Netirociencias y psicología
Movimientos
en andante, ma non troppo
El temario involucrado en el artículo "Los relojes
biológicos" incluye aspectos que remiten, por una parte, a cuestiones
neurológicas y, por otra, a consideraciones habitualmente formuladas
desde el campo de la psicología. CIENCIA HOY consideró oportuno
convocar a cuatro especialistas para debatir el problema de los encuentros
y desencuentros actuales entre las neurociencias y la psicología. Los
invitados fueron Patricio Garrahan, biofísico (Instituto de Química
y Fisicoquímica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la
Universidad de Buenos Aires), Luis María Zieher, neurofarmacólogo
(Departamento de Farmacología y Toxicología de la Facultad de
Medicina de la Universidad de Buenos Aires), José Töpf, psicólogo
clínico (Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos
Aires) y Ricardo Rodulfo, psicoanalista (Facultad de Psicología de
la Universidad de Buenos Aires).
Garrahan
A modo de introducción señalo que en la
actualidad, en mi opinión, se está originando una convergencia
entre las neurociencias y la psicología. Se produce, por ejemplo, el
reemplazo de una neurofisiología que no pretendía incursionar
en las funciones mentales superiores por neurociencias que abordan niveles tradicionalmente
asociados con el terreno de la psicología. Creo que el avance del conocimiento,
en este aspecto, rompe las barreras entre disciplinas. Podría citar,
por ejemplo, el caso del MIT, cuyo Departamento de Ciencias Cognitivas incluye
psicólogos, neurobiólogos y expertos en inteligencia artificial.
Töpf

Fotos: Andrés Barragán |
Coincido en ese punto. El desarrollo actual de la ciencia
sobrepasa divisiones que los ámbitos académicos han establecido
para la transmisión del conocimiento. Veo un retorno hacia un conocimiento
más integral, más universalizado, quizá porque se comprende
que el ser humano es una cosa más vasta que esas particiones en las que
nos hemos habituado a pensar. Podríamos hablar de "enfoques interdisciplinarios"
si entendemos por tal la convergencia de aportes de distintas áreas cintíficas
destinada a conformar una comprensión más cabal y concreta del
fenómeno humano. En este proceso hay además una recuperación
de antiguos conocimientos, que fueron desechados por una equivocada concepción
de la ciencia. El estudio de los ciclos vitales, a los que hace referencia la
nota "Los relojes biológicos'', es un ejemplo. La variación
de las condiciones anímicas con el transcurso de los días y de
los años es conocida desde tiempos muy antiguos, pero no ha sido lo suficientemente
legitimada en algunos períodos de la ciencia.
Garrahan
Agregaría, sin embargo, que esa reunificación
de áreas del conocimiento se establece en un nivel que vuelve difícil
el diálogo por la complejidad de los lenguajes respectivos. Recurriendo
a la intuición, una persona medianamente ilustrada podía, tiempo
atrás, comprender la mecánica de Newton o la obra de Freud, al
menos en sus rasgos esenciales. Hoy esa comprensión requiere conocimientos
muy especializados. Ya no basta con la intuición. Creo que ello es un
problema realmente serio.
Zieher
Como mi ámbito de trabajo es el de los psicofármacos,
me gustaría referirme al problema de cómo vincular sus niveles
de acción molecular con el de la experiencia subjetiva. Entiendo que
en este punto se solapan estos dos campos, el neurobiológico y el psicológico,
en apariencia separados o poco relacionados entre sí. Las benzodiazepinas,
o BDZ, mencionadas en el trabajo de Cardinali, que forman parte de los tranquilizantes
menores (como el Valium), son ejemplos de fármacos cuyos niveles de acción
han sido relativamente bien estudiados. Hay un primer nivel, de carácter
bioquímico. Las BDZ se fijan de manera específica a un complejo
receptor, el sitio molecular de la acción. Luego tenemos un segundo nivel,
neurofisiológico. La fijación anterior altera el flujo de impulsos
en circuitos neuronales específicos del sistema nervioso central. El
tercer nivel es cognoscitivo y corresponde al procesamiento de la información.
Se establece entonces una comparación entre eventos actuales y eventos
esperables. Cuando esa comparación no se adecua a la expectativa, se
produce la activación de un sistema inhibitorio de la conducta que suprime
la actividad motora, incrementa la alerta y aumenta la tensión con respecto
al medio ambiente. Estos efectos, en un cuarto nivel, el de la experiencia subjetiva,
son asumidos por el individuo como ansiedad. La alteración que producen
las BDZ a nivel fisiológico sobre el sistema inhibitorio de la conducta
se manifiesta subjetivamente como un efecto ansiolítico, es decir, el
bloqueo del síntoma de ansiedad. Está claro que el conocimiento
en profundidad de la acción del fármaco requiere comprender y
relacionar cada uno de estos eslabones. En el caso de los antipsicóticos
conocemos el nivel de acción bioquímico, pero el resto se desconoce.
No podemos, por el momento, comprender en profundidad el modo de actuar de estos
fármacos.
Rodulfo
Como psicoanalista me gustaría incluir un punto
de vista que podríamos llamar transferencial y que concierne al radio
de acción o a la oscilación de los efectos que origina el medicamento.
No me refiero solamente a la relación médico-paciente sino, en
especial, a la serie inconsciente en la que se ubica el medicamento desde el
punto de vista subjetivo. EL paciente podría, por ejemplo, entenderse
como el término de una ecuación cuyo otro término es "veneno",
con una serie de fantasmas hipocondríacos y paranoides, y ello incidiría
en el resultado final de la aplicación del fármaco. En cuanto
a la problemática planteada por Garrahan y Töpf, concuerdo en que
existe cierta aspiración a la integración del conocimiento en
campos muy diversificados de la ciencia. Pero llamaría la atención
hacia ciertas convergencias un tanto forzadas que se proponen a veces y que
originan falsas totalizaciones o reduccionismos. No creo que la necesidad de
volver a reflexionar sobre la subjetividad en su conjunto, señalada por
Töpf, se pueda concebir como el retorno a un campo unificado dada la diversidad
de los campos científicos actuales. Ocurriría lo que en psicoanálisis
se llama "soportar la paradoja'', sin intentar resolverla, es decir, para
el caso, sin tratar de limar los desencuentros entre las distintas disciplinas
además de reconocer sus convergencias. El psicoanálisis tiene
algo que decir al respecto porque es una de las primeras disciplinas que se
desacomodan con relación a la partición tradicional: no se ubica
cómodamente dentro de la psicología ni de la medicina.