Volumen 15 - Nº 88
Agosto-Setiembre 2005

Entrevista a Daniel Bes

Daniel Bes se doctoró en física en la UBA en 1960. Entre otras actividades, trabajó en el Instituto Niels Bohr (Dinamarca) y fue profesor de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos). Por su papel central en el desarrollo de la física nuclear y en la formación de físicos e ingenieros, desde mediados de los años sesenta es uno de los físicos teóricos más importantes del país. En esta entrevista, realizada en Buenos Aires a fines de mayo de 2005, Daniel Bes ubica el Instituto Balseiro en el marco de un panorama crítico de los últimos cincuenta años de física y de desarrollo del área nuclear en la Argentina.

¿Cómo se decidió por la física?

Estudié en el Colegio Nacional de Buenos Aires. La impronta humanista de la educación que recibí en este lugar me empujó a estudiar física. Creo que no hay contradicción en esto. Me alentó el hecho de conocer ahí profesores que yo valoraba y que se dedicaban full-time a una actividad académica. Si no hubiera estudiado física me hubiera gustado seguir historia. Entré en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA en el año 1950. Considero respetable la formación allí recibida, pero quizás me ayudó la suerte. Durante los tres primeros años tuve en física a dos profesores que yo no apreciaba, Teófilo Isnardi y José Collo, pero jefes de trabajos prácticos con los cuales pude aprender mucho en diálogos al margen de las clases oficiales. Entre ellos, Cecilia Mossin Kotin, Juan McMillan y Juan D’Alessio. En 1952 tuvo lugar una purga, una de las tantas de la universidad argentina. Isnardi, Collo y muchos de sus jefes de trabajos prácticos fueron echados. Para reemplazar a estos últimos entró gente impresentable perteneciente al partido del gobierno de aquel entonces. Pero en los cursos superiores, que dependían de Isnardi, fueron nombrados José Balseiro y Richard Gans. De golpe, estos años superiores subieron mucho de nivel. Uno de los buenos cursos que dictaba Balseiro versaba sobre física cuántica, materia que yo ya había estudiado por cuenta propia, además de haber asistido a las clases que daba Simón Altman en el Departamento de Química. ¡En Física no se dictaba cuántica! Con Balseiro reconozco haber sido bastante cargoso, en el sentido de puntualizar contradicciones en su presentación (¿qué presentación de cuántica no las tiene?). Y tuvo conmigo una paciencia realmente notable. Estas actitudes y otras semejantes me hicieron respetar a Balseiro.

A comienzos de los años cincuenta, Balseiro apenas pasaba los treinta años. ¿Cómo se explica que un físico tan joven quedara a cargo de la creación y organización de un instituto?

Una de las cosas que me llamaron la atención leyendo el libro de Arturo López Dávalos y Norma Badino sobre Balseiro fue que este estaba vinculado en La Plata con altos dignatarios de la iglesia, como monseñor Octavio Derisi. En aquella época, entraban como docentes en la universidad solo peronistas y/o ultracatólicos. En este sentido, Balseiro podía contar con un porvenir asegurado en la vida académica. Sin embargo, él dejó todos los cargos, dejó a su entonces novia (en esa época la novia no armaba las valijas y se iba con el novio) para ir a trabajar y vivir con Guido Beck a Córdoba. Beck, de ascendencia judía, acababa de llegar al país huyendo de la persecución racial nazi, y había sido contratado por Enrique Gaviola para trabajar en el Observatorio de Córdoba. Pienso que Balseiro tenía una visión propia de la física en serio, visión que no le había transmitido la universidad, y comprendió que Beck era el único que podía enseñarle a hacer física del siglo xx. Para dar una idea de cómo había caído el Departamento de Física de La Plata, creado con gran nivel a principios del siglo, vale la siguiente anécdota, contada por el mismo Balseiro durante un simposio en Bariloche: el decano de la Facultad de La Plata, Carlos Pascali, en su curso de física enseñaba el ‘principio de empujación’, según el cual el principio de acción y reacción no era válido siempre, sino solamente cuando uno empujaba. ¡Por eso las locomotoras iban tirando los trenes, no empujándolos! Cuando en 1953 entré a trabajar en la Comisión Nacional de Energía Atómica, Balseiro era el único autorizado a hacer física teórica. Todos los demás debíamos hacer física experimental, aunque yo después de unos años pude cambiar de rumbo y dedicarme a la teoría.

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