Volumen 1 - Nº 4- Octubre/Noviembre 1989

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy

 

 
Paisaje con vicuña

El estudio de la conducta de los animales es una tarea ardua y fascinante. En este sentido, el conocimiento de la vicuña -a menudo perseguida y sacrificada para comercializar su hermosa lana- implica descubrir una parte importante de la vida en la Puna. Las diversas formas de adaptación de la vicuña a una zona tan hostil son aspectos poco divulgados, al igual que la estrecha vinculación que este animal tiene con lo misterioso y lo sagrado para los lugareños.

En la Puna, desierto de altura de Perú, Bolivia, Chile y Argentina, vive la vicuña, cuyo nombre científico es Vicugna vicugna. Es la especie más pequeña de los camélidos y habita, silvestre,entre los 3.000 y los 4.800 metros sobre el nivel del mar. Su capacidad de adaptación a un ambiente tan crítico -de índole morfológica, fisiológica y etológica- la convierten en interesantísimo animal de estudio. Se estima que durante el Imperio Incaico existían 1,5 millones de vicuñas. En esa época la caza indiscriminada estaba prohibida y tanto los animales como su lana eran propiedad del inca. Con la llegada del español, los camélidos sudamericanos comenzaron a ser diezmados y particularmente la vicuña por su valiosa lana. La disminución en el número de animales fue drástica y continua hasta hace pocos años. En 1950 existían aproximadamente 400.000 vicuñas y en 1967 sólo quedaban unos 10.000 ejemplares en Bolivia, Chile y Argentina.

En 1969, la vicuña fue clasificada como "rara" por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. La implementación de medidas proteccionistas (a partir de la década del '70) a nivel internacional, nacional y provincial logró que el número de ejemplares aumente y que se cambie la clasificación de especie "rara" por la de "vulnerable". Las razones para proteger activamente a la vicuña eran diversas: la disminución en el número de animales y la reducción en su distribución; su altísimo valor económico como recurso natural renovable; la posibilidad de ser un factor de cambio socioeconómico para la población humana puneña; las interesantes adaptaciones de este animal a un ambiente tan inhóspito como la Puna. La distribución de la vicuña en nuestro país abarca el noroeste de las provincias de San Juan, La Rioja, Catamarca, Salta y Jujuy, y en la actualidad hay aproximadamente 13.000 animales (véase "La evolución de los camélidos").


Paisaje característico de la Puna (Laguna Blanca, Catamarca).

La Puna y la vicuña están íntimamente relacionadas. La Puna es un ambiente muy árido, con bajo tenor de oxígeno en el aire. Los estudios que dan lugar a este trabajo se realizaron en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Abrapampa en la Puna jujeña, que geomorfológicamente pertenece al sector oriental de la Puna. Está caracterizada por cordones serranos y amplios bolsones de relieve suave relativo, ya que los valles se encuentran a unos 3.500 metros sobre el nivel del mar. El clima es muy riguroso, seco, frío y con una marcada amplitud térmica. La temperatura mínima anual es de -25°C y la máxima de 30°C puede variar 25°C en un mismo día y no hay período libre de heladas. Las lluvias son escasas (280 mm anuales) y se producen desde noviembre a marzo. Los suelos (semidesérticos grises) son "esqueléticos", así denominados por tener una muy fina capa de humus. Predomina la estepa y la vegetación típica es la de pastos duros y amarillos como la chillagua (Festuca circifolia, Deyensia sp. y Distichlis humilis) y algunos arbustos bajos y achaparrados como la tola (Lepydophyllum tola).

La vicuña se adapta a un lugar de baja productividad vegetal por su tamaño relativamente pequeño y, en consecuencia, por una demanda de alimento proporcionalmente baja. Las vicuñas adultas pesan entre 35 y 50 kilogramos y la longitud del cuerpo es de aproximadamente un metro. Las patas terminan en dos dedos con almohadillas en su parte inferior, que les permiten una mejor adhesión al suelo pedregoso sin erosionarlo. Otro rasgo adaptativo de las vicuñas -en este caso a los vegetales duros- es que son los únicos rumiantes que tienen crecimiento continuo de los incisivos (al igual que los roedores). Los incisivos filosos también les permiten cortar la vegetación y no arrancarla, como hacen, por ejemplo, las ovejas. Esta técnica alimentaria evita la extracción de los pocos vegetales puneños. Los mismos son de difícil digestión debido a su alto contenido de fibras. La vicuña tiene el estómago dividido en compartimentos donde el alimento permanece mucho más tiempo que en el de otros herbívoros.

Una lana muy especial compuesta de dos capas, una más gruesa externa y una más fina interna, le permite soportar las bajas temperaturas de la Puna. El diámetro de la fibra es de 12 micrómetros (cada micrómetro es la millonésima parte de un metro). Además durante una lluvia, la capa interna se mantiene seca y aislante, porque la superior se dobla al mojarse. Existe también una adaptación comportamental que permite mantener esta capa aislante: las vicuñas se revuelcan todos los días y cubren así la lana con una capa de polvo que, al separar las fibras, genera un espacio con aire; éste se calienta con la temperatura del animal y produce un efecto de aislación térmica con respecto al medio externo.

En la Puna, la reducción del oxígeno con respecto al nivel del mar es de un 40 %. Sin embargo, las vicuñas llegan a correr a 47 km/h a 4.500 metros de altura. No tienen más glóbulos rojos, ni una frecuencia respiratoria más alta. Pero poseen una hemoglobina muy particular, parecida a la de los fetos de otros animales, que capta el oxígeno con mucha eficiencia aun cuando éste sea escaso en el aire. La forma elíptica de sus glóbulos rojos sería una adaptación para la difusión de oxígeno.

También encontramos aspectos fisiológicos adaptativos en la reproducción. Las crías nacen muy grandes, tienen aproximadamente el 15 % del peso de sus madres. Este gran tamaño con relación a otros mamíferos y el vigor que presentan las crías son considerados consecuencias de la necesidad de tener recursos energéticos para soportar los primeros días de vida en un ambiente crítico. Las vicuñitas nacen por la mañana, ya que, si no se secan durante el mediodía, es muy probable que mueran de frío o neumonía por la noche (véase "El parto de la vicuña"). Además hay una gran incidencia de reabsorciones de fetos o abortos espontáneos en aquellas hembras que durante el invierno están en malas condiciones. Proseguir la preñez podría costarle la vida a la madre. Con estos mecanismos la cría no nace, pero la madre sigue viva y potencialmente puede parir una cría el año siguiente.


                   Familia de vicuñas. El macho aparece relativamente separado del resto del grupo.

 

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