CIENCIA HOY Volumen 1 - Nº 1 - Diciembre/ Enero 1989

 

Entre las 121 mujeres de la muestra hubo 36 que abortaron al menos una vez: casi una de cada tres mujeres decidieron realizarse un aborto en algún momento de su vida previo a este estudio. Al mismo tiempo, las mujeres de la muestra tuvieron un total de 349 embarazos, de los cuales 49 terminaron en abortos, lo que representa un 14% del total de embarazos: de cada 10 embarazos, uno y medio terminaron en aborto. En base a estos datos pueden calcularse las siguientes medidas de incidencias para las mujeres del estudio:

a) tasa de abortos por 100 mujeres = 40,5;
b) proporción de abortos por 100 embarazos = 14;
c) número medio de abortos por mujer = 0,4.

 

El número medio de abortos por mujer está indicando que ha habido casi medio aborto por mujer. Si calculamos esta medida sólo para las mujeres que tuvieron al menos un aborto hasta el momento del estudio, esta medida asciende a 1,4 abortos por mujer.

El momento del ciclo de vida reproductivo en el cual una mujer decide realizarse un aborto constituye un dato de relevancia para comprender el sentido de esa acción. Las condiciones familiares y personales que rodean una decisión de aborto, así como el conjunto de configuraciones culturales de las que la mujer es portadora, se articulan y crean una disponibilidad hacia la interrupción del embarazo, para la cual el momento del ciclo de vida de la mujer y de la familia funcionan como contextos que pueden desestimular o reforzar una decisión. Un aborto de soltera no se sostiene en la misma constelación de motivaciones que un aborto de casada, como tampoco un aborto antes del primer hijo y otro después del tercero. Cada mujer y cada pareja van construyendo en el tiempo y en el espacio un tipo particular de prole: la decisión de abortar se construye sobre la particularidad de la situación personal y familiar.

Combinando dos criterios de ordenamiento temporal posibles, la paridez y el casamiento, las mujeres del estudio se diferenciaron claramente:

  1. Las mujeres que abortaron antes del casamiento y antes del primer hijo, en tanto solteras y nulíparas.
  2. Las mujeres que abortaron después del casamiento y antes del primer hijo, demorando el nacimiento del primer hijo.
  3. Las mujeres que abortaron después del casamiento y después del primer hijo, en tanto casadas y madres, para espaciar la crianza de sus hijos o para limitar su número.

 

La distribución de la población en estos tres grupos muestra una concentración del 55,5% de los casos (20 mujeres) en el tercer grupo, el de las que abortan después de casadas y de haber sido madres; un 28% (10 mujeres) en el primer grupo, el de las que abortan siendo solteras y nulíparas, y por último un reducido número de casos -cinco mujeres- que abortan entre el casamiento y el nacimiento del primer hijo. De estas cifras puede inferirse además que el 80% de las mujeres que abortan por primera vez después del casamiento, lo hacen luego de tener el primer hijo.

El motivo fundamental por el cual una mujer aborta es que no quiere continuar con un embarazo, esto es, quiere interrumpir el proceso por el cual llegaría a tener un hijo. Una mujer puede haberse embarazado sin quererlo, o puede haber cambiado de parecer por circunstancias personales y sociales en el inicio del embarazo, y no quiere tener un hijo en ese momento de su vida. Las razones por las cuales una mujer no quiere continuar un embarazo constituyen una problemática compleja y equívoca donde se intersectan, refuerzan, contradicen y anulan motivaciones conscientes e inconscientes, individuales y familiares, sociales y culturales.

"Yo todavía no quería, pero si viene... viene. Yo no sé si quería seguir ese embarazo, si no lo esperaba, pero no pensé nada para hacerlo, me daba miedo."

"Me puse mal porque pensaba en mi mamá y papá, porque no estaba casada y era de cinco meses y no se podía hacer nada; aparte yo no quería hacerme nada, pero cuando me enteré si quise seguir."


"Yo ya tenía chicos grandes y no teníamos condiciones económicas buenas. Tuve mucha sorpresa, me parecía mentira, pero después me alegré muchísimo; no sé si quería seguirlo, no quería creerlo, no me convencía, casi no quería pensarlo... pero no hice nada."

"Mi primera reacción fue negativa porque no quería tan pronto; después ya me acostumbré y me puse contenta. No quería seguir con el embarazo, tomé unas pastillas, pero después quise seguir y dejé de tomar y consulté con un médico para asegurarme de que esas tomas no le traerían problemas al chiquito."

"Mi reacción fue normal, no lo buscábamos ni lo dejábamos de buscar."

"Yo fui a un particular para hacerme alguna cosa, pero mi marido no quería que lo hiciera, pero yo vi que era muy chiquitita la otra nena, pero él se puso firme... yo no quería seguir, fui a un médico de Podestá, me dijo que estaba embarazada y que cobraba 350; cuando le dije a mi marido me dijo ¡vos no te hacés!, lo hubiéramos podido pagar pero él no quiso que me lo hiciera, hasta ahora sigue diciendo, si vos quedás, ¡todos los que vengan!"

"Me puse un poco nerviosa, me sentía muy mal; al principio no quería pero después si quise, y mucho..."

Frente a un embarazo que no se quiere continuar, el aborto es la única alternativa eficaz. Pero en tanto éste comporta costos emocionales y sociales, la decisión de abortar no siempre se toma.

Por esto es necesario distinguir entre intentos de aborto y abortos efectivos. Los intentos de aborto por lo general se dan a través de intervenciones menores con las cuales se procura interrumpir el embarazo: uso de hierbas o duchas vaginales, ingesta de píldoras, aplicación de inyecciones de regularización menstrual, traumas autoprovocados y preparados abortivos. Muchas veces estos intentos, lejos de cumplir con el propósito para el cual son ensayados, son totalmente neutros o inocuos o bien acarrean lesiones sin producir necesariamente el desprendimiento del huevo. Los abortos efectivos habitualmente implican intervenciones mayores en las que se utilizan medios quirúrgicos, como el catéter o la sonda, la dilatación o el curetaje o la aspiración.

Las mujeres entrevistadas refirieron haber llevado a cabo los dos tipos de intervenciones. Respecto de los abortos efectivos dijimos anteriormente que de las 121 mujeres de la muestra, 36 habían abortado al menos una vez. Entre los motivos invocados para fundamentar la decisión de abortar, prevalecieron los problemas en la relación conyugal, las condiciones de vida y la falta de apoyo. Sólo en dos casos fueron esgrimidas razones de salud (cesáreas muy próximas).

"Tenía muchos problemas con mi marido y con mi suegra; no tenía casa propia y todo nos iba mal... ya uno sufría escuchando discutir a los padres, para qué otro más..."

"Yo veía que no íbamos a seguir con mi marido, asi que... qué iba a ser de él, quién lo iba a mantener..."

"Todavía no podíamos casarnos, no estábamos muy seguros... y además no teníamos medios económicos para hacerlo..."

"El muchacho no quería saber de nada, qué iba a hacer yo..."


"Yo estaba sola, nadie respondía por ese embarazo, ya no podía mantener a otro más... era muy difícil sobrellevar aquella situación de soledad..."

En cuanto a los intentos de aborto, se registraron 15 casos (una de las mujeres lo intentó con dos embarazos). El procedimiento más empleado fue la inyección.


"Me puse varias inyecciones que me dieron en la farmacia, pero ya no me hicieron nada... y a otra cosa no me animé."

"Consulté con un médico particular y además en una clínica. No me quisieron hacer nada por proceso infeccioso, porque era peligroso. Volví al médico particular y me sacó un DIU, intentando un aborto, pero tampoco funcionó, a pesar de eso..."

"Me dí una sola inyección y no me hizo nada; en otra consulta, me sugirieron un raspado pero no quise, y mi marido tampoco quiso."

A los abortos efectivos y a los intentos de aborto podemos agregar los casos en los que las mujeres pensaron interrumpir el embarazo, pero sin realizar ninguna acción conducente a ese fin. Tendremos así una idea de la incidencia de embarazos no queridos en la población del estudio: hubo también 23 mujeres que frente a la evidencia de 25 embarazos (una de ellas pensó en interrumpir cada uno de sus tres embarazos) consideraron la posibilidad de abortar. En síntesis, de los 349 embarazos que tuvo la población entrevistada, 49 terminaron en aborto y 41 fueron no queridos. De éstos, en 16 casos se intentó un aborto incruento y en otros 25 sólo se pensó en la posibilidad de abortar sin que finalmente se adoptara conducta alguna. El 25,8% de los embarazos de las mujeres del estudio fueron embarazos no queridos.

La disponibilidad de recursos materiales, sociales y afectivos con los cuales las mujeres afrontaron la decisión y la realización del aborto, y el manejo que hicieron de estos recursos no fueron homogéneos.

Partimos de la suposición de que era probablemente dentro del círculo familiar femenino donde básicamente se procesaban las decisiones sobre aborto, y la información recogida avaló muy parcialmente esta idea. En 19 casos de abortos provocados contamos con datos acerca de las personas con quienes conversó la entrevistada sobre la posibilidad de interrumpir el embarazo. En cinco casos, la mujer lo hizo solamente con la pareja (novio o marido), en cuatro solamente con otras mujeres (madre, hermana, cuñada, amiga) y en los 10 restantes con la pareja y otras mujeres. La consulta con la pareja apareció como una conducta extendida en las mujeres del estudio.

Obviamente, el papel del marido en las decisiones de aborto no puede ser aislado del papel que éste juega también en relación al comportamiento frente a la regulación de la fecundidad, y más específimente frente al futuro de cualquier embarazo, tenga o no la mujer la intención -o la duda- de abortar. Si analizamos las respuestas de las mujeres frente a la pregunta ¿cuál fue su reacción cuando se dió cuenta que estaba embarazada?, observamos sistemáticamente dos alternativas típicas de respuesta:

"Estabamos muy contentos los dos, aunque no lo buscábamos, como era el primero... fue bien recibido."

"Yo no lo esperaba, no lo esperaba... me puse nerviosa, lloraba, no sabía qué hacer... después de tanto tiempo y con tantas dificultades económicas, yo no sabía qué hacer. Pero mi marido sí sabia, él si quería... pensando que tal vez ahora tenía el varón... él dijo que sí..."

El primer tipo de respuesta, más allá del hecho de que ese hijo haya sido buscado o no buscado o de que fuese el primero o el segundo, no ofrece más comentarios que su propia elocuencia: el conflicto se minimiza porque hay concordancia entre los miembros de la pareja acerca de continuar con el embarazo. En cuanto al segundo testimonio, al igual que otros tantos muestra claramente que, dado un sentimiento de ambivalencia o de rechazo de un embarazo por parte de la mujer (que aparece con un estado emocional típicamente femenino), la opinión y actitud del compañero resultan piezas claves para cualquier decisión.

 

LOS PROBLEMAS DE REGISTRO Y MEDICION DEL ABORTO

Las fuentes de información con las que virtualmente se puede contar en paises como el nuestro, donde no existen registros de abortos, son tres: los registros hospitalarios, los certificados de defunción y las encuestas retrospectivas. Los primeros contabilizan el número de mujeres que se interna en un establecimiento médico por complicaciones derivadas de un aborto, y el número de éstas que fallece por esa causa, en un período determinado, posibilitan la estimación de la incidencia mínima de la mortalidad por aborto, y el cálculo de los costos públicos del aborto ilegal. Entre las limitaciones propias de esta fuente de información, son las más importantes la inexactitud característica de los registros públicos y la selectividad de las mujeres que recurren a centros asistenciales públicos.

Los certificados de defunción también permiten estimar un mínimo de incidencia de la mortalidad por complicaciones derivadas del aborto. Las defunciones por esta causa se añaden al cálculo de la mortalidad materna y generalmente están expuestas a un serio problema de subregistro en virtud del carácter delictivo que la práctica del aborto tiene asignado en la legislación. En la Argentina, las tablas de mortalidad son el único registro continuo y de amplia cobertura que existe sobre el aborto.

Las encuestas retrospectivas permiten seleccionar muestras representativas de una población mayor que se quiere diagnosticar. En este sentido parecen ser la fuente de información que más adecuadamente se ajusta a los requerimientos de una buena estimación de la incidencia del aborto. Pero aun así no dejan de tener limitaciones: en particular, el problema del relevamiento de información confiable, y las dificultades para comparar estas encuestas debido a problemas de diseño de la muestra y de técnicas de relevamiento de información.

El problema de la confiabilidad en el relevamiento de información sobre aborto inducido es quizás el más complejo. En tanto la mayoría de los relevamientos sobre ocurrencias de abortos provocados se producen en el marco de encuestas cara a cara y de carácter retrospectivo, la sinceridad y la memoria influyen considerablemente en la validez de las declaraciones. La sinceridad, como es sabido, interviene particularmente cuando se investiga un tema como el aborto inducido, fuertemente connotado por la sanción social -y legal-. En este contexto, muchas mujeres niegan abortos a pesar de haberse provocado uno o varios. Estos "falsos negativos" existen en todas las encuestas y son muy difíciles de estimar. Pero también hay mujeres que declaran haber tenido abortos que no fueron tales: esos "falsos positivos" no carecen de sinceridad, pero confunden atrasos menstruales con embarazos.

La memoria distorsiona más el número de abortos experimentado por una mujer, particularmente si éste ha sido elevado, que la declaración sobre si alguna vez tuvo un aborto, pues éste es un hecho que no se puede olvidar con facilidad aunque se haya presentado una sola vez en la vida.

La cuestión de cómo calcular la incidencia del aborto está estrechamente relacionada con la cantidad y calidad de información disponible. En principio conviene subrayar que no existe ningún método confiable que haya sido suficientemente probado para estimar -a un costo razonable- la incidencia del aborto y su relación con los riesgos para la salud de la mujer. El aborto es generalmente medido por medio de tasas -que relacionan el número de abortos con la población femenina- y de proporciones -que relacionan el número de abortos con otra serie de episodios reproductivos, como los nacimientos o los embarazos-. La tasa de abortos por 100 mujeres permite evaluar la prevalencia de mujeres con historias de abortos en un momento, dentro de una cohorte, un grupo específico de mujeres, o en el total de población femenina en edad fértil. La proporción de abortos en 100 embarazos indica la práctica del aborto en las mujeres expuestas al riesgo de abortar, esto es, en las embarazadas. Mide claramente el riesgo de abortar en el universo donde puede objetivamente ocurrir este fenómeno.

El aborto es generalmente medido en relación con el tiempo de ocurrencia que se tome en consideración. De allí la diferencia entre incidencia y prevalencia. La primera responde a una medición acumulativa que contabiliza los episodios de abortos a lo largo de la vida reproductiva -parcial o total-de una muestra de mujeres. La prevalencia mide la magnitud del fenómeno del aborto en un período breve, que en general es de un año.

 

Indice Siguiente