Ajuares funerarios

Desde por lo menos al Paleolítico Medio Europeo, los hombres comenzaron a desarrollar rituales mortuorios evidenciados por la presencia de ofrendas funerarias junto al cuerpo de los muertos. Ya en el Paleolítico Superior, los hallazgos en las grutas de Grimaldi y Cavillion (Francia) contenían ajuares funerarios integrados por cuentas de valvas marinas, colmillos perforados de ciervo, algunos artefactos líticos y abundante ocre rojo alrededor de los huesos. Este culto a los muertos sugiere la creencia en alguna forma de vida después de la muerte.

En el continente americano, los esqueletos humanos con dataciones confiables no superan los diez mil años de antigüedad y entre estos restos muy pocos contenían algún tipo de ajuar funerario. De esta manera, el conjunto de entierros de Arroyo Seco adquiere singular importancia ya que nos permite comenzar a explorar aspectos casi desconocidos de los antiguos pobladores de América.

Algunos de los entierros de Arroyo Seco están compuestos por dos o tres individuos adultos inhumados en la misma fosa y, con excepción de un collar de cuentas de valva, no poseían ningún ajuar. Por otro lado, los seis entierros individuales de infantes, cuyas edades oscilaban entre pocos meses hasta 10 o 12 años, tenían abundantes y variadas ofrendas mortuorias (veánse figuras 9 y 10). El entierro Nro. 5, un niño de unos diez años, presentaba alrededor del cuello, de los tobillos y de las muñecas más de 150 colmillos perforados de cánidos, que seguramente estuvieron unidos por un cordel formando collares y pulseras. También contenía decenas de cuentas circulares alrededor de la cabeza y una pequeña bola de basalto negro. Al costado de uno de los brazos yacía un hueso fragmentado de guanaco y al costado del otro, una lasca de cuarcita. Finalmente, todo el sedimento que cubría al cráneo estaba impregnado por abundante polvo de ocre rojo, sugiriendo que cuando el niño estaba recién muerto, mientras aún conservaba los tejidos blandos, habría sido pintado con esa sustancia. Los otros entierros tenían ajuares similares, pero no tan complejos ni abundantes.

Los análisis llevados a cabo por el paleontólogo Daniel Berman, del Museo de Ciencias Naturales de la Plata, indican que los colmillos de cánidos pertenecieron a varias especies distintas. Por un lado, algunos son similares a los de los zorros actuales de las regiones pampeana y patagónica, mientras que otros son de tamaño mucho mayor y podrían asignarse a un zorro extinguido de gran porte: el Canis (Dusicyon) avus. Un tercer grupo presenta afinidades morfológicas con algunas variedades de perro doméstico. Si esta última asignación se confirmase con el hallazgo de piezas esqueletarias más diagnósticas que los colmillos, tendríamos entonces uno de los registros más antiguos para un animal domesticado en América del Sur y esto a su vez nos llevaría a considerar el rol del perro doméstico en las actividades de subsistencia, especialmente la caza.

Ahora bien, ¿qué significa esta riqueza en el ajuar mortuorio?. Esta pregunta puede tener muchas respuestas, pero solamente se esbozarán dos. En primer término, las diferencias notables en la cantidad de ofrendas sugiere que algunos niños, o sus familias, gozaban de algún "status"especial dentro del grupo. Obviamente, no sabemos en base a qué criterios (religiosos, económicos o políticos) se adquiría esta importancia, pero es claro que ya sea en forma individual o familiar, debieron existir diferentes posiciones en la estructura social de esto rupos cazadores-recolectores. En segundo término, en algunos entierros, como en el Nro. 5, están presentes ofrendas que provienen de las áreas explotadas para la obtención de los recursos básicos para la subsistencia. Esto implica que en algunas sepulturas estaba concentrada cierta "información" sobre las zonas de utilización económica y sobre los recursos disponibles en cada una: matrias primeras minerales en las sierras, animales en la llanura interserrana y caracoles, valvas y rodados basáticos en el litoral marítimo.


Fig. 9 Colmillos perforados de cámidos.

Fig. 10. Parte del ajuar funerario del entierro N° 5. Esta formado por una bola de basalto (sector 1), cuentas de valvas marinas (sector 2) y colmillos de cánidos (sector 3).