Volumen 15 - Nº 88
Agosto-Setiembre 2005

La carrera de ingeniera nuclear en el Instituto Balseiro

A lo largo de los años sesenta y setenta el sector nuclear se consolidó institucionalmente. En el marco de una política que apuntó al desarrollo de capacidades autónomas en el área, se construyeron cuatro reactores de investigación, se puso en marcha la central nuclear de Atucha I, en 1974 y se comenzó la construcción de la central de Embalse. La paulatina expansión de las actividades nucleares, así como su proyección a largo plazo, implicaron la demanda creciente no solo de recursos humanos que dieran soporte a las líneas de investigación en nuevas tecnologías, sino también de una mayor especialización de estos. Con el objeto de cubrir estas necesidades comenzó a gestarse en 1975 el proyecto de crear una carrera de ingeniería nuclear en el Instituto Balseiro, la cual fue abierta en 1977. El principal impulsor y vicedirector entre abril de 1977 y agosto de 1985 fue Máximo Abbate, quien había egresado de la carrera de física en el mismo instituto en 1968, especializándose en física de neutrones y reactores.


El reactor RA-6. Fue construido por la empresa INVAP para uso de los estudiantes de ingeniería. comenzó a funcionar en 1982.

El Instituto Balseiro había sido creado a mediados de los años cincuenta con el propósito de cubrir la demanda de profesionales calificados para el desarrollo del programa nuclear argentino. En función de este objetivo, y considerando que la formación de físicos, tanto experimentales como teóricos, debía estar a cargo de investigadores en actividad, la conformación del Instituto estuvo ligada al desarrollo de líneas de investigación a cargo de los docentes en el Centro Atómico Bariloche (CAB), configurándose así como una institución cuyo modelo de ciencia y de formación impactó en el contexto científico-universitario local y reforzó el posicionamiento de la CNEA en las discusiones sobre el tipo de ciencia que habría de promoverse en un país no desarrollado.

En este contexto, la apertura de una nueva carrera fue vista como una consecuencia previsible de su evolución, estimulada por el desarrollo del sector nuclear y los diversos proyectos de diseño e implementación de centrales y reactores de investigación en la década del 70. De este modo, la carrera de ingeniería fue concebida como una etapa más en la estrategia de formación de recursos humanos en áreas no desarrolladas en el país, implementada por la CNEA desde mediados de los años cincuenta. Como se sostiene en un folleto informativo del Instituto Balseiro del año 1955, desde su creación se había contemplado la necesidad de formar profesionales

‘con la aptitud y capacidad necesarias para encarar problemas propios de la metalurgia científica y tecnológica, así como de especialistas en física nuclear, aptos y capaces para encarar [...] problemas como por ejemplo los relativos a reactores tanto en lo referente a su construcción como a su utilización como instrumentos de investigación o como fuentes de energía’.

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