CIENCIA HOY Volumen 1 Nº 2 Febrero/Marzo 1989

 

Otros detalles que surgen del estudio minucioso de los restos óseos recuperados apuntalan también la hipótesis del aprovechamiento de megaterio y del caballo americano. Por empezar, se identificaron patrones de fractura de huesos similares a los producidos normalmente por el hombre al consumir los animales. Por otra parse, en algunos huesos se observaron líneas longitudinales semejantes a las que trazan los instrumentos de piedra durante los procesos de cuereo o descarne. Ciertamente, es difícil determinar fehacientemente la causa de estas marcas, ya que pudo tratarse de la acción de agentes naturales, tales como la mordedura de carnívoros, pero su aparición en las zonas de inserción muscular apoyaría su origen humano (véanse figuras 11 y 12) justamente en esas partes del hueso donde los artefactos operan separando los músculos para su extracción y posterior consumo.


Fib. 11. Los huesos de mamíferos extinguidos muestran diversos tipos de marcas. En la de arriba se observa una falange de Toxodón, cuya pane superior presenta rastros que sugieren la masticación por parte de algún carnívoro de gran tamaño.

En la figura 12 se presentan marcas longitudinales que podrían atribuirse a la acción de instrumentos de piedra usados durante las tareas de descarne.

El resto de los huesos de las especies extinguidas no presenta rastros de acción humana y, aunque contemporánea con la ocupación, su presencia en el sitio debe explicarse por causas naturales.

Una de las características sobresalientes de Arroyo Seco está dada por la presencia de abundantes entierros humanos. En efecto, durante las tareas sistemáticas iniciadas en 1979, fueron hallados 17 esquelétos humanos en entierros múltiples a individuales (véase fig. 5). Estas inhumaciones pueden agruparse en tres conjuntos. El primero está integrado por cuatro entierros múltiples de adultos a infantes y tres simples de infantes con abundante ajuar funerario (véase "Ajuares funerarios"). El segundo conjunto está formado solamente por un entierro simple, sin ajuar, que tenía una acumulación de "toscas" sobre la región pelvica y el torso del esqueleto a modo de señalización de la tumba. El tercer conjunto lo integran tres inhumaciones individuales de infantes de muy corta edad, con abundante ajuar funerario, que fueron hallados aproximadamente a 30 m al SO de los dos grupos anteriores.

Además de estos entierros, los aficionados habían encontrado previamente en el lugar otros tres esqueletos humanos. Entre ellos, se destaca per su peculiaridad dentro del contexto local el caso de los restos de un individuo adulto hallados en la base de la unidad geológica "Y" . Se trata de la única inhumación secundaria localizada hasta ahora en el sitio. A diferencia de los entierros comunes, llamados "primarios", en los que el cuerpo se deposita en su lugar definitivo, en las inhumaciones "secundarias" el cadáver ha pasado por una previa sepultura transitoria o ha sido descarnado por distintas medios, para colocar posteriormente los huesos en su lugar final de enterramiento. Este proceso se hace evidente por la posición de las piezas del esqueleto, que aparecen fuera de su ubicación anatómica normal. En el case que aquí nos ocupa, el entierro estaba formado por el cráneo y los huesos largos, agrupados en una especie de "paquete funerario".

La cronología, tanto de las ocupaciones humanas como de los grupos de inhumaciones, no es aún clara. Come ya se anticipó, el componente Superior podría ubicarse en momentos cercanos a la conquista hispánica (que se inició en el siglo XVI), mientras que para el componente Medio, como vimos, se estima una antigüedad de mediados del Holoceno o poco después. Por otra parte, sobre la base de la presencia de especies extinguidas, y por su posición en los estratos del terreno, el componente Inferior debería ubicarse a inicios del Holoceno o incluso en las postrimerías del Pleistoceno.

Esta última estimación se apoya también en un fechado radiocarbónico efectuado en el Laboratorio de Radiocarbono y Tritio de la Universidad Nacional de La Plata (LATYR), que para una muestra de hueso de megaterio procedente del sitio obtuvo una datación de 8.390 ± 140 años antes del presente (AP). Aunque esta única muestra no basta por sí sola para acotar la antigüedad del componente Inferior de Arroyo Seco, es útil para contrastarla con las evidencias que proporcionan la Geología y la Paleontología. En realidad, desde la perspectiva de esta última cabría esperar fechas un poco más antiguas, ya que en el sitio aparecen representadas muchas especies características de la Edad Mamífero Lujanense, cuya extinción se considera que ocurrió a fines del Pleistoceno. Esto puede explicarse de dos maneras: que la datación radiocarbónica obtenida se deba a cierto "rejuvenecimiento" de la muestra por algún contaminante natural que haya alterado los resultados y que, por tanto, no represente la antigüedad real de la ocupación o que, por el contrario, una parte de esa fauna extinguida hacia fines del Pleistoceno en el resto de América del Sur haya sobrevivido en la región pampeana unos milenios más, hasta inicios del Holoceno. Por otra parte, se presenta el problema de la antigüedad de las inhumaciones y su relación con los componentes arqueológicos.

El único entierro secundario apareció en la posición estratigráfica relativamente más alta, la base de la unidad geológica "Y" (véase fig. 5) y, en consecuencia, debe considerárselo como el más moderno. Probablemente pertenezca al componente Medio o al Superior, pero está claro que no puede vincularse con el Inferior, más antiguo, ya que es intrusivo dentró de éste. Es decir, que fue depositado en tiempos más recientes practicando un pozo en los sedimentos que ya contenían los restos culturales de las primeras ocupaciones.

Seis de los entierros del primer conjunto se ubican a mayor profundidad, en el techo de la unidad "Z" (véase fig. 5) y no se observan alteraciones en la unidad geológica que la cubre ("S"), de donde se deduce que las inhumaciones se concretaron antes de la formación de la misma. Los análisis de carbono 14 efectuados también por el LATYR, sobre carbonatos de la unidad "S", que "sella" los entierros dieron como edades mínimas 5.740 ± 120 años AP, en un caso, y 5.700 ± 120 años AP en otro, de modo que estas sepulturas serían anteriores a esa época. Sin embargo, debe señalarse que son fechas altamente estimativas debido a la posibilidad de contaminaciones con carbonatos más recientes.

Además, se procesaron radiocarbónicamente tres muestras de hueso humano procedentes de dos esqueletos del entierro múltiple N° 2, arribándose a resultados discrepantes. Por un lado, el laboratorio Beta Analitic de Florida (EE.UU) obtuvo una fecha de 5.250 ± 110 años AP, mientras,que el LATYR procesó una muestra del mismo esqueleto y el resultado fue de 8.560 ± 320 años AP. Entre ambas fechas, la segunda concuerda con la antigüedad estimada en base a las otras dataciones de sitio y a la posición geológica. La tercera muestra, también procesada en el laboratorio de La Plata, dio una datación de 6.450 ± 60 años AP, pero ésta fue obtenida de otro esqueleto. La última edad sugiere que, o bien procesos de contaminación afectaron diferencialmente a los dos esqueletos dentro del mismo entierro, o que, contrariando la idea que se tenía en base a la disposición de los huesos, los dos esqueletos no sean contemporáneos y, en consecuencia, hayan sido enterrados en la misma fosa en distintos momentos. Si aceptamos, entonces, una antigüedad aproximada de 8.500 años para algunos de estos esqueletos, puede considerarse que éstos se relacionarían con el componente Inferior.

Uno de los últimos entierros hallados dentro del sitio plantea un nuevo problema, ya que se encontraba casi 40 cm más abajo que el primer conjunto. Este entierro, formado por dos adultos semiarticulados y huesos de niños entremezclados, evidencia otro tipo de inhumación y su antigüedad podría ir más allá de los 8.500 años.

Recientes estudios llevados a cabo en el LATYR confirmarían esta última hipótesis. En este laboratorio se ha determinado el contenido de nitrógeno del colágeno, principal constituyente orgánico del hueso, para establecer cuantitativamente los grados de alteración y, de esta manera, estimar la antigüedad relativa de huesos contenidos dentro de un mismo perfil estratigráfico. Estos análisis indican por lo menos cuatro episodios diacrónicos de inhumaciones, que incluyen dos momentos distintos para el entierro múltiple N° 2, tal cual lo sugerían los fechados de radiocarbono, y un momento más antiguo, aunque no sabemos cuánto, para el entierro múltiple hallado a mayor profundidad.

Los tres entierros correspondientes al tercer conjunto también aparecen en la unidad "Z" y, a pesar de algunas diferencias en la estratigrafía del sector, podrían también atribuirse al componente Inferior; el hallazgo de una placa de gliptodonte, a modo de ajuar funerario, junto a uno de los cuerpos apoyaría tal antigüedad.

Si se confirmara la hipótesis que vincula a gran parte de las inhumaciones con el componente Inferior, más antiguo, el sitio Arroyo Seco 2 proveerá importante información para el estudio de las características físicas de los pobladores de América del Sur durante el Pleistoceno Tardío y el Holoceno Inicial, y nos permitirá explorar sus prácticas mortuorias. Al respecto, es importante destacar que los tipos de oficios rituales registradas en el sitio no se han encontrado en otros asignados a ocupaciones más recientes.


Figs. 13 y 14. Arriba: primer entierro hallado en el sitio en 1979; está integrado por los esqueletos completes de tres individuos: un hombre, una, mujer y un niño de muy corta edad. A la izquierda: rico y complejo ajuar funerario en el entierro N° 5. Se observan abundantes colmillos perforados en el cuello y las muñecas.

Una cuestión difícil de dilucidar es la redundancia en la elección del sitio come lugar para prácticas inhumatorias y, simultánea o alternativamente, el uso del mismo espacio para residencia.

Sobre esta última función, puede señalarse la posición estratégica de Arroyo Seco respecto de la distribución espacial de recursos diversos. En principio, el sitio se encuentra a unos 100 km al este y al oeste de los afloramientos rocosos más próximos, pertenecientes respectivamente a los sistemas de Ventania y de Tandilia, de donde provienen las materias primas más empleadas en la confección local de artefactos de piedra: cuarcita, calcedonia y tobas silicificadas. Pero los antiguos cazadores de Arroyo Seco usaron además, los rodados basálticos de la Costa atlántica, que se encuentra hoy a 60 km al sur y es de fácil acceso desde el sitio, siguiendo el curso del arroyo Claromecó. Si tenemos en cuenta que a inicios del Holoceno la Costa marina estaba algunos kilómetros más alejada que actualmente, se puede proponer que el sitio ocuparía una posición equidistante de los recursos minerales necesarios para elaborar al menos parte del instrumental de estos grupos humanos. De este modo, la ubicación del sitio en medio de la llanura interserrana bonaerense, zona que durante gran parte del Holoceno debió de sustentar una elevada población de herbívoros, presentaba ventajas importantes no sólo para el aprovechamiento de las presas disponibles, sino también para una planificación logística de la obtención de materias primas necesarias para el procesamiento de los productos de caza (los instrumentos para carnear, cuerear, etc.). Además, algo de importancia crucial en la supervivencia: la ubicación entre el arroyo y la laguna garantizaba la disponibilidad de agua, a la vez que ésta podría haber actuado como factor de atracción de animales silvestres.

Una hipótesis para explicar la complejidad del sitio surge de los estudios efectuados en los grupos cazadores?recolectores contemporáneos como los del desierto de Kalahari o los esquimales del Artico. En algunas de estas sociedades se ha observado un mecanismo de agrupación y fragmentación de las unidades sociales en base a la oferta de los recursos. En este sentido, cuando los recursos son más abundantes se podría esperar la reunión de pequeños grupos que en épocas de escasez están separados explotando distintos territorios de caza. Durante los períodos de agregación se intensifican las relaciones sociales entre las bandas y se producen los ritos y ceremonias colectivas. Como producto de estas actividades quedan sitios más grandes y más complejos que representarían cierta diversidad, debido a las características particulares de cada banda, pero que compartirían rasgos generales comunes. En el caso de Arroyo Seco, la presencia de materiales provenientes de áreas diversas espacialmente asociados en los mismos niveles apoyaría esta hipótesis. Asimismo, la recurrencia estilística en la confección de adornos para los entierros de infante, especialmente los colmillos perforados de diferentes cánidos, junto a una bola de basalto costero y ocre de las sierras en un mismo entierro, sugeriría que algunas de las ocupaciones de Arroyo Seco representa un sitio agregacional. Posiblemente, la cantidad extra de carne que proveía una presa ocasional como el megaterio, podría sustentar por un período corto el agrupamiento de poblaciones dispersas.

No tenemos aún ninguna evidencia de la razón por la cual el sitio funcionó como lugar de inhumación más allá de lo que es aparentemente más obvio: que la permanencia recurrente de poblaciones humanas en las inmediaciones aumentaría las posibilidades de muertes de miembros de los grupos y su consecuente inhumación local.


Fig. 15. Ultimo entierro humano hallado en el sitio. Corresponde a un niño cuya edad oscila entre los 10 y los 12 años, y presenta un collar formado por más de 30 colmillos perforados de cánidos.

Pueden establecerse relaciones entre los restos de actividad humana más antiguos de Arroyo Seco y otros haIlazgos similares de la región? Por el momento es difícil hacerlo, debido a una serie de factores. Arroyo Seco, por ejemplo, fue al parecer un campamento?base, un lugar de actividades múltiples, mientras que el sitio de La Moderna habría funcionado como un simple lugar de caza; por eso, caben esperarse variaciones en el tipo de materiales hallados en uno y otro. Por otra parte, las diferencias en el material de piedra y en la fauna explotada en ambas localidades pueden ser producto de reales variaciones culturales o, por el contrario, ser solo reflejo de distintas posiciones de los sitios dentro de un mismo sistema complejo de asentamiento.

Además, los nuevos hallazgos indican un poblamiento antiguo pampeano diverso. Recientemente, la arqueóloga Nora Flegeheimer obtuvo información relevante en varios sitios ubicados en los cerros La China y El Sombrero (partido de Lobería, provincia de Buenos Aires). Sus excavaciones sacaron a luz niveles de ocupación humana, con escasa asociación de restos de fauna, que posteriores análisis radiocarbónicos indicaron una antigüedad de unos 10.700 años. Las características técnicas del instrumental de piedra aquí encontrado y la presencia de puntas de proyectil de las llamadas "cola de pescado" por la forma de su base, sumada a una diferencia de dos milenios en la cronología, indican que estos restos, en principio, no se vincularían con el contexto cultural de Arroyo Seco.

Por otro lado, como vimos, Arroyo Seco proporciona importante información sobre la relación entre la actividad humana y la extinción de los mamíferos pleistocénicos de la región pampeana.

Básicamente, se han propuesto tres explicaciones acerca del tema. La primera es que el hombre fue un factor decisivo en la desaparición de especies, al producir una "sobrematanza" muy intensa durante un corto período. La segunda es que la actividad de estas antiguas sociedades desencadenó en el medio ambiente modificaciones de una magnitud tal que las especies en cuestión no habrían podido superarlas. La última es que el papel de la intervención humana fue en este sentido el de un simple "golpe de gracia" , dentro de un proceso natural de extinción en pleno desarrollo.

Aunque los datos obtenidos en Arroyo Seco indican que megaterios y caballos americanos fueron efectivamente cazados y consumidos por el hombre, no hay evidencias fuertes que sugieran que esta explotación haya impactado críticamente sobre el equilibrio de las poblaciones de aquellos. Por el contrario, estas especies -al menos cuando se encontraban ya en franco retroceso numérico a fines del Pleistoceno o a principios del Holoceno- parecen haber servido solo como recursos complementarios frente a otras que, pese a un intenso aprovechamiento durante milenios, aún sobreviven: fundamentalmente, el guanaco.

La clave para la comprensión del problema parece estar en el desarrollo de estudios regionales intensivos, pues solo a través de estos se podrá entender la complejidad de las extinciones pleistocénicas y determinar si es que los primeros pobladores americanos tuvieron alguna parte de "culpa" .

LECTURAS SUGERIDAS

BORRERO L., "Pleistocene Extinctions in South America", Quaternary of South America and Antartic Peninsula, vol.2, págs. 115-125, Rotterdam, Holanda, 1984. BRYAN A. (Ed.), New Evidences for the Pleistocene Peopling of the Americas, Peopling of the Americas Series, Center for the Study of Early Man, University of Maine at Orono, 368 págs., 1986. FLEGENHEIMER N., "Hallazgo de puntas 'cola de pescado' en la Provincia de Buenos Aires", Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología, t. XIV, N° 1, págs. 169-176, Buenos Aires, 1980. MARTIN P. y KLEIN R. (Eds.), Quaternary Extinctions. A Prehistoric Revolution, The University of Arizona Press, Tucson, 1984. POLITIS G., "Investigaciones arqueológicas en el área interserrana bonaerense", Etnia, N° 32, págs. 7-21, Olavarría, 1984. SHULTER R. (Ed. ), Early Man in the New World, Sage Publications, Beverley Hills, 223 págs., 1983.

 

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