Volumen 1 - Nº 2 - Febrero/Marzo 1989

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy

 

 

Orígenes de la nacionalidad argentina

La historia regional es uno de los campos de trabajo que mayor interés ha concitado en los últimos tiempos. Desde México al Río de la Plata, y tanto en tiempos coloniales como contemporáneos, la conformación de las regiones es especial objeto de interés para los historiadores. Particularmente son abundantes los estudios de historia económica y social, pero también se desarrollan investigaciones de historia cultural o historia política, basadas en las nuevas perspectivas abiertas por el avance de la historia social contemporánea. Lo que expondremos nosotros a continuación pertenece a una investigación sobre la formación de los estados autónomos provinciales en la primera mitad del siglo XIX. Desde hace algunos años hemos estado realizando un estudio comparado de las características económicas, sociales y políticas de los estados del Litoral argentino, estudio que comenzamos actualmente a extender a otras provincias del interior. El texto que sigue, por otra parte, es una síntesis del trabajo "Formas de identidad política en el Río de la Plata luego de 1810", que será publicado próximamente en el número inicial de la Tercera Serie del Boletín del Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani", de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires.


Mapa de América del Sur (1836) de H. Dufour, ejemplo de la denominación geográfica atribuida al territorio del Río de la Plata. Junto a Uruguay, Paraguay, Chile y Bolivia, la región correspondiente a la Argentina se designa "La Plata" y, más al sur, "Patagonia".

Es posible verificar, luego de la Independencia, la coexistencia de tres formas de identidad política: la hispanoamericana, prolongación del sentimiento de español americano elaborado durante el período colonial, la provincial, asentada en el sentimiento lugareño, y la rioplatense (luego argentina), de más compleja delimitación. Aunque estas tendencias no han sido ignoradas en la historiografía del período, no se ha advertido suficientemente que el hecho mismo de su coexistencia reflejaba a la vez la ambigüedad en que se encontraba el sentimiento colectivo inmediatamente después de producida la Independencia y la dirección que seguía el proceso de elaboración de una identidad política dentro del crítico proceso de formación de los nuevos paises.

Tampoco se ha reparado en que esas tendencias pueden ser significativas con respecto al problema de las formas de sociedad y de estado existentes en la primera mitad del siglo XIX. A condición, eso sí, de considerar a los sentimientos americano y provincial no como residuos o adherencias extrañas a un supuestamente predominante sentimiento nacional argentino, aun ausentes hacia 1810, sino como formas alternativas de satisfacer la necesidad de organizar un nuevo estado que suplantase al dominio hispano. Pues es necesario entender la conflictiva coexistencia de estas tendencias como exponente de la falta de un soporte social definido para los proyectos de nuevos estados nacionales que la caída del poder ibérico hacia concebir; esto es, la no existencia de una sociedad, una economía, un mercado de contornos superiores a los del ámbito provincial. Y, por consiguiente, también la inexistencia de una clase social que excediese ese ámbito, con un grado de maduración del que carecían las burguesías mercantiles coloniales.

Entre los principales factores de confusión cuenta la tendencia a interpretar los movimientos de independencia como derivados de la maduración de una supuesta burguesía capitalista que habría necesitado romper la dominación colonial para dar rienda suelta a su desarrollo. En esta perspectiva, la nación y el sentimiento nacional están ya puestos desde un comienzo, y sólo se trata de rastrear su génesis y manifestaciones tan atrás en el tiempo como sea posible. Es esta forma de enfocar el movimiento de independencia la que ha facilitado la confusión de interpretar cada expresión antihispana ocurrida en una región del imperio colonial como un rasgo nacional de una de las naciones que habría de constituirse allí.

Nuestro criterio consiste en considerar como un resultado, y no como un punto de partida, no sólo esa organización estatal tan tardíamente alcanzada (habitualmente denominada, con significativa incoherencia, organización nacional) sino la existencia misma de las nuevas nacionalidades. Esto es, contemplar el proceso de formación de éstas y de sus correspondientes organizaciones estatales, eludiendo el efecto deformador del supuesto de considerar lo nacional como coexistente o anterior a la Independencia. Este supuesto deriva de toda una tradición historiográfica que, desde el siglo pasado, y en su afán de contribuir a la formación de la conciencia nacional de los nuevos paises, consideró conveniente postular la existencia ab initio de esa conciencia, y explicar el proceso de emancipación como fruto de ella. Pues, a partir de allí, los juicios sobre las tendencias del sentimiento colectivo a afirmar realidades sociales distintas de la nacional (geográficamente más amplias sudamericana, o más restringidas, provincial) no podían menos que ser víctimas de la distorsión derivada de esa perspectiva.

El análisis de los textos constitucionales provinciales, desde el santafesino de 1819 en adelante, entendidos como indicadores del estado de la conciencia pública en cada provincia, nos permite arribar a ciertas conclusiones. En primer lugar que la definición de una identidad colectiva rioplatense o argentina está ausente en varias de ellas, mientras que en otras aparece conjuntamente a la provincial y a la hispanoamericana. En segundo lugar, que la más fuerte de estas variantes es la limitada al ámbito de la provincia, a la que se reserva la ciudadanía en varios casos y, en casi todas, el ejercicio del Poder Ejecutivo. En cuanto al sentimiento americano, inicialmente el más fuerte -fenómeno comprensible si se piensa que la primera forma en que un súbdito de la monarquía española nacido en América pudo pensarse a sí mismo como algo distinto del español peninsular fue bajo la especie del español americano- si bien en algunos casos continúa siendo una alternativa, en otros declina o desaparece. Hacia 1820 el sentimiento provincial ya se conforma como la más fuerte de las tres variantes. Es posible interpretar este fenómeno como expresión de un proceso de paulatino fortalecimiento del particularismo provincial, en la medida en que el fracaso del primer ciclo de intentos constitucionales para dotar de una unidad política a los "pueblos'' reunidos en la afirmación de la Independencia, no parecía dejar otra alternativa, ante la necesidad de organizar un orden social viable que permitiera reconstruir las economías, el orden jurídico, y la vida social regular, que la conformada por la sociedad y el estado provinciales.

 

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