Volumen 15 - Nº 88
Agosto-Setiembre 2005

Magnitud y complejidad de un programa nuclear

Preparado por Ciencia Hoy

Definir y ejecutar un programa nuclear como el llevado a la práctica en la Argentina constituye una labor enorme y muy compleja, aun en sus aspectos puramente técnicos. A ellos de suman los de política interna e internacional y la necesidad de movilizar ingentes recursos financieros. Dejando de lado los tres últimos factores, que variaron a lo largo del tiempo, y sin considerar la rentabilidad social de tal programa –sobre la que los datos serios disponibles parecen ser pocos, por no decir nulos–, las tareas técnicas abarcan desde la minería y procesamiento del uranio para fabricar los elementos combustibles que hagan funcionar los reactores de investigación y de generación eléctrica, hasta el tratamiento y destino final de residuos radiactivos de combustibles agotados, pasando por la propia construcción y operación de los reactores, más otras aplicaciones como la producción de radioisótopos o equipos de medicina nuclear. Dado que hay principalmente dos tipos de reactores: los que usan uranio natural como combustible y agua pesada como moderador de neutrones (así son los de las centrales nucleoeléctricas argentinas) y los que usan uranio enriquecido y agua común, dos importantes procesos laterales son la producción de agua pesada u óxido de deuterio (D2O, que en lugar de hidrógeno, como el agua común, tiene un isótopo de este, deuterio) y el enriquecimiento de uranio (que incrementa cinco veces la proporción del isótopo radiactivo 235 de ese elemento en el combustible, del 0,7%, propia del uranio natural, al 3,5%). Entre los procesos complementarios también está el reprocesamiento del combustible usado.

El programa nuclear argentino incluyó todos esos procesos y se organizó a partir de la labor de la Comisión Nacional de Energía Atómica, un ente autárquico conducido por un directorio de cinco miembros designados por decreto. Históricamente, la CNEA comenzó realizando todas las tareas del programa e incluso fue –hasta 1994, en que se creó la Autoridad Regulatoria Nuclear– el único organismo gubernamental con competencia en temas nucleares. Con el pasaje de los años, muchas responsabilidades pasaron a otras entidades estatales, mixtas o privadas, varias creadas e integradas por la propia CNEA.

Para empezar por lo más visible, esta tuvo la responsabilidad de construir y operar las dos centrales nucleoeléctricas que funcionan en la Argentina (Atucha y Embalse), y comenzó a erigir una tercera (Atucha II), que no avanzó más allá de los pasos iniciales. Hoy están en manos de la empresa Nucleoeléctrica Argentina SA, que se pensaba privatizar pero continúa en propiedad del estado nacional. Para producir elementos combustibles destinados a reactores de potencia e investigación, en 1981 se creó Combustibles Nucleares Argentinos SA, de la que la CNEA tiene un tercio de las acciones. De la firma Fábrica de Aleaciones Especiales SA, que produce diversos elementos para esas centrales, tiene el 32% del capital.

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