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Volumen
1 - Nº 6
Febrero-Marzo 1990 |
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La estructura del Sol Hace unos 4.500 millones de años nacía una estrella, una
más entre 1011 estrellas de la Via Láctea, nuestra
galaxia, una más entre 1020 del universo actualmente
observable. Su masa, apenas 2 x 1033 gramos, no le auguraba
un puesto demasiado destacado entre sus pares. Hoy, con un diámetro
de 1,4 millones de km, es 500 veces más pequeña, que Antares
o Betelgeuse. Pero, aproximadamente 3.000 millones de años atrás,
en uno de los peñascos que giraban a su alrededor apareció
un fenómeno nuevo, la vida. Así el Sol pasó a ser
integrante -probablemente no el único- de un club muy exclusivo,
el de las estrellas con planetas que albergan alguna forma de vida. Su proximidad a la Tierra, alrededor de 150 millones de km (la siguiente
estrella, Alfa Centauri, está a 4 años luz, más de
260.000 veces la distancia Tierra-Sol), hace que sea la única estrella
que puede ser observada en dos dimensiones e inclusive en tres, mediante
dos o más naves espaciales. A simple vista, el Sol aparece como un disco brillante de borde muy bien
definido, pero, en realidad, es una masa gaseosa que se extiende en una
nube muy tenue (el viento solar) hasta más allá de la órbita
de Saturno. El conocimiento actual de la estructura solar surge de observaciones
realizadas desde la Tierra o desde satélites y sondas planetarias,
y también a partir de inferencias de modelos teóricos de
su interior. En ella se pueden apreciar las siguientes zonas, que se indican
en la figura: Núcleo. Es la región del Sol, relativamente pequeña, que se extiende desde el centro hasta 0,25 del radio solar (R). El material del núcleo se comprime, bajo su propia acción gravitatoria, hasta densidades y temperaturas tan altas como para permitir la producción de reacciones nucleares. Estas reacciones constituyen la fuente de energía que es continuamente irradiada hacia el exterior. La energía liberada resulta de la síntesis del He a partir del H, según la reacción nuclear
4 1H ® 4He + 2e+
+ 2n + 26,7 MeV
donde e+ son positrones y n neutrinos.
Debido a que el flujo de neutrinos detectado en la Tierra es un tercio
del flujo predicho por la teoría, subsisten interrogantes sobre
los procesos que ocurren en el núcleo. Zona intermedia (o de transporte radiactivo). Se extiende desde 0,25 R hasta 0,9 R. En esta región la energía liberada en el proceso de fusión del H en la zona interior es transportada hacia el exterior por radiación. Zona convectiva. A partir de 0,9 R, la temperatura del
interior del Sol disminuye tanto que el plasma se vuelve convectivamente inestable. Si se produce el desplazamiento de un volumen
de plasma hacia el exterior, su temperatura se mantiene por encima de
la temperatura del plasma circundante y, por lo tanto, su densidad es
menor; así se genera una fuerza que lo impulsa hacia arriba. Este
es un fenómeno semejante al que ocurre cuando se produce la ebullición
del agua en un recipiente puesto al fuego. El transporte en esta región
se produce por convección, es decir por el movimiento de materia
caliente. Atmósfera solar. Esta se divide, a su vez, en varias regiones: la fotosfera, la cromosfera y, luego de una zona de transición, la corona. El espesor de la fotosfera es de unos 500 km. La superficie externa
de esta región es la visible a simple vista como un disco. Su diámetro
(1,4 x 106 km) y la temperatura efectiva de toda la capa emisora
(5.780 K) son consideradas como el diámetro del Sol y la temperatura
de su superficie. La cromosfera es visible durante un eclipse total del Sol como un aro
de color que rodea a la Luna. La temperatura, que alcanza un mínimo
de 4.700 K en la fotosfera, aumenta hasta unos 10.000 K en la cromosfera.
El aumento de la temperatura parece estar asociado a la disipación
de energía mecánica (ondas acústicas) y a la estructura
magnética de la cromosfera. La corona sólo es visible en luz blanca durante un eclipse total del Sol, cuando la Luna cubre el disco solar, mucho más luminoso. Se presenta como un tenue halo que rodea al Sol, de forma irregular. La temperatura en la corona es de aproximadamente un millón de grados. Entre la corona y la cromosfera existe una capa delgada de algunos centenares
de kilómetros, en la que la temperatura varía rápidamente
de los 106 K de la corona hasta 104 K. Esta capa,
llamada zona de transición, está dominada por el flujo de
calor de la región caliente a la fría; su alto gradiente
térmico da una idea de la energía transportada.
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