CIENCIA HOY Volumen 1 Nš 2 Febrero/Marzo 1989

 

 
Fig. 4. Esqueleto de caballos americano (izquierda) y megaterio (derecha). Los huesos marcados con grisado corresponden a las partes encontradas.

Sin embargo, la identificación de las evidencias de cada ocupación es difícil ya que las asociaciones originales de restos se modificaron parcialmente por factores posteriores, como la acción del arado sobre los niveles superiores, la actividad de los roedores al construir sus cuevas o la penetración de raíces en el suelo, con el consiguiente desplazamiento de materiales de su posición inicial. También debe considerarse el acarreo de los huesos de los animales consumidos por el hombre, que habrían realizado los carnívoros que habitaron la región pampeana, tales como zorros y pumas. Estas perturbaciones generaron dificultad para determinar lo que se llama "pisos de ocupación": grupos de restos depositados simultáneamente como consecuencia de una o varias actividades desarrolladas en el sitio durante lapsos muy cortos. No obstante, se han identificado asociaciones recurrentes de restos en distintos sectores, las que podrían representar una o varias ocupaciones de bandas cazadoras-recolectoras con características similares. Cada uno de estos grupos de asociaciones se denomina "componente" y se refiere a la manifestación, simultánea o no, de un grupo cultural dado. Del análisis de los materiales resultaron tres "componentes" para el sitio 2 de Arroyo Seco, que indican tres respectivos tipos de ocupación humana.

El componente Superior está formado por los restos que se hallaron en la parte más alta del perfil estratigráfico (unidad "X" del mismo; véase "Geología local" y figura 5) y, pese a ser el más reciente, sabemos muy poco de él. Esta porción del suelo fue muy perturbada por el arado y, por lo tanto, los objetos que se encuentran en ella están redepositados (o sea, removidos de su posición original) constituyendo un conjunto empobrecido por la destrucción casi total de los restos óseos. A pesar del escaso material recuperado, se puede inferir que en momentos tardíos, probablemente poco antes de la conquista hispánica, los indígenas que habitaban aquí ya manejaban la tecnología para la producción de cerámica, que a veces decoraban con pintura roja o con motivos geométricos incisos (efectuados sobre la pasta antes de su cocción). También confeccionaban varios tipos de puntas de proyectil bifaciales, algunas de ellas triangulares, pequeñas y medianas, y otras lanceoladas, con la base adelgazada. En estos niveles se observó también el use de algunas materias primas de excelente calidad, tales como el ópalo ocráceo. Debido a los procesos de destrucción aludidos, no conocemos nada acerca de su economía o de sus preferencias de presas de caza.


Fig. 5. Dibujos Fracisco Revelli

El componente Medio, segundo conjunto cultural identificado, está mejor caracterizado, ya que se lo ubicó a mayor profundidad, fuera del alcance del arado, y no presenta tantas perturbaciones como en proximidades de la superficie actual del suelo. Se to localizó en la pane superior de la unidad "Y" (véase "Geología local" y figure 5), cuyos sedimentos contenían una variedad importante de artefactos tallados en piedra (fundamentalmente cuarcita), en general con evidencia de técnicas de retalla y retoque marginal unifacial, entre los que se incluyen, como en el componente Superior, puntas de proyectil triangulares medianas y lanceoladas, así como también otros instrumentos para procesar las presas (raspadores, raederas, etc.). Estos artefactos aparecían, además, asociados con restos de fauna que permiten deducir una economía basada fundamentalmente en la explotación del guanaco como presa principal de caza, y del venado de las pampas y del ñandú como recursos complementarios u ocasionales. Por otra parte, una relative abundancia de utensilios de piedra vinculados con la molienda ("manos" y "molinos") sugiere que el procesamiento de productos vegetales silvestres habría ocupado asimismo un lugar importante en las actividades de subsistencia. En cambio; en estos niveles no aparecen restos de fauna europea ni de cerámica (ambos, indicadores de momentos recientes), lo que llevaría a ubicar tentativamente a este componente a mediados del Holoceno o un poco después.

Continuando la excavación, en la parte inferior de la unidad "Y" y en la siguiente (unidad "S") se encontraron las evidencias de asociación entre los mamíferos pleistocénicos y el hombre. Se trata del último "componente" identificado en el sitio: el componente Inferior, caracterizado por distintos tipos de raspadores y raederas, así como también algunos elementos de gran tamaño (véanse figuras 6 y 7) elaborados con distintas materias primas.



Fig. 6. Dos grandes instrumentos hallados junto a huesos de megaterios y caballos americanos.


Fig. 7. Entre los instrumentos del componente inferior se destacan raspadores y raederas de cuarcita, rodados costeros con lascados aislados, la mitad de una piedra de boleadora y lascas con retoque marginal.

El estudio faunístico de los restos recuperados en este nivel del sitio fue realizado por Eduardo Tonni y por Mónica Salemme. La mayor parse del conjunto analizado correspondía a restos óseos de guanaco, de venado de las pampas y de varias especies extinguidas: un camélido -Paleolama-, dos especies de caballo americano -Equus (Amerhippus) y Onohippidium -Híppidion-, un gliptodonte -Eutatus seguini-, un cérvido -Habromeryx-, un toxodonte -Toxodon-, dos especies de perezosos terrestres, el megaterio -Megatheríum americanum- y el glosoterio -Glossotherium robustum- y Macrauchenia patachonica, perteneciente a la familia Litopterna, que no cuenta con representantes vivientes. La importancia de estas especies para el hombre de la zona fue aparentemente desigual. La cantidad de piezas halladas sugiere que se destacaba el guanaco, que se habría constituido en la base de la obtención de proteínas animales para estos antiguos cazadores. Pero al mismo tiempo, y en este punto reside uno de los aspectos importantes del sitio Arroyo Seco 2, diversos análisis indican también que por lo menos el megaterio y los caballos americanos habrían sido asimismo explotados por los ocupantes de este nivel.

En efecto, de los esqueletos de dichos animales se encontraron básicamente cuartos delanteros y traseros. Esto aparece en concordancia con la selección de partes de las presas según pautas típicas de muchos grupos cazadores: tras cazar al animal, se lo troza para un más fácil transporte hasta el lugar de consumo, al que se acarrean sólo las partes más carnosas, abandonando en el sitio de faena la cabeza, el cuello y la columna vertebral, engorrosas para el traslado por su peso y poco rendidores en carne.

Fig. 8. Al centro, cornamenta de Habromeryx; a ambos
lados, huesos fragmentados de megaterio.

 

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