todavía no iniciado sobre el asunto.

Es habitual dividir la investigación en básica, aplicada y desarrollo tecnológico, según que sus propósitos sean, respectivamente, la búsqueda del conocimiento, la solución de un problema práctico y la creación de un producto o proceso. Importante, además, es el criterio de la revista Nature (1991), que agrupa la investigación, según el responsable de ejecutarla, en investigación académica, que transcurre en instituciones cuyo fin primario es la producción y transmición de conocimientos, investigación ejecutada por el gobierno, en entidades creadas para fines específicos, comoson localmentela CNEA, el INTI y el INTA, e investigación realizada por la industria: cada una puede ser investigación básica, aplicada o desarrollo tecnológico pero la primera predomina en el sector académico y las otras dos en la industria, mientras que las entidades gubernamentales tienen su campo de investigación acotado por su objetivos específicos.

En los países desarrollados, los recursos para la investigación básica se asignan, predominantemente, alas universidades. Por ejemplo, en los Estados Unidos, los fondos otorgados a instituciones académicas para hacer investigación básica duplican los que reciben para igual propósito los laboratorios del gobierno, y quintuplican los gastos que realiza la industria para el mismo fin (datos de 1990).

Los temas de los que se ocupa la investigación académica son determinados por los propios investigadores: sus resultados son nuevos conocimientos, que pasan al dominio publico y son evaluados. exclusivamente, por su mérito, según el juicio de la comunidád científica internacional. Dichos resultados, además. resultan poco previsibles. lo que impide planificar en detalle la investigación.

La universidad es el ámbito natural para la investigación académica: permite. mejor que cualquier otra institución, la libre discusión de las ideas y la tarea interdisciplinaria. La investigación en las universidades es, también, indispensable para garantizar la calidad de la enseñanza.

En la Argentina, sin embargo. el CONICET ha establecido un sistema de ejecución de ciencia académica formado por institutos bajo su directa dependencia, no vinculados con las universidades. Frecuentemente se crearon por la influencia de los investigadores que deseaban dirigidos, pero sólo en pocos casos su ubicación extrauniversitaria puede justificarse por la mejor ciencia que así se produce. Fuera de las universidades. la investigación se encarece innecesariamente y pierde el estímulo invalorable de las mentes jóvenes. mientras las casas de altos estudios se deterioran en lo académico al retirarse los investigadores.

La investigación académica no puede ser reemplazada por la que ejecuta el sector empresario. orientada por las necesidades del mercado y cuyos resultados, sobre todo si son valiosos, suelen permanecer secretos, amparados por normas que garantizan su carácter privado. Por eso, en todo el mundo, la investigación académica se financia con recursos públicos: en los Estados Unidos, en 1990, los fondos vinieron, en un 60%, del gobierno federal, en un 26% de gobiernos estatales o locales, en un 7% de entidades privadas sin fines de lucro y en igual proporción de la industria. Valores comparables se observan en los países de la Unión Europea.

En las naciones industrializadas, la inversión en investigación académica insume, típicamente. alrededor de un 15% del gasto total en investigación y desarrollo tecnológico: la investigación aplicada se lleva cerca del 25% y el desarrollo tecnológico, alrededor del 60%. Estos valores corresponden. respectivamente, a un 0,3%, 0,5% y 1,2% del producto bmto interno, ya que, en promedio. los paises avanzados invieden un 2% de su PBI en investigación y desarrollo.

En la Argentina, los fondos públicos destinados en 1994 a la investigación académica incluyeron 207 millones de pesos canalizados por el CONICET, 93 millones para subsidios, becas e incentivos salariales provistos a las universidades públicas y 70 millones de adicional salarial para docentes con dedicación exclusiva. Si se toman en consideración, además, los aportes de las provincias, de entidades privadas, de instituciones extranjeras o internacionales y los recursos destinados a la ciencia académica en organismos como la CNEA, puede estimarse que el país dedica 500 millones de pesos por año a la investigación académica, o un 0,17% del PBI, la mitad de lo que invierten, con relación a su capacidad productiva, los países avanzados, y menos que otras naciones de desarrollo similar al argentino. Por ejemplo, en el Brasil, sólo el dinero destinado a becas es dos veces el presupuesto total del CONICET, mientras el estado de San Pablo asigna 400 millones de dólares anuales a la investigación académica.

Hechas estas salvedades, es del caso, sin embargo, advertir que el gasto argentino en investigación académica dista mucho de ser tan exiguo como para que su magnitud explique la falta de medios que afecta a la mayoría de los grupos de investigación. Por lo tanto, los científicos no sólo debemos señalar la necesidad de aumentar los recursos para la ciencia: debemos, también, exigir a quienes circunstancialmente administran los fondos disponibles que los distribuyan, siguiendo los criterios universalmente aceptados de respeto por el mérito, de modo que cumplan con su finalidad. Por otro lado, para saber si -y hasta qué punto- se cumple con esta exigencia, es menester que las autoridades hagan público cómo se gasta, efectivamente, el presupuesto nacional destinado al fomento de la ciencia. Todos los intentos de obtener tal información han fracasado, porque los funcionarios parecen ignorar que, en una república, cualquier ciudadano tiene derecho de conocer el destino de los dineros públicos.

En los países avanzados, la ciencia académica recibe apoyo tanto por su valor cultural intrínseco y por su importancia para la formación de buenos investigadores, cuanto porque es la principal fuente de recursos humanos y de innovaciones para poder abordar desarrollos tecnológicos y para tomar decisiones acertadas en cuestiones como la conservación del ambiente, los recursos naturales y culturales y las políticas sanitarias y de población, etc. Existe consenso en esos países sobre que, sin inversión pública en investigación académica, el gasto -mucho mayor- en investigación aplicada y en desarrollo tecnológico no encontraría terreno fértil para producir resultados socialmente útiles.

Carece, pues, de sentido exigir que la ciencia académica produzca "resultados prácticos", o restarle fondos para incrementar los que financian la ciencia aplicada o los desarrollos tecnológicos. Como lo señaló Nature (1991): la insistencia en que la investigación académica sea más "relevante" o más "apílcable" no Sólo es uno confusión, sino una confusión ofensiva.[...] La explicación del relativamente pobre rendimiento [británico] en innovación industrial [...]  debe buscarse en el relativamente bajo monto que las industrias invierten en investigación y desarrollo. Este comentario es plenamente aplicable en nuestro país.

Los vínculos entre la ciencia académica y sus aplicaciones son complejos. No siguen una progresión lineal, desde la investigación básica a la aplicada, y de esta al desarrollo. Como lo señala un reciente documento del gobierno norteamericano (Science in tne Public lnterest), la actividad científico-tecnológica se parece más a un ecosistema, en el que cada uno de los componentes interactúa con todos los demás, que a una cadena lineal de producción. En los países avanzados, la ciencia académica forma parte indispensable (pero no única) de ese ecosistema. No sucede lo mismo en la Argentina, donde las personas y las instituciones, dejando de lado casos excepcionales, como la CNEA, no aprecian la función medular de la investigación académica, situación que no se solucionará forzando a esta a abandonar sus objetivos y a convertirse en "relevante". Los riesgos de lo último fueron repetidamente señalados por grandes cientmcos, en afirmaciones como la cita que encabeza este editorial.

El propósito de la ciencia académica es mantener viva y alimentar la creatividad intelectual de la sociedad, servir de basamento a una universidad moderna, ampliar los horizontes culturales de la gente y ayudar a proporcionar personal capacitado para las múltiples ocupaciones de una economía desarrollada.

Los editores


LECTURAS SUGERIDAS

Sciencie in the Public Interest, obtenido de la base de datos STIS (Science and Technology Information System) de la National Science Foundation, de los EE.UU. (por la Internet, se puede acceder a esta rica fuente de información, que es de dominio público, mediante la sentencia gopher stis.nsf.gov)

"Manifesto for British Science", Nature, 1991, 353:105-112.

Science and Technology Data Book, 1990, National Science Foundation, NSF 90-304, Washington, DC.

Science and Engineering lndicators, 1991, National Science Board, Washington, DC.

Main sciencie and technology indicators, 1994, vol.1, OECD, París.