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Volumen
1 - Nº 1 - Diciembre/ Enero 1989
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![]() Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy |
Transferencia de un gen a la planta de maíz
La
posibilidad de aplicar técnicas de ingeniería genética
a los cereales -principal fuente de alimentos de la humanidad-, para intentar
transferirles propiedades de las cuales carecen, tales como resistencia a
ciertas plagas y a enfermedades, representa una promisoria perspectiva para
la producción agrícola mundial.
Hasta el momento, el empleo de los principios y de los métodos de
esta disciplina había permitido solamente introducir genes foráneos
en vegetales unicelulares como las levaduras, y también en plantas
superiores de la clase de las dicotiledóneas, como el tabaco y la zanahoria.
Pero los experimentos con monocotiledóneas, como el arroz y el maíz,
no habían logrado infestar ejemplares de estas especies con Agrobacterium
tumefaciens, una bacteria del suelo que provoca en muchas plantada enfermedad
conocida como "agalla de corona" y que ha sido corrientemente utilizada
para transferir genes a dicotiledóneas.
Ahora, un trabajo recientemente publicado por C.A. Rhodes y colaboradores,de
la Sandoz Crop Protection Corporation (Palo Alto, California), documenta por
primera vez la transferencia de un gen a células de maíz*.
Rhodes y su equipo lograron introducir en el maíz el gen que codifica
para neornicina fosfotrasferasa lI (NPT II), es decir que da la información
genética para la producción de esta sustancia en las células.
Esto no constituía un objetivo en sí mismo, sino que lo que
se buscaba era superar las dificultades que hasta el momento impedían
incorporar material genético foráneo en células de maíz
y regenerar luego las plantas. Este gen, ahora exitosamente transferido, es
considerado "marcador", ya que su presencia se manifiesta con la
aplicación de un antibiótico, el sulfato de kanamicina, que
inhibe el crecimiento de células que no lo poseen.
Hace poco tiempo, Rhodes, con otros colaboradores, había logrado regenerar
plantas de maíz a partir de protoplastos o células peladas,
es decir células a las que se había despojado de la pared celulósica
que normalmente las reviste, sometiéndolas a la acción de ciertas
enzimas que las digieren. Este proceso de pelado de las células resulta
indispensable para que el ácido desoxirribonucleico (ADN) foráneo
pueda penetrar en ellas. Los protoplastos fueron aislados de un cultivo en
suspensión de células embrionarias de maíz. El cultivo
de células fue iniciado en forma de callo, a partir de embriones inmaduros,
18 meses antes de realizarlos experimentos comunicados. Estos protoplastos
fueron incubados con el plásmido pMP1 que contiene la región
codificadora para NPT II y sometidos a un pulso eléctrico de alto voltaje.
Para regenerar las plantas de maíz, los protoplastos así tratados
se cultivaron sobre filtros de Millipore (un tipo de filtro muy fino, capaz
de detener el paso de bacterias y virus), sobre una suspensión de células
de una variedad de maíz dulce que actuaron como "alimentadoras".
Sin la presencia de estas últimas, a partir de los prótoplastos
no se producirían los "callos", masas de tejido indiferenciado
que, en un medio adecuado, son capaces de regenerar plantas de maíz.
A este cultivo de protoplastos con células alimentadoras se agregó
el sulfato de kanamicina, que actuó como inhibidor del crecimiento
de aquellas células que carecían del gen codificador de NPT
lI. De la experiencia resultó que entre el uno y el cinco por ciento
de las células incorporaron el gen foráneo. A partir de los
callos que tenían esta característica, alcanzaron la madurez
treinta y ocho plantas de maíz. Ninguna de ellas produjo polen, y la
única que dio estigmas (las "barbas de choclo", parte del
aparato sexual femenino por donde el polen traslada las gametas masculinas
hasta el óvulo) no generó semillas cuando se la polinizó.
Los autores manifiestan que el valor de la experiencia radica en que, con
los métodos aplicados, han logrado demostrar que los protoplastos de
maíz pueden ser genéticamente transformados y cultivados hasta
la producción de plantas maduras que contienen un gen artificialmente
inserto. De este modo, se abre el camino hacia la experimentación mediante
técnicas de ingeniería genética en busca de mejoras en
los cereales.