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Volumen
1 - Nº 2- Febrero/Marzo 1989
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![]() Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy |
De Científicos y espías
Esta
es la historia de un espionaje real acerca de los desarrollos en física
y química que tuvieron lugar durante la segunda guerra mundial. Paul
Rosbaud, primero asesor científico de la Metalwirtschaft y,
después de la prestigiosa editorial Springer-Verlag, tenía contactos
con los mejores cerebros de la ciencia europea. Decidió oponerse con
todas sus fuerzas al nazismo Y se convirtió en un topo (agente en el
lugar) de los servicios de inteligencia británicos. Para todo ello
adoptó el seudónimo "El Grifo".
La presentación del mundo científico hecha por Kramish es inferior a la de R. Jungk en su conocido libro Más brillante que mil soles. Kramish no parece ser un físico (si lo fuese, no llamaría a E. Rutherford "físico teórico") pero el material que presenta es valioso. En 1939 Rosbaud transinitió el informe de Oslo sobre cohetes, bonibarderos, torpedos acústicos, radar, etc. (Las tres ramas de las fuerzas armadas británicas rechazaron el informe, cuyo contenido se fue materializando en contra de ellas durante el transcurso de la guerra.) Detalló los intentos alemanes de fabricar una bomba nuclear y el fracaso de los mismos a partir de 1942 (antes de que comenzara el proyecto Manhattan). Finalmente informó sobre los desarrollos de las V-1 y V-2 que von Braun dirigió en Peenemünde. También ayudó a L. Meitner (la física judía que interpretó los resultados de 0. Hahn sobre fisión nuclear) a huir de Alemania.
En
junio de 1942 el físico húngaro L. Szilard (otra víctima
de la persecución nazi) recibió en los Estados Unidos una comunicación
un tanto vaga de su colega alemán F. Houtermans sobre las actividades
nucleares alemanes y sobre sus propias ideas al respecto, que incluían
la producción de Pu239, con el cual puede fabricarse una
bomba atómica. (Véase "Cincuenta
años de la fisión nuclear", en Ciencia Hoy, vol. 1,
N° 1, pág. 67.) Szilard interpretó esa información
como evidencia de que los alemanes estaban produciendo una bomba, lo que precipitó
la ejecución del proyecto Manhattan. Para esa fecha, y a través
de El Grifo, los ingleses sabían ya del abandono del proyecto nuclear
alemán, pero el duro jefe británico de Rosbaud, E. WeIsh, no
compartió con sus aliados las informaciones obtenidas por medio de
su agente. Una razón de la desistencia de los alemanes fue que el único
moderador (frenador de neutrones) que consideraron, era el agua pesada, de
la que nunca tuvieron cantidad suficiente. Los ingleses mantuvieron a los
alemanes en su creencia y contribuyeron a su escasez mediante operaciones
de sabotaje en la fábrica de agua pesada de Noruega, con el hundimiento
de un barco que transportaba un cargarnento de la misma (además de
civiles rioruegos) usando la misma red que transmitía las inforrnaciones
de Rosbaud.
Corroboramos
personalmente la existencia de Rosbaud, así como también sus
tareas en la Springer-Verlag, a través de la profesora H. Levi (que
actualmente ordena los archivos de Niels Bohr en Copenhague). Pero ella no
pudo confirmarnos las otras actividades de Rosbaud. En realidad, por definición,
los espías exitosos no dejan inuchos rastros de sus tareas como tales.
Las hazañas de espionaje pudieron también haber sido inventadas
o magnificadas por Kramish. El libro contiene, al final de cada capítulo,
una bibliografia plausible que nos resulta imposible verificar. Verdadera
o no, la historia narrada en el libro es apasionante de por sí. Pero
quizá lo sea aún más los interrogantes que plantea, de
los cuales comentaremos dos.