Volumen 1 - Nº 6
Febrero-Marzo 1990

Satélites pequeños, la nueva tendencia

A partir de mediados de la década del '70, el peso, la complejidad y el costo de los satélites científicos han aumentado en forma sostenida. Debido a esta tendencia, la frecuencia de las misiones científicas, en comparación a la de los años '60, ha disminuido. Además, el tiempo que insume la concreción de estas misiones, entre 5 y 10 años, también agravó las consecuencias de fallas en el satélite, más frecuentes por la complejidad de los sistemas, lo que lleva a atrasos de muchos años en los programas.

Si bien los objetivos científicos en ocasiones requieren plataformas de observación muy complejas, también es cierto que es posible hacer ciencia -y muy buena- con satélites pequeños (120 a 200 kg). En consecuencia, desde hace algunos años, se trabaja en el desarrollo de pequeños satélites, de bajo costo y corto tiempo de ejecución.

Estos satélites se colocan en órbita con portadores de gran capacidad corno el Transbordador Espacial (EE.UU.), en vuelos donde el objetivo principal es la puesta en órbita de grandes satélites de comunicaciones, teleobservación u otros, que son los que absorben los costos del lanzamiento.

El SAC es un primer paso en un proyecto conjunto con la NASA, encarado con dicha filosofía. Este proyecto tiene como objetivo, además del lanzamiento del SAC en 1992, la puesta en órbita, en 1994, de otro satélite, el HETE (High Energy Transient Experiment), dedicado a la detección de fuentes transitorias de rayos gama. Ambos satélites serán diseñados para ser lanzados desde el Transbordador Espacial como una carga secundaria, transportados hasta el momento de su puesta en órbita en un contenedor hermético y eyectado mediante un mecanismo especial. La Argentina es responsable del diseño y construcción de los satélites, que son muy similares, y la NASA es responsable de su puesta en órbita. En cuanto a la instrumentación científica, la responsabilidad es argentina en el SAC y compartida en el HETE.

En el caso de estos dos satélites se presentan ciertas complejidades tecnológicas derivadas de la órbita habitual del Transbordador, de sólo 300 km de altura. En esta órbita, debido a la resistencia de la atmósfera, la vida de un satélite es de pocos meses. La solución es elevar al satélite a una órbita de por lo menos 500 km de altura. Esto obliga a que el satélite cuente, con un sistema de propulsión propio. Por razones de seguridad del Transbordador, no pueden utilizarse los sistemas más eficientes (máxima relación empuje/peso del sistema) tales como un motor de combustible sólido o con combustibles líquidos del tipo de la hidrazina. El empuje necesario para el cambio de órbita deberá lograrse mediante la expansión, en una tobera, de gases como el nitrógeno, el freón o el amoníaco.

Aun con estas dificultades, el SAC y el HETE permitirán a la Argentina ingresar con una inversión relativamente muy baja en el mundo de la tecnología satelital. Muchas universidades o instituciones científicas con una capacidad económica limitada podrán ser clientes para estos satélites pequeños. La estimación actual de costos del SAC, por el lado argentino, oscila entre dos y tres millones de dólares. No se incluye en ella el costo de lanzamiento, que estaría acargo de la NASA.

 

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