Volumen 1 - Nº 2- Febrero/Marzo 1989

Revista de Divulgación Científica y Tecnológica de la Asociación Ciencia Hoy

 

 

El profesor Guido Beck, físico teórico, nació el 29 de agosto de 1903 en Liberec, ciudad de la actual Checoslovaquia que pertenecía entonces al Imperio Austro-húngaro. Cursó sus estudios en la Universidad de Viena entre 1921 y 1925 y en este mismo año fue publicado su trabajo de tesis sobre la teoría de los campos gravitatorios. En la década siguiente publicó trabajos sobre el efecto Compton, la relatividad general, las ondas electromagnéticas, el efecto fotoeléctrico, las consecuencias de la analogía entre el quantum de luz y el electrón, el problema de la fricción en la mecánica cuántica y la clasificación de los isótopos. Con el trabajo realizado sobre este último tema contribuyó en la década de 1930 a la aceptación por parte de la comunidad científica de los conceptos que llevarían al modelo de capas del núcleo atómico.

Hasta 1934, Beck trabajó en Europa: Berna, Viena, Leipzig, donde fue asistente de Heisenberg, el Cavendish Laboratory, Copenhague y Praga. En esta universidad desarrolló con su alumno Kurt Sitte la teoría de la desintegración beta que explicó los resultados experimentales de la época antes de que se formulara la hipótesis del neutrino.

En 1934 fue a los Estados Unidos donde dirigió a E.Horsley en un trabajo que explicaba el comportamiento de las secciones eficaces de los neutrones lentos en función de la velocidad, determinado experimentalmente por Enrico Fermi. Este trabajo fue confirmado sucesivamente por contribuciones teóricas de Fermi, Perrin, Elsasser y Bethe. En la misma época, Beck propuso utilizar el modelo de capas para el núcleo atómico a fin de explicar la dispersión anómala de las partículas nucleares por núcleos livianos. En 1935 se trasladó a Odesa, en la URSS, donde enseñó física teórica y formó investigadores que aún hoy lo recuerdan con particular emoción. Regresó a Europa occidental en 1938 y trabajó en Francia con P. Havas. De esta época es su investigación sobre las propiedades de los fragmentos resultantes de la fisión del uranio y también su trabajo con J. Pirenne sobre la estructura del sistema electrón-positrón.

En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, se refugió en Portugal donde permaneció algo más de un año enseñando en Lisboa, Coimbra y Oporto. En 1943 viajó a la Argentina invitado por Enrique Gaviola. Contribuyó de manera notable a la formación de destacados físicos argentinos, así como a la fundación de la Asociación Física Argentina. En 1951 partió, hacia Brasil, donde ya había estado en años anteriores por breves períodos. Durante su permanencia en ese país trabajó diez años en el Centro Brasileño de Investigaciones Físicas (CBPF) y por dos años en el Instituto de Física de la Universidad de San Pablo. De 1960 es su trabajo con Moysés Nussenzveig sobre la interpretación física de los polos de matriz S.

En 1963 regresó a la Argentina donde permaneció hasta 1974. En este período contribuyó a la consolidación del Instituto de Física José Balseiro e inspiró importantes contribuciones argentinas en el campo de las teorías de las fluctuaciones, sobre el origen de los acoplamientos spin?órbita, acerca de las relaciones de coherencia entre sistemas de fotones y sobre el pasaje de partículas cargadas por un dieléctrico. Regresó a Brasil en 1975 y colaboró allí en la reconstrucción del Instituto de Física de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y del CBPF. Murió víctima de un accidente automovilístico el 21 de octubre de 1988, en Río de Janeiro, en momentos en que CIENCIA HOY elaboraba el material que sigue. La entrevista se complementa con el testimonio de uno de sus discípulos argentinos, Arturo López Dávalos.

Entrevista realizada por Alzira A. de Abren (Centro de Investigaciones y Documentación en Historia Contemporánea del Brasil-Fundación Getúlio Vargas) y Ennio Candotti (Ciencia Hoy).

Profesor Beck, usted pertenece a la generación de físicos que en los años '20 fue responsable del gran impulso dado a los estudios teóricos de física, revolucionando así el conocimiento. ¿Podría trazar un cuadro general de la formación de los científicos en ese período?

En aquel tiempo la investigación científica se concentraba en las universidades, cuyo principal papel era la enseñanza. Considero que las condiciones de los diversos países europeos eran diferentes. Los físicos que se formaron en Austria, por ejemplo, tuvieron una situación distinta a la de los formados en Inglaterra, Francia o Rusia. Después de la guerra de 1914, con los tratados de 1919?20 que desmembraron el Imperio Austro-húngaro, los austríacos asistieron a la destrucción del sistema universitario que allí existía. Los nuevos estados que surgieron (Checoslovaquia, Rumania, Polonia, Yugoeslavia) preferían dar énfasis, en sus universidades, a los estudios de literatura e historia con la intención de fortalecer las nuevas nacionalidades. Así, los jóvenes que hacían ciencia se desplazaron hacia la pequeña Austria, pero la Universidad de Viena no reunía las condiciones para absorberlos a todos. Muchos se fueron a Alemania, que tenía importantes centros de estudio en Berlín, Munich, Göttingen y otras ciudades. Alemania se benefició con esta situación y se convirtió en una gran potencia en el campo científico. Lo mismo sucedió más tarde, cuando comenzaron las persecuciones políticas y raciales en la Alemania nazi y en la Europa ocupada: muchos científicos emigraron a los Estados Unidos, ayudando a ese país a convertirse en uno de los mayores centros de investigación del mundo.

¿El ambiente en Europa era, en general, favorable al estudio de las ciencias naturales?

No, no era nada favorable. Recuerdo haber sentido esto por primera vez cuando tenía 14 años, en 1917, en mi gimnasio, en Zurich. Debíamos escoger si íbamos a estudiar humanidades o no. En el primer caso aprenderíamos griego y latín, en el segundo, apenas latín, además de matemática y física. El profesor nos explicó que la elite de los estudiantes aprendería griego porque era indispensable para que una persona culta se moviera en el ambiente intelectual. Pero había un consuelo para los otros: una persona honesta y trabajadora también podría tener, eventualmente, éxito en la vida aun cuando no hubiera aprendido griego.

¿Y cómo se transmitía el conocimiento científico?

El sistema de estudios variaba, pero la física de un modo general se distinguía de la química, que preparaba profesionales para la industria. Había un gran número de estudiantes de química, mientras que poquísimos se dedicaban a la física. Los estudiantes de química eran dirigidos por profesores y asistentes y tenían que dar un cierto número de exámenes. Los físicos, matemáticos y astrónomos pasaban el día entero en la universidad, estudiando en la biblioteca, sin mucho control de los profesores. Asistían a algunos cursos básicos en los dos primeros años y en los dos siguientes trabajaban solos, discutiendo con los colegas y los profesores. Como resultado de esas discusiones, al final del curso presentaban una tesis.

La relación alumno-profesor y los sistemas de transmisión de conocimientos eran bastante diferentes de los que conocemos hoy...

No se puede comparar la situación actual con la de mi generación. El número de estudiantes es hoy mucho mayor, y están distantes unos de otros, sea espacialmente, sea en lo que se refiere al contacto con los profesores. Por otra parte, el campo de la física se amplió enormemente, lo que también obligó a ampliar el numero de años necesarios para la formación de un físico y llevó a una mayor especialización dentro de la propia física. Un especialista en partículas no siempre acompaña los progresos de la física del sólido o incluso de la física nuclear...

Cuando terminó la universidad en Viena usted fue a trabajar a Berna, Suiza. ¿Nos podría hablar de los primeros años que siguieron a su formación?

La Universidad de Viena era el centro más importante de estudios de física, pero no había trabajo para todos los jóvenes que se formaban allí. Por esto, busqué un empleo en Berna, donde las condiciones de trabajo eran buenas. Allí tenía que supervisar a los estudiantes en los trabajos de laboratorio. Fue en Berna donde conocí a Einstein. Yo discutía mucho de física y teoría de la relatividad con Michele Besso, gran amigo de Einstein, y éste siempre lo visitaba cuando venía a Berna. Trabajaban juntos en el escritorio de patentes de Berna en la época en que Einstein escribió su primer trabajo sobre la relatividad y éste cuenta en sus cartas que Besso lo obligó a ser muy claro en la explicación de la teoría porque decía que de otro modo nadie creería en ella.

Einstein y la relatividad ejercieron gran influencia en su formación y en el comienzo de su carrera científica.

De hecho, mi interés por la física se despertó durante mis estudios secundarios leyendo un libro de divulgación de la teoría de la relatividad escrito por el propio Einstein. Mi trabajo de tesis, aprobado por H. Thirring en 1925, también fue sobre la teoría de la relatividad.

Su artículo para el volumen IV del Handbuch der Physik, dedicado a la teoría de la relatividad es de 1929. En esa época usted estaba en Leipzig. Cómo era el ambiente y quién más estaba allí?

Heisenberg, Debaye, Wentzel, Hund, Bloch, PeierIs, Teller, Landau. Era una gran familia. Trabajábamos el día entero, muchas veces desde la madrugada hasta tarde en la noche. En aquella época fueron desarrolladas teorías importantes: la teoría de los electrones en cristales, la teoría del magnetismo, el origen de las fuerzas químicas y la electrodinámica cuántica. Heisenberg iba muchas veces a Copenhague a visitar a Bohr, que era nuestro gran maestro. Bohr había recibido el premio Nobel en 1922 por su teoría sobre la estructura del átomo, y tenía gran influencia sobre todos nosotros. Heisenberg siempre volvía de estos viajes con nuevas ideas y nuevas dudas que nos ayudaban mucho a avanzar en nuestro trabajo. Semestralmente, Bohr organizaba un encuentro e íbamos todos. Al principio éramos unos veinte, después nuestro número comenzó a crecer.

 

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