Volumen 1 - Nº 1 - Diciembre/ Enero 1989

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy

 

 

Netirociencias y psicología

Movimientos en andante, ma non troppo

El temario involucrado en el artículo "Los relojes biológicos" incluye aspectos que remiten, por una parte, a cuestiones neurológicas y, por otra, a consideraciones habitualmente formuladas desde el campo de la psicología. CIENCIA HOY consideró oportuno convocar a cuatro especialistas para debatir el problema de los encuentros y desencuentros actuales entre las neurociencias y la psicología. Los invitados fueron Patricio Garrahan, biofísico (Instituto de Química y Fisicoquímica de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires), Luis María Zieher, neurofarmacólogo (Departamento de Farmacología y Toxicología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires), José Töpf, psicólogo clínico (Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires) y Ricardo Rodulfo, psicoanalista (Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires).


Garrahan
A modo de introducción señalo que en la actualidad, en mi opinión, se está originando una convergencia entre las neurociencias y la psicología. Se produce, por ejemplo, el reemplazo de una neurofisiología que no pretendía incursionar en las funciones mentales superiores por neurociencias que abordan niveles tradicionalmente asociados con el terreno de la psicología. Creo que el avance del conocimiento, en este aspecto, rompe las barreras entre disciplinas. Podría citar, por ejemplo, el caso del MIT, cuyo Departamento de Ciencias Cognitivas incluye psicólogos, neurobiólogos y expertos en inteligencia artificial.

Töpf

Fotos: Andrés Barragán
Coincido en ese punto. El desarrollo actual de la ciencia sobrepasa divisiones que los ámbitos académicos han establecido para la transmisión del conocimiento. Veo un retorno hacia un conocimiento más integral, más universalizado, quizá porque se comprende que el ser humano es una cosa más vasta que esas particiones en las que nos hemos habituado a pensar. Podríamos hablar de "enfoques interdisciplinarios" si entendemos por tal la convergencia de aportes de distintas áreas cintíficas destinada a conformar una comprensión más cabal y concreta del fenómeno humano. En este proceso hay además una recuperación de antiguos conocimientos, que fueron desechados por una equivocada concepción de la ciencia. El estudio de los ciclos vitales, a los que hace referencia la nota "Los relojes biológicos'', es un ejemplo. La variación de las condiciones anímicas con el transcurso de los días y de los años es conocida desde tiempos muy antiguos, pero no ha sido lo suficientemente legitimada en algunos períodos de la ciencia.

Garrahan
Agregaría, sin embargo, que esa reunificación de áreas del conocimiento se establece en un nivel que vuelve difícil el diálogo por la complejidad de los lenguajes respectivos. Recurriendo a la intuición, una persona medianamente ilustrada podía, tiempo atrás, comprender la mecánica de Newton o la obra de Freud, al menos en sus rasgos esenciales. Hoy esa comprensión requiere conocimientos muy especializados. Ya no basta con la intuición. Creo que ello es un problema realmente serio.

Zieher
Como mi ámbito de trabajo es el de los psicofármacos, me gustaría referirme al problema de cómo vincular sus niveles de acción molecular con el de la experiencia subjetiva. Entiendo que en este punto se solapan estos dos campos, el neurobiológico y el psicológico, en apariencia separados o poco relacionados entre sí. Las benzodiazepinas, o BDZ, mencionadas en el trabajo de Cardinali, que forman parte de los tranquilizantes menores (como el Valium), son ejemplos de fármacos cuyos niveles de acción han sido relativamente bien estudiados. Hay un primer nivel, de carácter bioquímico. Las BDZ se fijan de manera específica a un complejo receptor, el sitio molecular de la acción. Luego tenemos un segundo nivel, neurofisiológico. La fijación anterior altera el flujo de impulsos en circuitos neuronales específicos del sistema nervioso central. El tercer nivel es cognoscitivo y corresponde al procesamiento de la información. Se establece entonces una comparación entre eventos actuales y eventos esperables. Cuando esa comparación no se adecua a la expectativa, se produce la activación de un sistema inhibitorio de la conducta que suprime la actividad motora, incrementa la alerta y aumenta la tensión con respecto al medio ambiente. Estos efectos, en un cuarto nivel, el de la experiencia subjetiva, son asumidos por el individuo como ansiedad. La alteración que producen las BDZ a nivel fisiológico sobre el sistema inhibitorio de la conducta se manifiesta subjetivamente como un efecto ansiolítico, es decir, el bloqueo del síntoma de ansiedad. Está claro que el conocimiento en profundidad de la acción del fármaco requiere comprender y relacionar cada uno de estos eslabones. En el caso de los antipsicóticos conocemos el nivel de acción bioquímico, pero el resto se desconoce. No podemos, por el momento, comprender en profundidad el modo de actuar de estos fármacos.

Rodulfo

Como psicoanalista me gustaría incluir un punto de vista que podríamos llamar transferencial y que concierne al radio de acción o a la oscilación de los efectos que origina el medicamento. No me refiero solamente a la relación médico-paciente sino, en especial, a la serie inconsciente en la que se ubica el medicamento desde el punto de vista subjetivo. EL paciente podría, por ejemplo, entenderse como el término de una ecuación cuyo otro término es "veneno", con una serie de fantasmas hipocondríacos y paranoides, y ello incidiría en el resultado final de la aplicación del fármaco. En cuanto a la problemática planteada por Garrahan y Töpf, concuerdo en que existe cierta aspiración a la integración del conocimiento en campos muy diversificados de la ciencia. Pero llamaría la atención hacia ciertas convergencias un tanto forzadas que se proponen a veces y que originan falsas totalizaciones o reduccionismos. No creo que la necesidad de volver a reflexionar sobre la subjetividad en su conjunto, señalada por Töpf, se pueda concebir como el retorno a un campo unificado dada la diversidad de los campos científicos actuales. Ocurriría lo que en psicoanálisis se llama "soportar la paradoja'', sin intentar resolverla, es decir, para el caso, sin tratar de limar los desencuentros entre las distintas disciplinas además de reconocer sus convergencias. El psicoanálisis tiene algo que decir al respecto porque es una de las primeras disciplinas que se desacomodan con relación a la partición tradicional: no se ubica cómodamente dentro de la psicología ni de la medicina.


 

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